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¿Qué le dijo un triglicérido a una molécula de colesterol?…”no eres tú, soy yo”

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El ejército farmacéutico y sus soldados de bata blanca nos han estado vendiendo por años, la idea de que el colesterol es el principal culpable de las cardiopatías, es decir, de los problemas de corazón que se llegan a experimentar por consumir de manera excesiva alimentos cargados de grasas animales y vegetales. Y es que los fármacos fabricados a base de estatinas, como el Lipitor, el Zocor, el Crestor y otras por el estilo, les han dejado a Pfizer, a AstraZenaca y a otros muchos laboratorios farmacéuticos, carretonadas de dinero contante y sonante.

¿Que le dijo un triglicérido a una molécula de colesterol?

Independientemente de si esas estatinas realmente hacen que el colesterol baje, en la presente publicación le voy a mostrar cómo eso de que el colesterol contribuye a desarrollar una cardiopatía es totalmente falso. Como veremos más adelante, las principales causas de una cardiopatía son la resistencia a la insulina, la inflamación y el estrés crónico [1]Si las moléculas hablaran, un triglicérido le diría a una molécula de colesterol:

“No te sientas mal, tú no has sido la culpable de que el individuo que habitamos haya desarrollado esta cardiopatía. He sido yo, junto con nuestra amiga la insulina, la inflamación causada por los radicales libres y las constantes preocupaciones que nuestro anfitrión manifiesta, los que le hemos complicado su existencia“. Tanto en el libro de Bowden y Sinatra (ob. cit.) como en el trabajo de investigación que publiqué a cerca de los factores que más contribuyen en el desarrollo de una cardiopatía, se pueden hallar argumentos suficientes para rebatir esa teoría que sostiene que el colesterol, es el principal causante de las enfermedades del corazón.

Hace una década que Chris Anderson señaló en un controvertido artículo [2], que el método científico podría caer en desuso, debido a los extraordinarios resultados que estaba produciendo el análisis de las correlaciones de datos masivos (Big Data). Por aquel entonces, la técnica del análisis de datos (data analytics) ya se estaba empleando para plantear hipótesis que hasta ese momento habían emanado de las creencias o suposiciones del científico a cargo de la investigación. La hipótesis así generada debía confirmarse o rechazarse a través de una serie de experimentos minuciosamente controlados. Con el surgimiento de la minería de datos y las tecnologías de procesamiento de datos masivos, los científicos ahora son capaces de derivar hipótesis, a partir de lo que revelan las tendencias de los datos y sus correlaciones.

Los datos sí hablan, y además dicen la verdad

Cuando uno selecciona los atributos que más contribuyen al desarollo de una cardiopatia (veáse Cardiopatías: en las cosas del corazón no basta con una segunda opinión), se encuentra con que la variable a predecir (cardiopatía=falso/verdadero) tiene muy poco que ver con las variables predictoras glucosa y colesterol, y mucho que ver con la frecuencia cardíaca (frec_cardíaca), la angina inducida por el ejercicio (angina_iej) y el dolor o angina de pecho (dolor_dp). Y cuando digo poco o mucho que ver, me estoy refiriendo a lo débil o intensa que puede llegar a ser una correlación estadística entre cada una de esas variables y la cardiopatía o variable de salida (pulse sobre la imagen adjunta para agrandarla).

Los datos hablan por sí mismos y no hay que salir corriendo a la farmacia a comprar 10 cajas de Lipitor, después de que un excelentísimo señor de bata blanca nos ha comunicado que nuestro colesterol está por las nubes y que es imprescindible bajar sus niveles. No sé si me estoy explicando. La correlación es una medida de lo mal o bien que una variable afecta a otra, sobre todo cuando los datos de cada una de ellas no han sido inventados, como suele suceder en los ensayos clínicos aleatorizados tipo doble ciego. El repositorio de datos de los centros médicos de la Universidad de California con sede en Irvin, fue recolectado y puesto a disposición de los ingenieros en informática biomédica y los científicos de datos, para que construyéramos un modelo de diagnóstico como el que presenté en la publicación cuyo vínculo proporcioné en un párrafo anterior. Esos datos reflejan la realidad de un total de 573 casos registrados, mismos que después de haber sido alimentados a una herramienta de minería de datos como WEKA, fueron analizados y correlacionados para su diagnóstico y selección, respectivamente.

Se dice que una variable afecta de manera significativa a otra, cuando su coeficiente de correlación es igual o muy cercano a la unidad. Un coeficiente de correlación entre dos variables nulo o cercano a cero, indica que ninguna de las dos afecta a la otra. De acuerdo con el análisis de correlaciones entregado por nuestra herramienta de trabajo, cuyas capturas de pantalla he mostrando en la secuencia de imágenes adjuntas, es claro que el colesterol no influye significativamente ni en la frecuencia cardíaca, ni en la angina de pecho, ni sobre la que es inducida por el ejercicio (pulse sobre cada una de las imágenes para agrandarlas). Nótese cómo se aplicaron tres criterios de correlación para ponderar la relevancia de cada variable predictora respecto a la de salida.

Realidad, causalidad y casualidad

Como hemos visto, los datos no mienten, y pueden llegar a ser más confiables que las hipótesis que podrían regirse por el sentir de un científico en particular, o los intereses de un laboratorio que pretende convencer a los médicos y al público en general, de las bondades de su última patente farmacéutica. En la época en la que los datos eran escasos o eran demasiados pero difíciles de procesar por no contar con herramientas apropiadas, los investigadores se esforzaban por explicar a toda costa, las causas de un fenómeno. La causalidad era más importante que cualquier otra cosa. Si no se conocían las causas de un síntoma o de una enfermedad, no se podía establecer una hipótesis y mucho menos una teoría sobre lo que estaba ocurriendo.

Como dato curioso, existen descubrimientos que fueron realizados por casualidad y que por lo mismo, no surgieron obedeciendo al principio de la causalidad que tanto promueven los partidarios del método científico. Hay muchos ejemplos de ellos: la penicilina, la radioactividad, los rayos X, el velcro, el teflón, la dinamita, el viagra, el marcapasos, la vulcanización del caucho y el plástico, son solo algunos de esos hallazgos que se produjeron por accidente. ¿Y cree usted que en algún momento, el científico en cuestión se propuso investigar las verdaderas causas de su descubrimiento? Pregúntele a un médico si sabe por qué el viagra produce ese singular efecto en los varones y comprenderá mejor lo que quiero decir. Los millones de dólares que le ha redituado este descubrimiento a Pfizerjustifican de sobra el saber exclusivamente qué es lo que produce, sin necesidad de preguntarse cómo lo hace.

Ahora imagine por un momento que cuenta usted con una herramienta que calcula correlaciones significativas que no implican una mera casualidad, sino que más bien indican una realidad reflejada por las variables que mejor representan el comportamiento de la variable a diagnosticar. Eso es precisamente de lo que se encarga una herramienta de minería de datos como la que usé para concluir que el colesterol no constituye un buen predictor de cardiopatías.

El Proxy: una realidad sin causalidad

Schönberger & Cukier [3] han denominado proxy al conjunto de variables que representan el comportamiento de la variable que se diagnostica. En el caso que nos ocupa, el proxy está constituido básicamente por la frecuencia cardíaca, la angina de pecho y la angina inducida por el ejercicio.  Esto significa que una variación en cualquiera de estas variables predictoras, afecta sensiblemente a la variable a predecir, esto es, a la presencia/ausencia de una cardiopatía.

Ambos autores piensan que una correlación puede ser todo lo que uno necesita para descubrir lo que está pasando entre dos o más variables, aun cuando la misma cifra no revele por qué está pasando. Un proxy es entonces un conjunto de variables predictoras que reflejan fielmente el comportamiento de la variable a predecir, por estar mejor correlacionadas con ésta. Aunque en su obra ellos no mencionan absolutamente nada a cerca del colesterol, lo que yo estoy poniendo aquí al descubierto en relación al fraude farmacéutico de las estatinas, tiene mucho que ver con el hecho de que existe una correlación muy pobre entre el colesterol y las cardiopatías (0.1 para ser exactos).

El precio de bajar el colesterol: los efectos secundarios de las estatinas

Hasta donde alcanzo a vislumbrar, esto constituye una medicina basada en evidencias, porque así lo demostró el análisis de datos de los pacientes de Cleveland y Statlog. Y si los datos también hablaran, le dirían a los médicos: el colesterol no es el principal causante de los problemas de corazón, así que por favor ya no sigas prescribiendo estatinas, porque vas a acabar con la memoria y otras capacidades cognitivas de tus pacientes”. Los efectos secundarios que más deberían preocupar a los pacientes de los médicos que acostumbran recetar estatinas, son el deterioro de la memoria y la capacidad cognitiva.

Un estudio realizado por la Universidad del Estado de Iowa en el 2009 (ob. cit., pág. 144), demostró que el cerebro depende del colesterol para funcionar de manera óptima. “Hay una relación directa entre el colesterol y la liberación de neurotransmisores… El colesterol cambia la forma de las proteínas para estimular el pensamiento y la memoria… afecta lo listo que eres y tu capacidad para recordar las cosas“, señaló en su informe Yeon-Kyun Shin, biofísico y profesor del departamento de bioquímica, biofísica y biología molecular de la universidad de Iowa.
De manera que bajar el colesterol con estatinas puede resultar hasta contraproducente, porque además de provocar dichos efectos secundarios, no ofrece un beneficio sustancial en la prevención de infartos.
Lo que realmente importa entonces es encontrar las verdaderas causas de las cardiopatías. Para ello, conviene dejar de preocuparse por el colesterol total y el “colesterol malo” (también llamado de baja densidad o LDL), para enfocarse más en los triglicéridos y el colesterol de lipoproteínas de alta densidad (HDL), mejor conocido como “colesterol bueno”.

Los verdaderos culpables de las cardiopatías

Por supuesto que habremos de explorar también los posibles factores de riesgo que se asocian a una cardiopatía, tomando en cuenta los hallazgos anteriormente mencionados. Pero como no es posible descubrir las causas de una cardiopatía a través de correlaciones, me interesó conocer la opinión de Bowden y Sinatra a este respecto.
Aunque ambos autores reconocen al azúcar como uno de los principales causantes de las cardiopatías, si miramos más detenidamente las capturas de pantalla mostradas en las imágenes precedentes, podríamos inferir que la glucosa tampoco está muy correlacionada con las cardiopatías, al menos no directamente. Apostaría doble contra sencillo a que si en el repositorio de Irvin se hubieran registrado los niveles de los triglicéridos y/o de insulina de cada uno de los casos atendidos, encontraríamos una fuerte correlación entre cada una de ellas y la variable de salida, esto es, la existencia/ausencia de una cardiopatía.

Pero entonces ¿por qué Boden & Sinatra afirman que el azúcar sí es un factor que aumenta el riesgo de desarrollar una cardiopatía?
En mi opinión, lo hace pero de manera indirecta: el consumo excesivo de azúcar y de carbohidratos afecta a la cantidad de insulina que segrega el páncreas, lo que a su vez produce un aumento de los triglicéridos en la sangre. Ellos lo han expresado de manera muy sucinta: “las dietas que son más bajas en azúcar y carbohidratos procesados reducen la inflamación, el azúcar en la sangre (glucosa), la insulina, la resistencia insulínica y los triglicéridos” (op. cit., pág. 86. Los paréntesis son míos).

De acuerdo con lo anterior, es muy probable que las variables que conforman el proxy estén intensamente y directamente correlacionadas con la insulina o la insulinorresistencia, los triglicéridos y los marcadores de inflamación activa, como el fibrinógeno o la proteína C reactiva, o cualesquier otro que refleje la actividad de las citoquinas. Las citoquinas o citocinas, son moléculas que se encargan de reclutar células para las áreas de inflamación, y cualquier examen de laboratorio que refleje una actividad de esta índole, indicará el grado de inflamación sistémica (aquella que no está focalizada, sino que se ha extendido hacia muchas otras partes del cuerpo).

Por su parte, el estrés crónico viene a ser también una variable que debería repercutir directamente sobre las que componen el proxy, y bastaría con conocer los valores de estas últimas para predecir con un 79% de confianza [4], que el paciente va a presentar o no una cardiopatía, porque resultaría muy complicado medir su nivel de estrés. Es extremadamente difícil cuantificar el nivel de adrenalina y cortisol que está uno segregando a diario, o cada vez que se preocupa por algo o alguien; así que el proxy resulta de mucha utilidad cuando se está pretendiendo identificar lo que está afectando a la variable de salida. Sin embargo, no hay que olvidar que la verdadera causa de una cardiopatía no puede ser determinada a través de una correlación.

Lo mejor que puede hacer usted para prevenir una cardiopatía

En resumen, la insulinorresistencia, la inflamación y el estrés van a influir en el proxy, en la misma proporción en la que éste repercute en el surgimiento de una cardiopatía. Y si usted quisiera hacer algo para mejorar las condiciones de “su proxy”, o sea de su frecuencia cardíaca, de una posible angina de pecho y/o de una probable angina inducida por el ejercicio, lo mejor que podría hacer a partir de este momento, es dejar de consumir azúcares para reducir los triglicéridos y aumentar el colesterol bueno con una adecuada suplementación, ya que ambos determinan el nivel de insulinorresistencia.

El cociente que resulta de dividir la cantidad de triglicéridos entre el nivel de colesterol tipo HDL, es un indicador de que tan insulinorresistente es un paciente. Un cociente con un valor mayor o igual a 3 debería preocupar a cualquiera, porque ese resultado estaría confirmando una insulinorresistencia y un deterioro de las variables del proxy. A modo de ejemplo, en la imagen adjunta (pulse sobre la misma para agrandarla), muestro los resultados de la química sanguínea de un hombre de 59 años que a pesar de tener un nivel alto de LDL, no presenta insulinorresistencia, ya que su nivel de triglicéridos es igual a 80 mg/dL y su HDL es de 45 mg/dL (el cociente aquí es de 1.77).

Conclusiones

1) Para prevenir cualquier cardiopatía, incluyendo un infarto, no es tan importante el valor que tengan los triglicéridos y el colesterol por sí mismos, sino la relación (cociente) que existe entre los primeros y el denominado “colesterol bueno”.
2) Para los efectos del inciso anterior, no hace falta reducir las grasas animales y vegetales, sino disminuir el azúcar, el estrés crónico y la inflamación. Los primeros dos factores de riesgo dependen de usted. Lo que no depende de usted es la inflamación, y dado que ya sabemos que ésta sí es una de las principales causas de los problemas cardíacos, le recomendamos que en caso de haber sido dianosticado(a) con una cardiopatía, reduzca la inflamación con antioxidantes en dosis terapéuticas apropiadas (ortomoleculares).

Un comentario final

Si desconoce el tipo de suplementos que debe tomar para reducir aún más los triglicéridos, o no sabe cómo aumentar el colesterol bueno o cómo determinar las dosis diarias de sus antioxidantes y cada cuándo tomarlos, puede contactarnos para que le confeccionemos una receta que concuerde mejor con su individualidad bioquímica.

“La mejor forma de representar una realidad, no es buscando los datos que justifiquen la existencia de una hipótesis, sino elaborando una teoría a partir de lo que tengan que declarar los datos”
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 31 de mayo de 2018.


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REFERENCIAS

[1]  Jonny Bowden y Stephen Sinatra. La verdad sobre el colesterol. Descubre los falsos mitos acerca del colesterol. Un programa efectivo sin medicamentos para rebajarlo.  Urano. 2103
[2] Chris Anderson. The End of Theory: The Data Deluge Makes the Scientific Method Obsolete. Wired, June 2008.
[3] Viktor Mayer-Schönberger & Kenneth Cukier. Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work, and Think. First Mariner Books, 2014
[4] López G. Sergio. Cardiopatías: en las cosas del corazón no basta con una segunda opinión. Fundación Micromédix, 27 de enero de 2018.

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Autor: micromedix

Sergio López González. Ing. en Informática Biomédica

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