Medicina Natural

Consultorio de Medicina Alternativa con Recetas

El futuro de los guerreros biomédicos: una novela para convertir el sueño en realidad

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Guerreros biomédicosEn la novela futurista que a continuación presentaré, las palabras que he puesto en boca de mis personajes, llevan implícito el conocimiento que extraje tanto de la literatura biomédica, como de los casos reales que he presentado y citado en todos los artículos (entradas) anteriores. El saber de qué están hechas todas esas “madres guerreras”, es esencial para entender y abordar mejor el problema. Tanto los acontecimientos como los diálogos, llevan consigo información fidedigna sobre las sustancias que los investigadores biomédicos recomiendan; sobre el papel que desempeñan en los trastornos mentales, la industria de los alimentos procesados, los centros hospitalarios, la industria farmacéutica, las vacunas y las neurotoxinas (mercurio y otros metales pesados); así como sobre las actitudes que muchos detractores de bata blanca adoptan frente a la medicina alternativa, las vitaminas, los minerales y las dietas libres de caseína (lácteos), gluten (trigo, cebada, avena, espelta y centeno) y azúcar.

La proyección futurista de lo que será nuestro sistema de salud pretende trascender más allá de lo que somos capaces de hacer por nuestros propios hijos, a fin de cambiarle el rumbo al destino. Para ello, podríamos comenzar a pensar y actuar desde hoy como si estuviéramos en los zapatos de los personajes de la novela.
Lo invito entonces a que, al final de esta entrada y a través de sus comentarios, nos diga cómo le gustaría que se desenvolviera la trama de los “Guerreros Biomédicos”, o qué padecimientos querría que se trataran en los siguientes capítulos. Como nuestro seguidor, e-paciente, guerrero biomédico, o simplemente como lector, usted podrá sugerir nuevos personajes, darle un giro a la narrativa y/o modificar su desenlace, para hacer de ésta una novela colaborativa, incluyente.

novela sobre biomedicinaCon este nuevo enfoque, deseamos que usted también trascienda más allá de sus propias dolencias o de su entorno familiar, a través de los personajes y de los acontecimientos que a usted mismo se le ocurran. Queremos que contribuya a que la novela (el sueño) se haga realidad, construyendo su propio destino y formando parte del cambio como coautor de los Guerreros Biomédicos.
Como es costumbre, “cualquier semejanza que encuentre entre los personajes que aquí presento y los que usted conoce en la vida real, será una mera coincidencia”…


 

GUERREROS BIOMÉDICOS

© 2015 por Sergio López González
Fundación MicroMédix
Derechos reservados

Capítulo I. Una Pequeña Guerrera en el CAP

hospitalEn el “Centro de Atención de Pacientes” (CAP) del Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de Todos Los Santos, mejor conocido como “El Hospitalote”, varios agentes habilitados con tabletas electrónicas del tamaño de una tarjeta de crédito, se afanaban tratando de captar clientes para el grupo de médicos especialistas en trastornos de la personalidad, entre los que figuraban “el “Síndrome de Mirada Glacial (SMG)”, “el Trastorno de Agresividad Mal Canalizada” (TAMC), el ” Trastorno Generalizado del Desarrollo” (TGD) y el “Síndrome de Graduado Frustrado” (SGF), siendo éste último, el más reciente de los términos acuñados por la Asociación Americana de Psiquiatría, en la versión DSM-XV, de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Y es que no era para menos. Era imposible para los recién egresados de cualquier carrera que no fuera la de Biomedicina, encontrar un empleo digno que satisficiera sus necesidades básicas.

Solo eran doce de un total de veinticinco agentes los que ingresaban a las redes sociales de Salud 5.0 en ese horario, porque  los negocios del Dr. Perón, especialista en TGD y  Director General del “Hospitalote”, no iban muy bien desde que la Asociación de Padres de Niños Autistas (APNA), había emprendido su último movimiento en contra de la medicación con fármacos y del consumo de alimentos procesados.

Las vacantes para médicos alópatas de guerreros biomédicos: padres en acciónmuchos centros hospitalarios habían descendido también considerablemente, porque los miembros de la APNA, a quienes todo mundo llamaba guerreros biomédicos, estaban curando a muchos niños autistas, empleando únicamente sustancias ortomoleculares (nutrientes en dosis terapéuticas) que no requerían de receta médica. Desde hacía un sexenio atrás, varios padres estudiosos de los efectos colaterales que los fármacos y los alimentos procesados ocasionaban a la población infantil, habían difundido la noticia de que algunos de sus hijos habían sido intoxicados por el mercurio.

Las vacunas que por decreto presidencial, se les había aplicado al año y tres meses de haber venido al mundo, contenían mercurio. Otros padres también habían encontrado niveles altos de otros metales pesados en los cerebros de sus hijos, y estaban investigando si XFastFood, una nueva cadena de restaurantes de comidas extra-rápidas, propiedad de uno de los hijos del presidente, podría ser la culpable de que sus hijos estuvieran enfermando.

Mientras otros agentes intentaban convencer a sus respectivos prospectos de que el CAP les podía brindar ayuda para tratar el TGD que estaban padeciendo sus hijos, Marichu, en un tono que reflejaba hartazgo y cansancio, se dirigió al primer compañero que no parecía estar conversando en ese momento, le arrebató la tableta de su mano y le espetó:

– oye Felipe, porqué diantres no me dijiste que a estos médicos ya nadie los quiere?
– ¡Oye, que te pasa!… ¿No me dijiste que querías trabajar? – y después de una pausa que necesitó para percatarse de que no tenía que gritar, continuó- Yo tampoco creo que la gente esté pidiendo a gritos un médico para aplacar a sus Centro de Atención a Pacienteshijos; pero si de veras quieres captar clientes para que tengas que tragar en la semana, sería mejor que te pusieras a trabajar.
– a ver a ver a ver -insistió Marichu-, ¿de veras crees que un Riptalin o un Riperdal es la mejor opción para un niño que es incapaz de comunicarle a los demás que eso lo pone peor? Lo más que vas a lograr es que comience a dar vueltas sin parar alrededor de una columna, o que comience a gritar sin ton ni son, aferrándose al primer juguete que tenga a su alcance.
– No es lo que yo crea o deje de creer Marichu, es lo que tú le hagas creer a tu cliente.
– ¡Orale Jelipe!, si que estas aleccionado eh?… Y si se tratara de tu hijo o de un hermano, ¿que te gustaría hacerle creer?
– Bueno, no, eso ya es otra cosa… ¿ pero es que tu tienes un hijo o un hermano autista?, o a qué viene todo esto? Ya hasta pareces una guerrera biomédica. Que se me hace que los de la APNA te enviaron como infiltrada. Que no.

Felipe era del norte del país y había ido a la capital para ganarse el sustento trabajando en lo suyo, las ventas. Sus padres habían trabajado siempre como comerciantes y a él no le quedaba duda de que si debía vender, tenía que hacerlo a toda costa. Desde su punto de vista, lo importante no era tanto cómo se hicieran las cosas, con tal de que se obtuvieran los resultados esperados.

Marichu por su parte, era hija de Tania, viuda de Loera, psicóloga especialista en terapia cognitiva y profesora de una escuela de nivel superior de la capital, y había sido educada con principios contrarios a los de Felipe.
A Marichu no le importaba tanto la meta, sino la manera en que se las tenía que arreglar para alcanzarla. Estaba convencida de que si el proceso se hacía bien, el resultado no podía ser malo. Como había conocido a Felipe siendo apenas una estudiante de prepa, sabía que eso que había insinuado sobre lo de ser una infiltrada, era solo para salirse por la tangente. Así que prosiguió con su “cuestionamiento socrático” para ver si lograba convencerlo de que lo que estaban haciendo para ese “Hospitalote”, no era del todo ético:

novela sobre medicina natural– Dime una cosa Jelipe, es verdad lo que me dijo “Lenticia” sobre aquello de que, estando trabajando en ProMental como visitador médico, le regalaste un VTP al Doctor Perón para convencerlo de que comenzara a recetar la porquería esa del Raptolín?
– Es Riptalin Marichu, -y tratando de que los que estaban a su alrededor lo escucharan lo suficiente como para que sus cabezas rodeadas de audifonos de diadema voltearan hacia su interlocutora, deletreó el nombre del medicamento como si estuviera hablando con un infante con poco vocabulario- : erre-i-pe-te-a-ele-i-ene, y se pronuncia Riptalín
– Bueno… total, da igual. – y sin quitar el dedo del renglón, enfatizó-: ¿lo hiciste, si o no?
– Pues si, ¿Y?

– ¿Alguna vez te has preguntado si los medicamentos que estamos vendiendo no se hicieron más bien para que esos niños no representen una gran carga para sus papás?.
Felipe comenzaba a sentirse incómodo por el tipo de preguntas que estaba haciendo aquella que decía ser su amiga, y a quien había recomendado para unirse al equipo de trabajo del CAP del “Hospitalote”.
– ¿Qué me estas tratando de decir Marichu?. -Y ya un tanto molesto-, la enfrentó: ¿que quieres, que el CAP te pague para que vendas vitamina B6 y magnesio, cuando ya sabemos que eso no es negocio para ProMental?. Y al cerrar su oración con el nombre del laboratorio farmacéutico en donde había trabajado años atrás, su voz comenzó a adquirir un tono que acusaba contrariedad, y todo parecía estar sucediendo como cuando dos cónyuges se preparan para entrar en disputa. Marichu, contrariada también por lo que recién le había entrado por un oído y le había salido por el otro sin haber sido procesado, contraatacó:

Fármacos: negocio redondo– Como yo lo veo, los laboratorios no difieren mucho de cualquier otro negocio que busca que su producto venda más bien un intangible que un beneficio. Lo que estoy tratando de que entiendas es de que estamos siendo cómplices de una industria que está lucrando con productos que en realidad no están curando a nadie. En cierta forma, están drogando a esos niños, dejándolos casi hipnotizados, para que no hablen, no griten, no se muevan…en fin, para que sus papás puedan seguir haciendo su vida normal, sin que los medicados niños interfieran con sus quehaceres.
-Ay Marichu, si serás… ¿Crees tú, que si eso fuera cierto, los papás no se darían cuenta de que los están engañando?
-Algunos sí; pero todavía hay quienes siguen adorando a los médicos, como lo hacían hace 20 años. -Y mientras miraba a la pantalla flexible que en ese momento colgaba de su tripié, como buscando algo, Marichu prosiguió- Una vez, mi abuelita me dijo que la gente los veía como CuasiDioses. Les rendían tanta pleitesía, que en una ocasión fue testigo de cómo el efecto placebo actuó en una vecina suya, cuando poco antes de salir de la consulta, le dijo a su CuasiDios que ya su niña respiraba mejor, que ya su pechito ya no le silbaba, gracias a los medicamentos que él le había dado. ¡Puedes creer eso!
-Pues sí, los médicos saben bien cómo producir ese efecto en sus pacientes; ¿pero que tiene que ver tu abuelita y la niña de su vecina con nuestros clientes?.- Inquirió Felipe al borde de la desesperación.
-Pues mucho, porque eso mismo es lo que estamos haciendo aquí, al intentar convencer a los padres de que el Hospitalote sí cuenta con el último grito de la medicina moderna.
Personaje de la novela de MicroMédix

De pronto, Felipe se dió cuenta de que Fernando Rubio, su supervisor, se aproximaba hacia ellos porque parecía que se había dado cuenta de que él y Marichu no estaban contactando clientes, y mientras hacía como que trabajaba, le contestó a Marichu:
-Pues eso es lo que te estaba diciendo hace rato Marichu, de que no importa mucho lo que tú y yo creamos, sino lo que les hagamos creer a ellos. Llámale efecto placebo, mercadotecnia, plan con maña, o como quieras. Y aguas que ahí viene el inge. Seguro ya nos vió que estamos echándola.
– va que va…alcanzó a decir Marichu, apenas llegó su supervisor:
-Pues que está pasando aquí que desde hace rato oigo mucho ruido y pocas nueces, mi buen Felipe?
– perdón inge, es que Marichu me estaba comentando que no sabía que recomendarle a un cliente que tiene un hijo con esquizofrenia y le estaba diciendo que de entrada debía haberle vendido una consulta con el Dr. Cuarón.
– Y para eso tanto palique?-, preguntó Rubio
– Bueno, es que… sabe, ella es nueva aquí y todavía no conoce bien nuestras tácticas.,- dijo Felipe
– Y que tiene que ver el magnesio y la vitamina B6 con la esquizofrenia, ¿Que no sabe usted Misifú, que…; pero la interrumpió Marichu para corregirle, al tiempo que se incorporaba de su asiento:
– Permítame que me presente ingeniero, me llamo María de Jesús Loera. Perdóne usted, no era mi intención interrumpirle, este… que es lo que me iba a sugerir?
-Ah si, -contestó un poco sorprendido Rubio-, le iba a decir que lo que normalmente recetamos para la esquizofrenia es Olanpazina. Con eso salen adelante todos esos “superpeques”.
– Que esa medicina no se llamaba antes Olanzapina? – respondió escépticamente Marichu a su supervisor
-Ah sí, tiene usted razón, es la misma; pero…que no se enteró?. -y antes de que Marichu pudiera contestar nada, fármacos: efectos secundarioscontinuó- Pues sucedió, que una vez que los muchachos comenzaban a sentir los efectos secundarios de la fórmula, ya no se la querían tomar, y como los papás batallaban mucho con eso, la endulzamos para disfrazar su desagradable sabor y la hicimos polvo para que al disolverla en algún líquido, sus hijos no se dieran cuenta de que la seguían tomando. ¿Genial no?
Hubo una pausa embarazosa entre los tres, tanto por lo que Marichu y Felipe habían estado conversando minutos antes de esta disertación tan cruda, como por las implicaciones de su retórica. Marichu de hecho se había quedado estupefacta, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Años atrás, su madre y ella habían sacado del abismo de la esquizofrenia a su hermano Rogelio, quien después de haber estado hospitalizado en una ciudad de California, había suspendido abruptamente la ingesta de olanzapina, sin estar al tanto de que con ello, estaba contribuyendo a provocar una tempestad en su joven cerebro.

Su madre era una guerrera biomédica, graduada en la escuela de la vida, y ella, Marichu, pensaba -y era lo que solía decir cuando alguien le preguntaba sobre la carrera que estaba estudiando-: “yo estoy en parbulitos”.
– Marichu, -le habló Felipe a la que se había quedado cabizbaja
Primera llamada
– Marichu, insistió Felipe para que su supervisor no fuera a sentir que su comentario había herido susceptibilidades.
Segunda llamada
-Marichu- Y fué entonces cuando por fin Marichu volvió al aquí y al ahora.
– Perdón, es que me quedé impresionada con su comentario.
– ¿Ah sí, y se puede saber porqué? – dijo Rubio.
– Porque no podía entender porqué unos padres engañarían a sus hijos de esa manera.
– Es una “mentirita” blanca y es por su bien. No lo cree usted así Srita. Loera?
– Para serle franca no. Usted y yo sabemos bien que la olanzapina, o como se llame ahora esa droga, solo controla los síntomas; pero jamás los va a sacar de su alcantarilla. ¿Me explico?
– ¿ Y conoce usted algo que sí los saqué de ahí? -preguntó Rubio
– Sí. Los suplementos ortomoleculares. En la escuela donde da clases mi mamá hay practicantes que con niacina, vitamina C, proteína de suero de leche, ácido alfalipoico, ácidos grasos omega 3, Zinc y complejo B, han curado ya placebovarios enfermos de esquizofrenia.
– ¡Pero si el Dr. Perón siempre nos ha dicho que esas son puras pamplinas!. Que los que venden esas cosas son puros curanderos, que no saben nada de medicina y que si ha habido casos de éxito, habrán sido por puro efecto placebo.
Marichu vió una excelente oportunidad para practicar lo que su mamá le había enseñado sobre el cuestionamiento socrático, y la aprovechó:
– Ingeniero Rubio, usted es una persona preparada y después de haber estado trabajando en el negocio de la psiquiatría seguramente me podrá decir si una persona con esquizofrenia puede distinguir entre lo que es real y lo que sus demonios internos le dicen. ¿Usted cree que pueda saber la diferencia?
– Por supuesto que no, -contestó Rubio muy sosegado
– ¿Y cree usted que ese misma persona sepa la diferencia entre una olanzapina y una niacina?
– Si está escuchando voces, pasando por un ataque de angustia o algo por el estilo, por descontado que no sabe
– ¿Y usted sabe que cosa es eso del placebo?

personaje de la novela guerreros biomédicosAl ingeniero Rubio le divertían esos temas, así que ni tardo ni perezoso se apresuró a decir:
– Ah claro, el efecto placebo se da cuando una persona tiene la firme convicción de que una pastilla por ejemplo, la va a curar, aunque dicha pastilla no sea más que de azúcar.
Felipe ya se había puesto a trabajar porque para él, todo eso era estar sacrificando su cuota de venta y eso no se lo podía permitir. Marichu continuó con su planteamiento socrático:
– Quiero suponer que estará usted de acuerdo en que a esa persona no se le dice que esa pastilla es de azúcar, sino que se le ha hecho creer que es la octava maravilla del mundo.
– Desde luego que sí, si no fuera así, el efecto placebo no surtiría efecto, es decir, nadie se curaría si supiera de antemano que lo que está tomando es azúcar. De hecho, eso es lo que hace nuestro departamento de mercadotecnia y publicidad: difundir por todos los medios posibles y por todas las redes sociales habidas y por haber, que  la nueva droga que hemos sacado al mercado, es como una coca-cola en el desierto y que además, ya no ocasiona los efectos secundarios que sus antecesoras producían.
Marichu se dispuso a actuar muy al estilo del teniente Columbo, e inspirándose en el protagonista de esa antiquísima serie de televisión muy característica del siglo XX, arremetió con la mejor de todas sus preguntas:
– Pero si el paciente esquizoide no puede distinguir entre niacina y olanzapina, ¿cómo explicaría usted en este caso el efecto placebo?. ¿Podría este paciente aliviarse aún sin conocer la diferencia entre fantasía y realidad?. ¿Podría él reconocer que ya mejoró porque estuvo tomando niacina y no otra cosa?
– El supervisor no supo que decir de momento, porque Marichú lo tenía acorralado en un callejón sin salida. <¿será que los patos le están tirando a las escopetas o que los patos andan volando muy alto…?>, se preguntó Rubio, mientras volteaba a uno y otro lado del CAP, como para disimular lo embarazoso de la situación. Segundos después, aparentando estar de buen humor, se aproximó un poco más al oído de Marichú y tomándola del brazo, contestó:
– Mire, que le parece si regresamos a nuestros respectivos puestos de trabajo y nos ponemos las pilas, antes de que los pocos clientes que nos quedan se nos vayan con los guerreros vitaminosos.

Guerreros biomédicos: novelaMarichu se echó a reír por la forma en que lo dijo. Rubio, que no podía hacer nada más que atender al prospecto que había contactado vía PacientMeet, la red pública de Salud 5.0 más popular de todas las que habían surgido durante ese año de 2034, blandió su brazo para indicarle que quería verlo tan pronto se desocupara. Pensando que tal vez no hubiera entendido su mensaje, volteó nuevamente hacia donde estaba Marichu, tan solo para encontrarse con un escritorio vacío. Calculando que ella podría haber ido al sanitario, sacó una pluma electrónica y un trozo de lienzo digital de su impecable saco azul y escribió en el lienzo: “necesito que hablemos sobre la pequeña guerrera”. Se aproximó a Felipe, puso el mensaje entre los brazos de éste y se retiró sin más.

Al poco rato, reapareció Marichú un poco más arreglada de como había estado durante su encuentro con el ingeniero Rubio, se sentó en su escritorio y encontró un mensaje escrito en el mismo pedazo de lienzo digital que había usado el supervisor, en el que pudo leer: “¿Ya ves?, Rubio me está diciendo que quiere hablar conmigo, y me imagino que ha de ser porque le dijiste algo que no le gustó. Conéctate a Amalgama-T para que me digas que diantres le dijiste… Felipe”.

Amalgama-T era una red social privada que el Departamento de Sistemas Avanzados del “Hospitalote” había generado con un software del tipo Open Source (sistema abierto para desarrollo), con el que se podía hacer precisamente eso: configurar una red social en unas cuantas horas, para que grupos cerrados de empleados de una compañía o institución, pudieran conectarse entre sí, sin que sus asuntos pudieran ser conocidos por los demás grupos dentro de esa misma organización. Para ese año, el correo electrónico, el fax, las impresoras de copias duras y los documentos escritos en papel, se habían vuelto obsoletos. Todas las comunicaciones se llevaban a cabo electrónicamente, vía redes colaborativas y mensajes escritos con plumas electrónicas sobre lienzos digitales. De hecho, existían multas para quienes usando impresoras antiguas, se atrevieran a imprimir en algún papel que hubieran tenido la suerte de personaje de guerreros biomédicosconseguir subrepticiamente. Como Felipe temía que Rubio los sorprendiera platicando nuevamente, y puesto que él era de las personas que no podía continuar trabajando con altas dosis de incertidumbre, quería enterarse sobre lo que podía haberle dicho a Rubio, aquella pequeña guerrera recién salida del cascarón.
Marichu acercó sus delicadas manos de pianista sobre el teclado que yacía extendido en su escritorio, y sin más preámbulos se conectó a Amalgama-T para buscar a Felipe, que se encontraba a escasos tres metros de distancia. Había entendido que ya no podían seguir platicando como lo habían estado haciendo minutos antes y de manera muy discreta y sigilosa, se metió a Amalgama-T, hizo clic en “conectar con…”, buscó en el directorio de contactos y cuando encontró Barbosa González Felipe, se detuvo y pulsó con su ratón para ingresar su primer mensaje:

– ¿Que pasó, ya estás?
– Simón. Que pasó contigo escuincla. Porqué me andas metiendo en broncas? – le contestó Felipe, que ya se había conectado desde hacía diez minutos
– ¿Cuáles broncas?, no seas paranoico. No pasó nada
– Ya no supe en que paró el asunto del magnesio y la B6 porque estaba tratando de cerrar la venta de una intervención para el Dr. Perón.- tecleó Felipe
descargar– Una intervención?.  ¿Para quién?…No entiendo
– Para tu información, los doctores operan a la gente y cobran como lumbre por cada intervención quirúrgica que se revientan. ¿Y adivina quién se lleva comisión por cada operación…?- volvió a teclear Felipe
– Pues el agente. O sea, tú
– Si quisieras, tu también podrías ganarte una lana vendiendo cirugías, si fueras más realista y menos conflictiva
– ¿Y porqué habría de venderle a unos pobres padres una operación si su hijo no la necesita?
– Otra vez la burra el trigo caray. Contigo no se puede – continuó Felipe, porque consideró que ya era hora de que alguien le dijera a esa muchachita que no era ni el momento ni el lugar adecuados para promover el uso de suplementos biomédicos.

En otro tiempo, Felipe ya se había dedicado a vender vitaminas, minerales, nootrópicos naturales y otras sustancias ortomoleculares, y aunque ya sabía que eran más efectivos que los fármacos y las cirugías, no podía continuar vendiéndolas porque no redituaban lo suficiente. A él, al igual que a sus padres, le gustaba darse ciertos lujos y sabía que no podía permitírselos si se dedicaba de lleno a promover productos biomédicos. Si bien había muchos guerreros biomédicos por ahí, la tasa de morbilidad por autismo y otros trastornos mentales que ocasionaban la industria farmacéutica y alimentaria, incluyendo la de las cadenas de restaurantes de comida extra-rápida, era tan alta que había bastante mercado que explotar para apañárselas. Tan solo la tasa de morbilidad por autismo en ese año había alcanzado la alarmante cifra de un niño autista por cada 20 nacimientos, de manera que cada niño que nacía, tenía una probabilidad de desarrollar ese trastorno entre los 12 y los 18 meses de nacido, de aproximadamente 5.5%. Las parejas ya no solían casarse protocolariamente como lo hacían todavía en las primeras décadas del siglo, y si llegaban a tener hijos, por la razón que fuera, se sabía que de cada 20 nacimientos que se registraran, uno de ellos iba a desarrollar autismo tarde o temprano, típicamente a los 15 meses, que coincidía con la edad a la que el sistema
de salud vigente obligaba a los  padres a vacunar a sus hijos.

CRACKEl presidente “electo” y ex-ídolo de la selección nacional de fútbol, había tomado las riendas de la nación y se había reelegido en cuatro ocasiones, pues el pueblo había dejado de votar al verse sometido por el poder que 20 años atrás, ese mismo “jugadorazo” había ejercido sobre la “hinchada”. Su predominio y riqueza material estaba en relación inversa con su riqueza cultural y espiritual, a juzgar por el número de libros que había leído a lo largo de su vida. Quizás a eso se debiera el que nunca tuviera ni la más remota idea de qué debía hacerse en materia de salud, ni en ninguna otra área. Puesto que los intereses creados por su partido debían ser afines a los que perseguían tanto la industria farmacéutica como las escuelas de medicina del país, todas las propuestas relacionadas con la salud que provenían de esas dos organizaciones eran invariablemente aprobadas por las dos cámaras legisladoras de su gobierno, de manera que los padres que tenían la mala fortuna de procrear un hijo con un sistema inmune deprimido, y que por lo tanto era propenso a desarrollar trastornos como el autismo, tenían que unirse y formar grupos para luchar contra todas las arbitrariedades y aberraciones del gobierno al que estaban sometidos.

A esos grupos de padres que se organizaban para curar de autismo y de otros trastornos nerviosos a sus propios hijos, todo el mundo los empezó a llamar “guerreros biomédicos”, una evolución natural de lo que a principios del siglo XXI se llegó a conocer como e-pacientes. Algunos intelectuales e historiadores contemporáneos al  CRACK , que era como todo el pueblo llamaba a este antiguo as del fútbol, escribían en los wikiperiódicos de la web 5.0, que comprendían hasta cierto punto el hecho de que sus padres y abuelos hubieran sido gobernados por antiguas estrellas de cine y televisión; pero que ahora les parecía absurdo que un ex-futbolista estuviera gobernando su país. En varios de sus artículos, hacían alusión a los comentarios que alguna vez hicieron en el año 2012, algunos conductores de la cadena de televisión más influyente del país, a propósito de que el acto de leer era completamente irrelevante a la hora de gobernar. Al RojoBlanco, uno de los escritores más sarcásticos y prolíficos de la década de los dos mil veinte, llegó a escribir que era como si la conductora en turno hubiera estado inyectando conjuros en su micrófono (bola) de cristal.

la novela continúaFelipe se dio cuenta de que Marichu estaba divagando, o al menos así lo consideró él, y trató de regresar al meollo del asunto que lo mantenía en suspenso; así que, aunque ya Marichu había enviado otros tantos caracteres cargados de quien sabe qué, seguido de un momento de reflexión, tecleó:
– A ver, vamos al grano, ¿ Qué le dijiste a Rubio para que ahora quiera hablar conmigo con tanto misterio?
– Que era un tarado al que le quedaba grande el puesto que tenía- tecleó Marichu como si fuera una máquina
– ¡ QUE QUE !. NO LA
– SI LA… JajajajajajajajajaJAJAJAJA -escribió Marichu riéndose
– Que burra eres, dime de una vez
– Está bien, ya, no te esponjes. Yo no hice nada. El nada más no supo que contestar cuando le demostré con un par de preguntas que le hice, que el Dr. Perón se equivoca al decir que, si los enfermos de esquizofrenia se alivian con niacina, vitamina C y otros suplementos, es gracias al efecto placebo y no a las sustancias ortomoleculares.
– Y cómo lo tomó.
– Pues comenzó a voltear para todos lados como para saber si los demás se habían dado cuenta que le estaba dando jaque mate.
– ¿Y sí se dieron cuenta los demás de que te estabas pasando de tueste?
– Ay pues no sé.
La novela continúa– Mugre Marichu, ya la regaste escuincla, este cuate seguro va ir a quejarse de ti con Perón . -y después de una pausa que a Marichu le pareció eterna- prosiguió: ¿Sabes qué?, que creo que ya te hiciste de un enemigo para toda la vida y se llama Rubio. Se me hace que de una vez voy a hablar con él antes de que la cosa se ponga más fea. – Marichu se apresuró a preguntar con su brillante teclado amarillo
– ¿Crees que me despida Perón si se entera?
– No sé. Bueno ya me voy. Tengo que hablar con Rubio antes de que vaya con el chisme.
– Ok, Bye -tecleó Marichu preocupada, y después de unos cuantos segundos de haber concedido a su mirada un viaje hacia la nada, se propuso captar al menos tres clientes en lo que quedaba de la tarde, para que en caso de que tuviera que rendir cuentas al Dr. Perón, pudiera tener algo con qué amortiguar su descontento.

La tarde comenzó a deslizarse sin mayores percances ni novedades, y Marichu no cejaba en su afán. Ya había podido concertar dos citas con el Dr. Cuarón, el especialista en esquizofrenia; pero quería seguir intentando para no dar lugar a una sola queja. De pronto, notó que en su pantalla plegable había aparecido una nueva entrada que decía: “Me urge un(a) guerrero(a) biomédico(a) que me ayude con mi hija. Hace dos días que no habla y golpea su carita contra el suelo, gritando con desesperación. Ya no se que hacer, estoy desquiciada”. Marichu deslizó sus grandes ojos de obsidiana ligeramente hacia la izquierda de su pantalla, buscando los datos de contacto de esa angustiada madre y pulsó el vínculo que subrayaba el sobrenombre MariRod. Los detalles del anuncio se desplegaron en una nueva ventana en donde pudo leer:

Autismo

Marichu volteó a su alrededor para cerciorarse de que nadie la estuviera vigilando, tomó su tableta y marcó el ID de la tableta que en ese momento estaba desplegándose ante ella. Los demás agentes que anteriormente habían estado compartiendo con ella el espacio del CAP, se habían retirado. Solo había un afanador que se esmeraba en dejar el lugar como si éste fuera una sala de operaciones. Sus ojos negros y más que abiertos, iban y venían de un lado a otro, desde su tableta hacia la pantalla a la que estaba conectada, hasta que terminó de marcar los 17 números. Esperando a que la que contestara fuera MariRod, suspiró profundamente, mientras sentía que su corazón le palpitaba inusitadamente.

autismo: guerreros biomédicos-Bueno?- se oyó la voz de María Luisa Rodríguez en el auricular de Marichu, al unísono con unos gritos que la pequeña guerrera supuso, eran los de una víctima más de la pandemia del 34, que era el nombre que los guerreros biomédicos le habían dado al autismo.
– Si, buenas tardes señora, mire, habla Maria de Jesús Loera, vi su anuncio en la Internet y me gustaría ayudarla.
– Discúlpeme un momento por favor,- dijo la que había usado el sobrenombre de MariRod en PacientMeet para colocar su anuncio. Marichu esperó a que la joven mamá que estaba al otro lado de la línea, le pidiera a alguien que le ayudara con la pequeña niña que sostenía en sus brazos.
– ¿A ver, ahora sí, dígame señorita, que se le ofrecía?- alcanzó a decir ya más calmada
– Si señora, perdón, ¿es usted la mamá que está buscando una guerrera biomédica para que vea a su niña?
– Ah sí sí… aquí es, yo soy. Ay señorita, verá usted, estoy muy angustiada, porque mi hija Caro está teniendo unos ataques horribles a cada rato, y no sé que le está pasando porque ya no me mira como antes. Se la pasa caminando de un lado a otro del patio, repitiendo continuamente palabras que ni entiendo, que más bien son sonidos guturales que nunca antes le había escuchado. Ya casi no habla…y pues…- MariRod no pudo continuar con su explicación. Su voz comenzó a quebrarse y de pronto las palabras dejaron de fluir cuando se dio cuenta que el tiempo se había detenido. novelaSintió cómo su cuerpo se congelaba mientras sus frágiles y muy delgados dedos rodeaban la tableta que le estaba permitiendo desahogar la angustia que venía arrastrando desde hacía casi una semana. Cuando definitivamente ya no pudo más, emitió un gemido que Marichu pudo identificar claramente como un llanto ahogado, retenido, que MariRod pensó delataba una madre pusilánime. La perturbación la hizo estallar al recordar cómo no hacía mucho, su pequeña Caro le sostenía la mirada y jugaba con su pelo largo casi hasta la cintura. Pensó que una madre guerrera no debía flaquear así ante ninguna adversidad, y mucho menos estando de por medio la salud de su hija. Extrañaba su carita alegre de mirada diáfana y traviesa.
Marichu, también un poco consternada y tratando de serenarla, murmuró:
– Ay señora, antes que nada quiero que sepa que no está sola. Yo estoy con usted – y dándole tiempo a que se repusiera, esperó pacientemente para que MariRod supiera que ya había alguien escuchando su problema.
MariRod aclaró su garganta y una vez habiendo enjugado sus lágrimas, prosiguió:
– ¿Perdón, qué dijo usted, que no estoy sola?
– Hasta el momento, eso es lo único de lo que estoy segura. Mire, en seguida le voy a indicar cómo puede descargar una receta en la que encontrará toda la información de los suplementos biomédicos con los que su hija se sentirá mejor. Como usted no me conoce, me imagino que ha de estar pensando que necesita más referencias para estar segura de que a su su niña no le va a pasar nada. Así que si gusta, le puedo decir cómo ingresar a la página de la APNA, para que pueda descargar la receta que le acabo de mencionar. Ahí usted verá otros casos como el suyo y podrá comprobar la seriedad con la que esos padres están investigando cómo curar a sus propios hijos. Ellos van a estar encantados de ayudarla porque quieren que una vez que usted termine de curar a su niña, forme parte de la asociación. ¿Le parece bien que hagamos eso?.
– ¿Y eso cuánto cuesta señorita… como me dijo que se llamaba?
– Me llamo Maria de Jesús pero todos me dicen Marichu. Le voy a dar los datos de contacto de mi mamá para que sea ella la que la atienda personalmente. Ella da consultas en la APNA, todos los días y el Id de su tableta es el… -¿tiene con que apuntar?- dijo Marichu, e hizo una pausa para dar tiempo a que MariRod buscara un lienzo digital en donde apuntar…
-Ah, si. Permítame -dijo MariRod, y después de menos de un minuto, continuó:
– Ya… a ver, cuál es?
– Bien, es el 01777-263-1938
Descargar receta– Ahora por favor, – siguió Marichu en un tono que transmitía seguridad- en su tableta, teclee por favor micromedix.me… y cuando entre a esta página, haga clic en “Descargar Recetas“… -esperó un poco y luego preguntó:
– ¿Ya la encontró?
– Sí sí, ya estoy en Descargar Recetas. ¿Y ahora qué hago? -inquirió MariRod
– Si explora más abajo va a encontrar una lista de padecimientos en orden alfabético. Cuando pulse en el botón de descarga, al final del renglón correspondiente a la leyenda que dice: Autismo, dos puntos, guerreros biomédicos bla-bla-bla, la página a la que usted va a ingresar le va a dar instrucciones precisas para realizar la descarga. No olvide concertar su cita, porque además de los suplementos que usted va a darle a Caro, ella necesitará dejar de consumir ciertos alimentos, como por ejemplo, los lácteos, el azúcar y todo lo que contenga gluten. Además, mi mamá va a hacerle varias preguntas con las cuales va a determinar si existe alguna otra intolerancia o posibilidad de que Caro esté intoxicada con mercurio o algún otro metal pesado. Si fuera necesario hacer algún estudio para detectar cualquiera de esas dos condiciones, ella le indicaría el tipo de análisis y el lugar a dónde tendría que llevar a Caro para que se lo hicieran.

Novela: personajesUna hora después de que Marichú había abandonado las instalaciones del CAP, Fernando Rubio, Felipe y el Dr. Perón, ya se habían reunido en las oficinas de la Dirección General del “Hospitalote”,  para discutir lo que debían hacer con ella. Rubio ya se le había adelantado a Felipe y le había dicho a Perón que sospechaba que la recién llegada podía estar infiltrándose para robarle clientes al “Hospitalote”, o usando los recursos del CAP para otros fines. Felipe se paseaba de un lado a otro de la oficina del Dr. Perón, juntando sus manos al tiempo que pisaba la flamante alfombra que cubría la mayor parte del piso de mármol. Por fin se sentó y se dirigió más en ese momento al Dr. Perón para extrernar su opinión sobre Marichu:

– No ER Doctor, a Marichu la conozco desde hace mucho y estoy completamente seguro que ella no haría algo así.
– ¿Y entonces porqué le está recomendando a esa madre desconsolada que mejor vaya con los guerreros de la APNA? -dijo Rubio en un tono irónico mientras jugaba con una liga que tenía entre los dedos de la mano.
– ¿Cuál madre desconsolada?, preguntó Felipe, inquieto.
– Mi querido Felipe, ¿que no sabes que en el CAP grabamos todas las conversaciones de nuestros agentes?
Felipe: personaje– ¿Esta usted diciendo que Marichu le dijo a uno de nuestros clientes que fuera mejor con los de la APNA?
– Bueno, no exactamente-contestó Rubio-; pero si se quedó tarde es casi seguro que estaba esperando una oportunidad para quedarse con al menos un cliente.
– ¿Y qué en toda la tarde no captó más clientes?
– Solo dos.
Llegados a ese punto, el mismo Felipe ya comenzaba también a dudar de Marichu. Sin embargo, todavía se animó a decir:
– Bueno, para ser novata no está mal. Dos es un buen número para una tarde en la que los demás agentes logramos captar cinco, en promedio.

Mientras Felipe y Rubio conversaban, Perón había estado sentado en su lujosa silla de ejecutivo, girándola lentamente con los pies y llegando en cada intento casi a los 90 grados, para después hacer la misma operación; pero en sentido contrario. ER doctor, como le decía Felipe, era un hombre corpulento, de baja estatura, calvo, de facciones toscas y apiñonadas, que a primera vista aparentaba ecuanimidad. Cuando se trataba de establecer contactos, les hacía creer que tenía buen carácter, pues solía hacer bromas para romper el hielo o limar asperezas cuando las cosas no salían como él esperaba. Para él, los Doctor Perónpacientes primero eran clientes, antes que seres humanos, y cuando alguno de ellos intentaba sugerir algo que pudiera no estar muy de acuerdo con su tratamiento, o externar alguna inconformidad respecto a los medicamentos que prescribía, sus comentarios podían ser desde displicentes, hasta ofensivos e hirientes. En la época en la que Felipe trabajaba como visitador médico para los laboratorios ProMental, le contó a Marichu que una vez, mientras esperaba a Perón para hablarle de un medicamento que prometía ser la mejor solución para el autismo, alcanzó a escuchar que los padres de un niño autista querían restringir la dieta de su hijo,  porque los lácteos, el gluten y el azúcar, lo ponían peor. Aunque al principio alcanzaron a decir todo eso, no los dejó terminar, pues cuando comenzaron a hablarle de enzimas, levaduras y  cándidas intestinales, el ER Doctor los paró en seco, diciéndoles que ellos no tenían idea de lo que significaban esos términos, ya que si por ejemplo, un niño llegaba a tener una de esas cándidas, tendría que ser internado en una unidad de cuidados intensivos, sin tener la más mínima oportunidad de volver a casa. Al evaluar sus opciones, los padres prefirieron pagar sus honorarios y retirarse pacíficamente sin decir ni una palabra más. Varios de sus subalternos no lo bajaban de prepotente, soez y corrupto. El CRACK no le tenía en buena estima, porque ya en varias ocasiones había tenido que hacer ciertas concesiones en beneficio de Perón, que al presidente no le redituaban nada. Así estaban las cosas durante la pandemia del 34.

Perón por fin se levantó de su silla giratoria y exclamó:
– Felipillo, quiero que le digas a esa superpeque que quiero hablar con ella.
– Ok Doc, cuándo quiere usted que venga… Yo le digo
Rubio intervino, como queriendo mediar la situación, aunque lo que en realidad estaba buscando era una dulce venganza.
– Doctor, para que se complica usted , yo puedo manejar la situación, no creo necesario que usted pierda su tiempo en nimiedades. La chavita es muy lista y con un poco de entrenamiento puede ser muy productiva. Déjemelo a mi

Rubio maquinandoRubio se quedó maquinando su plan de ataque. De cómo le haría ver su suerte a esa guerrera que le había hecho pasar un mal rato y lo había puesto en ridículo enfrente de todo su personal. Todavía no asimilaba cómo era que esa damita lo hubiera podido atrapar de esa manera. Se sentía impotente ante una cosa tan insignificante y eso era precisamente lo que le molestaba. Necesitaba desmostrarle a los demás y así mismo, que alguien con tan poca experiencia no podía ser mejor que él, aún cuando se tratara de vitaminas y minerales. Tenía que haber algo que él pudiera hacer para “bajarle los humos”, antes de que Perón la despidiera, porque de otra manera, él podría convertirse en el hazme reír del CAP.

A pesar de la sugerencia de Rubio, poco antes de cerrar la puerta de su despacho por fuera, Perón gritó:
– ¡ RUBIO. Dígale a esa guerrera que quiero que esté aquí mañana a las 9 en punto. Y PUNTO!

© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 6 de abril de 2015

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Recuerde que usted puede influir en el desenlace de esta historia, colaborando para determinar, por ejemplo, lo que Rubio está tramando hacerle a Marichu, lo que le dirá Perón al día siguiente, etc. A la mejor usted no quiere que ella pierda su empleo, o bien prefiera que Marichu se una al movimiento de los guerreros biomédicos… en fin, déjenos por favor su comentario para que nos diga cómo le gustaría que se dieran las cosas y qué padecimiento o trastorno quisiera se tratase en el próximo capítulo, para que nosotros desarrollemos la historia de acuerdo con sus deseos. Premiaremos con una consulta (sin ningún costo), a aquél coautor que, a juicio de los demás participantes, sea el que haya aportado los mejores comentarios tanto para el desarrollo de la trama (segundo lugar), como para un emocionante desenlace (primer lugar).

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Autor: micromedix

Sergio López González. Ing. en Informática Biomédica

10 pensamientos en “El futuro de los guerreros biomédicos: una novela para convertir el sueño en realidad

  1. Me gustaría que, Marichu vaya a la cita con el tal Perón, el dizque jefe de jefes, y grabe la conversación (como prueba de la realidad que se vive en el Hospitalote). Y luego, que se acerque a la Asociación de padres de niños autistas y se convierta en líder
    Después que usen la grabación para demandar al “big hospital” y ¡bang! que se arme la “revolution”.

    Gracias por compartir esta “novela”.
    ¡Larga vida a los padres guerreros!

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    • Hola Ari, felicidades por ser la primera coautora de los Guerreros Biomédicos.
      Nos gusta tu idea: vamos a hacer que esos guerreros pongan a temblar a ese Matasanos. Nada más que tenemos que idear la manera de que Marichu se entere ese mismo día de que Perón quiere verla, porque ni modo de que lleve una grabadora a su despacho, así nada más. Creo que vamos a necesitar que Felipe le llame a su tablet para ponerla en antecedentes, o hacer que ella le llame a él, porque en este primer capítulo ella se quedó preocupada y suena lógico que le urja saber en qué paró todo el asunto. Parece que esta segunda posibilidad haría más verosímil el hecho de que lleve la grabadora para evidenciar a Perón. ¿Como ves?

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  2. Pienso que el “Hospitalote”, como muchas otras instituciones, no atiende al espíritu original de la medicina, reflejado en el juramento de Hipócrates. Por ejemplo, cito del juramento hipocrático clásico: “No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante… En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos…”.

    Con todo, siempre habrá médicos que traten de ser honestos y cumplir con su trabajo, dondequiera que estén. Por lo tanto, creo que Marichu y otros deben tratar de hacerse oír por estos médicos para que abran los ojos y vean más allá de la medicina alópata. De este modo se evitaría una polarización entre personas de buena voluntad.

    No debemos olvidar que la medicina tradicional ha aportado mucho y ha salvado millones de vidas. Lo que debemos evitar es la radicalización. Cuando existen evidencias de tratamientos naturales de mayor eficacia y con pocos o ningunos efectos secundarios, la comunidad médica no debe cerrar los ojos. Se debe hacer un esfuerzo por incorporar a la medicina naturista los estudios estadísticos doble ciego para que sus resultados gocen del mismo rigor que los de la medicina tradicional. Actualmente existe algo de esto, pero se podría evolucionar mucho en el futuro y en esta novela pudiera incorporarse algo de esta evolución.

    Otra cosa que me gustaría que se enfatizara en esta obra es que, a diferencia de muchos médicos alópatas, los practicantes de la nueva medicina sí permiten que el paciente estudie, cuestione, intervenga y decida lo que será su tratamiento. En otras palabras, no están radicalizados, ni esperan que se les venere como autoridades muy por encima de sus pacientes, como sucede con tantos médicos y psiquiatras.

    Por último, creo que sería bueno hacer hincapié en cómo el mundo de dentro de veinte años tendrá más conciencia del enorme peso de la mente y el espíritu en la salud. Cada vez más, el verdadero médico no verá a sus pacientes como artefactos defectuosos, sino como personas buscando bienestar y armonía.

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    • Muchas gracias Ricardo por tu comentario.

      Vamos a incluir en los próximos capítulos esos tres aspectos que mencionas, que hasta donde pude comprender, son:
      1) El que integremos en la historia el hecho de que ya existen ensayos tipo doble ciego, que avalan la eficacia de muchas terapias alternativas. Que recalquemos que los detractores de éstas lo siguen negando, porque de aceptarlo, estarían afectando los intereses de la industria farmacéutica.
      2) Se me ocurre que cuando MariRod acuda a la consulta con la mamá de Marichu, esta terapeuta le haga ver a su paciente que va a requerir una gran participación de su parte. Que le diga que debe leer no solo la guía terapéutica, sino el libro que el ARI dedicó a los padres y especialistas biomédicos. Que ella misma le haga saber que van a trabajar en equipo, corresponsablemente. Hacer hincapié en la diferencia que implica hacer esto último, y hacer lo que hoy en día muchos pacientes están haciendo: delegar toda responsabilidad al médico y desentenderse de lo que se está prescribiendo. Los pacientes actualmente tienden a actuar de tal forma que si las cosas salen mal, el culpable es el médico, y si salen bien, es gracias a él también. Habrá que hacer un diálogo entre personajes que exponga ese hecho y que sugiera que eso debe cambiar. Que el paciente (o el padre de él) debe estar bien informado y contribuir realmente (no solo en teoría) en su restablecimiento o el de su ser querido.
      3) En cuanto a cómo la mente influye en la salud, lo incluimos en este capítulo, cuando Marichu y Rubio hablan sobre el efecto placebo; pero como dices, vamos a hacer más énfasis sobre ello en los siguientes capítulos. En lo que respecta a cómo el espíritu influirá en la salud, un ejemplo que de momento se me ocurre, podría ser el uso de la meditación para aliviar el estrés; pero eso ya se está haciendo en la actualidad. Lo que nos gustaría que nos dieras, es un ejemplo de cómo crees tú que en 20 años pueda estarse aplicando el espiritualismo en el alivio de las enfermedades, para que tengamos una idea más clara de cómo plantearla en la novela.

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  3. Hola Sergio, muchas gracias por tu respuesta.

    Así es, son esos tres puntos, pero también hay un cuarto: en el segundo párrafo, mencioné que existen médicos “rescatables” por así decirlo; con una buena intención, pero información insuficiente. Toda esta gente podría unirse a un nuevo enfoque de la medicina. Muchos de ellos pueden aportar bastante con sus capacidades y conocimientos.

    Por otro lado, aunque estos estudios doble ciego para la medicina naturista, como mencionaste, ya existen actualmente, no compiten ni en número ni en nivel de difusión con los estudios alópatas. Y la razón principal, como bien lo sabemos, es que las grandes farmacéuticas tienen mucho más recursos para financiarlos. Esto está cambiando poco a poco, a mi entender, y en el futuro esta diferencia entre ambos tipos de estudio habrá disminuido. Y ese avance queremos describirlo en esta novela, yo diría. Habría también que decir por qué esto está cambiando. Como las substancias naturales no se pueden patentar, nunca podría haber tanta utilidad en su venta, y eso plantea un dilema de financiamiento para los investigadores en medicina ortomolecular y afines que quizás valdría la pena explorar.

    Después te comento sobre mi visión de cómo podrían percibirse las cosas dentro de veinte años en cuanto al espíritu y su relación con las enfermedades.

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    • Que razón tienes Ricardo respecto a que vale la pena explorar cómo obtener fondos para la investigación en medicina alternativa. Nosotros de hecho nos enfrentamos a este problema todos los días. Cuando el que aporta fondos para una investigación no recibe utilidades, no le interesa en lo más mínimo invertir. Los inversionistas no están interesados en la verdadera salud de las personas, sino en solo hacer creer a éstas que se están curando, al controlar sus síntomas y hacerles el camino más llevadero. Aquí es donde está el reto para los que sí estamos interesados en la salud de los demás y no en vivir de la enfermedad de los demás.
      Se me ocurre que un cambio de actitud de parte del dueño de ProMental, el laboratorio farmacéutico, se daría cuando un hijo suyo enfermara de algún trastorno que supiera que no va a ser curado por ningún fármaco; pero mejor ya no te platico lo que se me ocurrió, porque entonces casi te estaría contando el final de la novela, así que mejor te invito a que nos sigas en las próximas entradas para que veas cómo se van a dar las cosas. A la mejor va a entrar a escena un nuevo personaje que represente ese cambio de actitud que andamos buscando. En fin, a ver que se nos ocurre para que la cosa se ponga interesante y en una de esas, entre que escribimos una novela y lo que puede pasar en la realidad, surge una buena idea que resuelva ese problema de financiamiento. Ese es uno de los propósitos que estoy persiguiendo con todo esto: que la inteligencia colectiva nos lleve a encontrar soluciones que no veríamos en un contexto “demasiado realista”. Una novela puede darle “alas a la imaginación” al liberar las ideas preconcebidas. Y cuantos más seamos, más ideas tendremos para solucionar este y otros problemas.
      Recibe un abrazo de mi parte y un agradecimiento muy grande por tu colaboración.

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  4. De nuevo gracias por tu respuesta. Efectivamente una de las cosas importantes a aprovechar de esta idea que has tenido de la novela es explorar nuestra realidad a través de esta obra de ficción.

    Ahora respecto de mi visión sobre la percepción del espíritu con relación a las enfermedades… La comunidad médica actualmente (y con ella mucha gente que sigue lo que ellos dicen) cree que el cuerpo humano es una especie de máquina a la que, en ciertos casos hay que “cambiarle las piezas” o hacerle una reparación. No se busca la salud sino deshacerse de la enfermedad en cuanto ésta se presenta. No importa tanto por qué la persona enfermó sino cómo deshacerse de la enfermedad; qué substancia arreglará la máquina, o ni siquiera eso, sino simplemente la mantendrá funcionando, aunque la envenene por otro lado.

    En su libro Science and the Near-Death Experience: How Consciousness Survives Death (La Ciencia y la Experiencia de Casi-Muerte: Como la Conciencia Sobrevive a la Muerte), Chris Carter hace una investigación muy valiosa del fenómeno de la experiencia de Casi-Muerte, en la que la gente muere clínicamente por algunos minutos o incluso horas, y finalmente es revivida. Entonces regresa para contar experiencias que no es posible explicar con nuestra Ciencia actual. Quizá lo más interesante del libro es que está muy bien documentado, con referencias anecdóticas y científicas. Ha habido casos que desafían toda explicación científica dentro de nuestros conocimientos, porque cuando el cerebro está clínicamente muerto, no hay actividad eléctrica en él, y por lo tanto es científicamente imposible que genere experiencias, y mucho menos vivencias que son descritas como más intensas y reales que las que normalmente experimentamos en el estado de vigilia.

    Todo este fenómeno debe investigarse ampliamente; ésa es la función de la Ciencia, y más en un asunto que es de capital importancia para entender qué o quiénes somos. ¿Y cuál es la actitud de la comunidad médica y afines? Seguramente adivinaste. Tratan de “explicar” que esto no son más que alucinaciones (como si el cerebro pudiera alucinar cuando está totalmente “apagado”, sin ninguna actividad eléctrica). Esto no es Ciencia. La Ciencia, en ciertos sentidos, ha sido secuestrada por las mentes dogmáticas y el status quo. El espíritu de la Ciencia es buscar la verdad, y en ciertos aspectos nos estamos alejando de esto. Y lo peor del caso es que ni siquiera es siempre con intereses financieros; a veces es simplemente para defender creencias establecidas.

    Todo esto tiene que cambiar. Dentro de veinte años, si las cosas marchan bien, tendremos una Ciencia más humilde, o menos petulante, que estará interesada en buscar la Verdad y no en defender “lo que es evidente”, pero que en realidad no tiene nada de evidente. Entenderemos que la realidad es mucho más profunda de lo que parece a primera vista y que en todos los fenómenos, incluida la salud humana, están en juego factores que apenas podemos vislumbrar. Entenderemos que el Espíritu es algo mucho más real y tangible de lo que comúnmente se cree, capaz de incidir en el mundo en que vivimos de maneras insospechadas. Entenderemos en fin, que existe una fuerza primordial que está más allá de lo evidente, pero que puede influir en nuestra vida y en nuestra existencia física más de lo que antes jamás pudimos soñar.

    Te mando un abrazo, y a todos los lectores de micromedix.

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    • Ricardo:
      Pues como te decía en mi comentario anterior, vamos a echar a volar la imaginación, para que en los próximos capítulos podamos visualizar alguna posible cura espiritual de alguna enfermedad en el año 2034. Como dijimos, tratándose de una novela futurista, todo puede suceder. El reto será plantear una posibilidad sustentada por los avances científicos que supuestamente tendrán lugar durante las siguientes dos décadas.

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  5. Yo opino que la Marichu se robe la base de datos del Hospitalote y que se la entregue a los Guerreros Biomédicos. Así el hospital dejará de lucrar con el sufrimiento humano.

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    • Muchas gracias por tu sugerencia Mao. Necesitamos algo que vaya más de acuerdo con la personalidad de Marichu. Lo que propones supondría que Marichu es algo así como una hacker, y eso como que no va muy de acuerdo con su perfil. Tal vez si creáramos otro personaje, podría resultar. Vamos a explorar esa posibilidad. No dejes de seguirnos en el próximo capítulo y gracias de nuevo por tu colaboración.

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