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De la bipolaridad a la normalidad: consejos para evitar y revertir el daño causado por el estrés intrafamiliar

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Sin proponérselo, usted podría estar creando un ambiente propicio para que su familiar desarrolle una enfermedad que en principio no tenía. Al igual que el síndrome del emperador, este fenómeno del estrés intrafamiliar es uno de los más grandes males que una nueva generación de padres ha generado, en un esfuerzo por brindarles a sus hijos las mayores comodidades y la mejor calidad de vida posible. Con la premisa de que la felicidad de los hijos radica en evitarles cualquier sufrimiento, el progenitor está propiciando que se produzca exactamente el efecto contrario, porque está claro que los fracasos son maestros de vida, y que jamás nadie podrá experimentar en cabeza ajena, por más que uno lo ame.

La enseñanza que nos dejó un caso de trastorno de bipolaridad

Durante una sesión de terapia familiar que tuvo lugar en nuestra casa de recuperación, uno de nuestros pacientes llegó a manifestar en presencia de su madre, que estaba cansado de que ésta le estuviera diciendo a cada momento lo que debía hacer para evitar una recaída: “si he de fracasar, quiero que se me de la libertad de sentir que ha sido mi responsabilidad y que puedo aprender de ello”, nos dijo enfáticamente durante la que fue su primera consulta. “El derecho a equivocarse, que significa la libertad para realizar experimentos, es la condición universal de todo progreso“, declaró en una ocasión Mohandas K. Gandhi [1].

Por toda respuesta al comentario de su heredero, la madre guerrera argumentó que no podía hacer otra cosa que insistir en la procuración denodada de suplementos y cuidados, le pesara a quien le pesara. Después de todo, anteriormente él se había comprometido a seguir las indicaciones de la receta al pie de la letra, sin llegar a cumplir con lo que en dicho documento se pedía. De hecho, en alguna ocasión, ese mismo paciente nos hizo creer que estaba tomando todos los suplementos que le habíamos recomendado, cuando en realidad no era así.

Como consecuencia de lo anterior, esta guerrera biomédica consideró que si alguien no rellenaba los pastilleros debidamente, él no sería capaz de hacerlo. Al final de esa primera sesión, tanto mi esposa y yo estuvimos de acuerdo en que ambos tenían razón, tanto porque era un hecho de que hasta ese momento él todavía no había sido capaz de hacerse cargo de su salud, como de que ella no se despegaba de él. Una vez que la mamá regresó a su país, nuestro paciente sugirió que era imperativo para él demostrar que podía responsabilizarse de su tratamiento, para no tener que seguir viviendo al lado de su madre. Con la finalidad de simular una vida completamente autónoma, solicitó permanecer el tiempo que le quedaba de su estancia, en una casa provista de todos los servicios, sin que nadie estuviera recordándole los horarios de su medicación.

Después de un entrenamiento intensivo, la terapeuta Lourdes González y yo llegamos a la conclusión de que el objetivo de independizarse de su madre, solo podía conseguirse si nuestro paciente aceptaba vivir con un acompañante, dado que terminamos reconociendo que una persona en su condición, no era capaz de cuidar de sí mismo, al menos no inmediatamente después de los dos meses que duró su estancia en nuestra casa de recuperación. De hecho, él también estuvo de acuerdo en que no le gustaba ni podía vivir solo.

Pero lo más relevante de este caso fue el estrés intrafamiliar al que este joven se vio sometido durante los últimos doce años de su existencia, según develaron las múltiples sesiones de terapia cognitiva conductual. Fue en una de esas entrevistas en las que este joven afectado de trastorno bipolar le confesó a su terapeuta que deseaba deshacerse de su violín, porque hasta ese momento, lo había estado tocando solo para darle gusto a su aprensiva madre. Después de casi dos meses de haberle pedido que hiciera todo lo posible por practicarlo, nos enteramos de que este muchacho odiaba tocar dicho instrumento, por los recuerdos que le evocaba.

De acuerdo con lo que la mamá y lo que su hijo único nos manifestaron al comenzar el tratamiento, supusimos que a él le gustaba tocar su violín. Y supusimos mal. El punto es que si usted está realizando una actividad que le disgusta, está acumulando estrés, y puede estar sujeto a desarrollar una enfermedad a la que puede estar propenso, tal y como sucedió en este caso. Durante una consulta de valoración que tuvo lugar antes de la admisión del paciente, detectamos varios antecedentes genéticos que evidentemente contribuyeron al desenvolvimiento del trastorno bipolar objeto de la presente publicación.

Usted también alcanzará un nivel de estrés muy elevado, si le arrojan una cubeta de agua fría en la cara para arruinarle su siesta; si le preguntan constantemente si le ha quedado claro o no lo que se le acaba de decir; si está viajando frecuentemente de un país a otro (el muchacho nos confesó que los viajes lo estresaban); si le dicen repetidamente que lo ven mal, aun cuando haya dormido lo suficiente como para jugarle una broma a un interlocutor que la interpreta regularmente como una psicosis; si le dicen que se sentían orgullosos de usted por los logros alcanzados antes de haber caído enfermo; si le exigen que realice una actividad tras otra sin tregua alguna; en fin, el estrés estará acechándolo mientras el entorno familiar le demande más de lo que usted es capaz de manejar. Y aunque parezca increíble, todo eso era parte del día a día del que fuera uno de los casos más complicados de trastorno bipolar que nos haya tocado atender.

Como quiera que haya sido, este paciente ya se encuentra en su país, viviendo con un tío a varios cientos de kilómetros de su señora madre, y nos escribe correos electrónicos de vez en cuando para informarnos a cerca de su evolución. Su tío nos ha comunicado vía WhatsApp que se encuentra estable. Aparte de la receta para el trastorno afectivo bipolar que le personalizamos, agregamos una dosis diaria de 1 gramo de carbón vegetal activado, el cual nos dio buenos resultados a la hora de prevenir un potencial episodio maníaco. Sus cambiantes estados de ánimo, a los que él solía describir como “la montaña rusa del humor”, los estabilizamos con taurina, un multivitamínico de alta potencia, omega 3 y glicina.

El estrés intrafamiliar: un posible desencadenante de patologías

El estrés es la sensación que un ser humano experimenta cuando le resulta imposible responder a las demandas del entorno en el que se desenvuelve, y una de las cosas que más llega a sorprender sobre su mecanismo de acción, es que conlleva secuelas muy difíciles de superar. Cada vez que un cuidador de personas como la del caso que acabo de relatar termina su jornada de trabajo, puede ser que no consiga siquiera conciliar el sueño, ya sea por la inquietud y el temor que genera este tipo de trabajo, o bien por el dolor físico que experimenta en alguna parte de su cuerpo. Un estrés prolongado puede somatizarse en uno o más malestares crónicos, aun después de haber cesado la tensión a la que se ha visto sometida la persona en cuestión.

Yo mismo lo he comprobado después de haber atendido casos como el que acabo de mencionar. No es fácil acertar en el tratamiento de una persona que de un llanto incontrolable pasa a una euforia desmedida (maniaco-depresiva) en cuestión de minutos, y que afirma categóricamente que va a convertirse en el presidente de su país, o que debe viajar de inmediato para celebrar su matrimonio con aquella chica de la que se enamoró apenas entrada la pubertad, habida cuenta de que ella es una mujer casada (el paciente está convencido de que ella lo adora y de que el vídeo de la boda con el actual marido es producto de un montaje).

Aquí la terapia cognitiva conductual no tiene cabida, pues aun cuando el terapeuta presente evidencias que no respaldan la fantasía del paciente, ésta seguirá siendo una creencia delirante, por más doctorados que usted ostente en psicología. Aquí el pensamiento equilibrado solo se puede conseguir echando mano de la psiquiatría de precisión, o bien de una medicina integrativa.

La sobreprotección podría convertir a su hijos en tiranos

Con el paso de los años hemos sido testigos de casos similares. Conozco padres y madres que sobreprotegen y miman tanto a sus hijos, que lejos de producirles un bienestar, los abruman con sus atenciones. Lo más delicado de toda esta situación es que son padres bien intencionados a los que parecería injusto decirles que están equivocados, pues están poniendo todo su esfuerzo y dedicación para que las cosas mejoren. Lo peor es que lo siguen haciendo “le pese a quien le pese”, y lo más triste de todo es que a quien más le pesa es a su propio(a) hijo(a).
En el otro extremo del espectro de casos de estrés intrafamiliar, encontramos padres que han pasado a ser víctimas del típico adolescente tirano, un fenómeno social que hoy en día se le conoce comúnmente como “síndrome del emperador”, en el que son los hijos los que maltratan a sus progenitores.

Esta otra cara de la moneda podría ser una consecuencia de la sobreprotección por parte de unos padres bien intencionados pero a la vez desafortunados, pues no habiendo un manual que nos diga hasta qué punto es prudente apoyar a nuestros hijos, lo más seguro es que no nos quede claro en qué nos estamos equivocando. A ciertas edades y en ciertas circunstancias, la diferencia entre apoyar a un hijo en la consecución de un sueño y el sometimiento a sus constantes caprichos, parecería no estar muy bien delimitada. Hay que recordar también que los sueños deben ser de quien los persigue, no de quien persigue al que sueña con alcanzarlos. Espero estar siendo lo suficientemente claro. Si a usted le gusta el violín, tóquelo usted, y deje que su hijo o su hija toque lo que quiera, aun tratándose de un ámbito completamente diferente al musical. Actuar de manera diferente, podría ser la causa de que su vástago se una a las filas de los “ninins”, esos jóvenes (y algunos adultos también) que no han conseguido encontrar una actividad que los apasione, porque sus padres no les enseñaron que para acertar, es necesario experimentar, e incluso fracasar.

La dorada mediocridad: un recurso para minimizar el estrés intrafamiliar

Lo más sensato en cualquier caso es recurrir al equilibrio, al término medio, a la dorada mediocridad (en el sentido en que la entendía Aristóteles) o al sentido común, como quiera usted llamarle a esa negociación que en todo momento debería erigirse por encima de todo lo demás, pues tanto es perjudicial para cualquiera el que se le cumplan todos sus caprichos, como lo es arrojarle una cubeta de agua en la cara para despertarlo, con el argumento de que si duerme durante el día, no dejará dormir por la noche a los demás miembros de la familia.

Por otro lado, si usted ha conseguido que su hijo se sienta mejor con los suplementos y lo ha convencido de tomarlos después de muchos dimes y diretes, eso significa que en algún momento ha existido un incentivo para hacerlo. Identifique en qué consistió dicha motivación y por favor, no quite el dedo del renglón cuando le vuelva a decir que no los va a tomar más, haciéndole ver que usted es el/la único/a amigo/a que tiene, y que los nutrientes y la medicación es todo lo que usted posee para ayudarlo a salir del atolladero en el que se encuentra. Si usted le hace entender a su hijo(a) que lo que ha visto y ha tomado hasta ese momento es todo lo que le puede ofrecer, puede ser más fácil que él o ella siga con su tratamiento. En algún momento, muchos hijos asumen que los padres disponemos de una cantidad ilimitada de recursos, así que conviene hacerles saber que uno, como ser humano, tiene también sus limitaciones y que por lo mismo, puede haber agotado todos los recursos para seguir alimentándolos y cuidándolos. Usted tiene que hacer énfasis en que no es que ya no esté dispuesto a ayudar a su hijo(a), sino que aunque quisiera, ya no puede hacerlo. La figura del padre omnipotente ya no funciona (si es que alguna vez lo hizo), e influye de manera negativa en los hijos, por la sencilla razón de que ningún padre está provisto de esa característica y porque un hijo puede ver en esa aparente carencia, una oportunidad para hacerle un bien a éste, colaborando con él. Psicológicamente hablando, esta respuesta es similar a lo que ocurre cuando un paciente se encuentra con una mascota, no en el sentido peyorativo, sino en el que se da por sentado que un ser humano es más apto para ayudar a otro ser vivo indefenso.

En la práctica, se considera terapéutico al proceso que tiene lugar cuando un necesitado brinda ayuda a un individuo en condiciones similares. Es en ese principio en el que se basan las terapias de grupo, y es en esa misma premisa en la que se basa el que un hijo no vea a un padre como omnipotente, sino como un individuo vulnerable, una persona que está necesitando que un semejante lo ayude.

Una madre guerrera que hace apenas unos días consiguió que su hijo continuara con el tratamiento, expresó su pesar de una manera muy convincente: “ya no sé si mañana mi hijo va a seguir con el tratamiento. Creo que lo mejor es dejar todo en las manos de Dios“. Al día siguiente, no supimos si fue el padre del muchacho quien lo convenció, si fue el ejercicio que nuestro paciente realizó en un gimnasio al que asistió, o si simplemente el dejar todo en manos de Dios fue lo que ocasionó que su hijo continuara con el tratamiento. El caso es que hasta el momento de estar escribiendo estas líneas, todo parece indicar que va por buen camino.

Acepte los pensamientos delirantes de su familiar como verdaderos

Lo que sí desaconsejo es el tratar de persuadir a un paciente de que sus delirios o sus alucinaciones son irreales. Por más aberrante que parezca cierta apreciación de la realidad, es la realidad de su ser querido, y ni usted ni nadie lo va a convencer de que lo que él o ella está viendo, escuchando o pensando es una fantasía. Si su familiar le dice que la princesa Diana ya le dio el sí, no le diga que eso es un disparate. Solo respóndale lo mismo que le dijo cuando siendo apenas un(a) niño(a), le preguntó si creía usted que Santa Claus le iba a traer sus regalos esa navidad.

Piense que así como esa etapa infantil llegó a su fin, igual lo hará esta otra etapa de su vida, una vez que recupere su salud. Tanto la adversidad como la bienaventuranza son pasajeras. La vida entera es un movimiento continuo de eventos efímeros, y si el creer en Santa Claus fue algo pasajero y normal en la infancia, una psicosis y esas extravagancias que ahora lo mantienen en constante zozobra, pueden de momento considerarse también como pasajeras y hasta cierto punto normales, teniendo presente que hoy en día ya contamos con la tecnología que permite implementar una terapia inteligente para su familiar.

Nutrientes recomendados para cuidadores de personas con trastornos de personalidad

Las personas que cuidan de un paciente con algún trastorno de personalidad están continuamente expuestas a una considerable carga de estrés, a tal grado que necesitan también de una terapia que les haga el camino más llevadero. Como dije, yo mismo he tenido que vitaminarme, mineralizarme y suplementarme con aminioácidos que resultan invaluables a la hora de hacer frente a las vicisitudes que conlleva el lidiar con una persona que tiene limitaciones de personalidad. Si su pariente o paciente no lo deja dormir y está continuamente demandando su atención para prácticamente cualquier quehacer cotidiano, procúrese dosis terapéuticas de complejo B (Bedoyecta o equivalente), principalmente de vitamina B12 por la vía intramuscular (“un levanta muertos” para que usted me entienda); 2 grs de glicina sublingual, según lo necesite (ya sea para dormir, para aliviar el estrés o bien durante un ataque de ansiedad, si fuera el caso); así como entre 5 y 10 mg de melatonina de liberación prolongada, en caso de que a pesar de haber tomado la glicina, no pudiera usted dormir.
Para casos más severos, por favor contáctenos para confeccionarle un tratamiento específico para su condición (recuerde que el estrés se puede somatizar antes, durante o después de haber cesado la tensión o el trauma).

Mi dedicatoria al psiquiatra que trastornó más a su hijo(a), provocándole una farmacodependencia

Tal vez yo no tenga todas las respuestas a todos lo problemas, porque no soy omnipotente; pero lo que sí tengo es la dolorosa experiencia de haber visto a un hijo mío padecer de esquizofrenia, aunado a la felicidad que me ha dado el poder verlo ahora llevando una vida normal, sin ansiedades, sin depresiones, sin alucinaciones. Eso, mi querido lector. no tiene precio, y puedo llevármelo a la tumba como un “no me olvides” para todos esos psiquiatras que sí tienen precio; aquél que la industria farmacéutica les puso a cada uno de ellos, a cambio de intoxicar a muchas personas, personas que al igual que usted, su pariente, su amigo o su vecino, no han podido librarse de la farmacodependencia.

La dependencia a la medicación en general, no es otra cosa que un comercio totalmente institucionalizado y ampliamente promovido por el ejército farmacéutico y sus soldados de bata blanca, y es un problema heredado que a usted y a nosotros nos toca remediar, pues de sobra sabemos que el sistema tradicional de salud mental no lo va a hacer nunca.

No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más bien a superarlas”… Louis Pasteur
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 4 de febrero de 2020


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REFERENCIAS

[1] Navajivan Trust Ahmedabad. Escritos Esenciales. Mohandas Gandhi. Editorial SAL TERRAE Santander. Pág. 72

Autor: micromedix

Sergio López González. Ing. en Informática Biomédica

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