Medicina Alternativa

Tratamientos con Medicina Ortomolecular de Precisión

¿Si el paciente no baila al compás, la culpa será del compás?

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En “El Fiel”, que es como tituló Amado Nervo al dieciseisavo aforismo de su obra “Plenitud” [1], ese ilustre poeta mexicano escribió un pasaje que he traído a colación en este ensayo para explicar mejor su propósito: modificar la actitud del paciente escéptico ante la enfermedad y su tratamiento. Ese fragmento de excelsa inspiración está en prosa y reza así: “De María Antonieta decíase que en todo era graciosa, pero que no bailaba a compás. Y un cortesano, lleno de ingenio, la defendió con aquella célebre frase: «dicen que no baila al compás; pero, en este caso, la culpa será del compás»”. ¿Qué tan graciosa pudo haber sido María Antonieta como para que hasta eso se le perdonara  en la corte?

El naturópata propone y Dios dispone; pero sin una actitud positiva todo se descompone

Igual de absurdo que resulta culpar al compás en el caso de Maria Antonieta, es inconcebible esperar que un paciente se vaya a aliviar de un trastorno de personalidad, fumando marihuana y consumiendo lácteos como si el mismísimo coronavirus se los fuera a devorar. Por más tecnología que usemos para ayudar a un paciente y por más que sus familiares se esfuercen para que tome todos sus nutracéuticos, si éste no se abstiene de consumir estimulantes y “alimentos” contraindicados, honestamente no veo cómo alguien en esas condiciones se pueda curar. Independientemente de la gravedad de la enfermedad, una actitud positiva es por mucho, la clave de la recuperación.

El autosabotaje es un mecanismo de defensa que muchos pacientes con este tipo de trastornos usan para atraer la atención de sus familiares, y una discusión más detallada de por qué algunas personas preferirían permanecer enfermas, la puedes encontrar en “El efecto placebo y los poderes curativos de la nutrición“. Ahí explico cómo Robert Dilts [2] y otros expertos en programación neurolingüística y psiconeuroinmunología, dan cuenta de todo lo que una creencia puede lograr en un individuo, ya sea para bien o para mal. También ahí relaté varios casos reales que dan fe de cómo una convicción positiva puede inducir un efecto placebo, y de qué manera una creencia negativa generalmente acaba por desencadenar un efecto nocebo.

Llenando sus arcas con el dinero de los corazones débiles

Fue así como llegué a la conclusión de que el enfermo es quien en última instancia determina el éxito o el fracaso de un tratamiento. En vez de estar jugando al semidiós, algunos excelentísimos señores de bata blanca harían bien en reforzar la voluntad de vivir de sus pacientes. Y si uno de ellos no pudo resolver tu caso, eso no significa que nadie más pueda hacerlo. Bastará con que reconozca que el tuyo es diferente a los que él (o ella) ha atendido antes, y que no lo sabe todo. Como bien lo señaló Norman Cousins en su “Anatomía de una Enfermedad o la Voluntad de Vivir” [3]:

“Algunos expertos no saben suficiente como para hacer un pronunciamiento que condene el destino de un ser humano“. A lo que yo agregaría… “por lo que deberían abstenerse de inducir efectos nocebos en sus pacientes, con comentarios pesimistas sobre su condición“.
No hay peor cosa que toparse con un médico pesimista, y créeme, pululan los especialistas que te van a decir que tu mal no tiene remedio, y si bien te va, que vas a tener que medicarte de por vida. Si un CuasiDios de bata blanca diagnostica una hipertensión o una diabetes, uno no entra en pánico a pesar de que la comunidad médica alópata ha sentenciado que ambas dolencias no tienen cura.

El problema surge cuando el mal es un cáncer o un SIDA; ¿por qué?Posiblemente ya los sabes: por el miedo que el sistema ha infundido en la población en relación a las enfermedades de carácter terminal.
Abundan las películas que apelan al sentimentalismo del público, en las que el (o la) protagonista muere de leucemia o de una afección supuestamente letal. Y aunque sabemos de personas que han sobrevivido al cáncer, a los grandes productores de Hollywood no les interesa exhibir películas que no infunden miedo, porque no son taquilleras.

Cualquier experto en ciencias de la comunicación te lo puede decir: el miedo es un poderoso motivador, un instrumento diseñado para provocar un cambio en tu comportamiento, un recurso mercadotécnico que te incita a comprar aquello que ofrece volver a la normalidad, a la comodidad, a la sanación. Es la misma estrategia que están usando para venderte la mentada vacuna para el SARS-CoV-2.

Se trata de un negocio destinado a lucrar con el sufrimiento ajeno; y no estoy hablando únicamente del que ha provocado la COVID-19, sino también del que ha sido explotado desde hace siglos por la industria farmacéutica, so pretexto de “controlar” la hipertensión, la diabetes, la prostatitis, el propio cáncer, las enfermedades cardiovasculares (colesterol) y todos los padecimientos crónicos en general. Y es aquí donde tiene cabida la alternancia de una medicina ortomolecular de precisión. Analízalo: si el sistema tradicional de salud no puede resolver tu problema, te va a decir que nadie más lo puede hacer, porque de otra manera la gente la encontraría inútil; de hecho, así ha demostrado serlo en el caso del cáncer, del SIDA y de todas las enfermedades crónicas.

Así que si ese sistema no es capaz de curar ninguna de esas enfermedades, busca una alternativa, una medicina en la que puedas confiar por estar libre de excusas y pretextos, una medicina basada en evidencias que te permita tomar conciencia de que no hay nada que temer, y de que el miedo solamente lo compran los débiles de corazón.

Pero independientemente de que optes o no por la medicina ortomolecular de precisión, mi intención en este ensayo es que confíes en que te puedes aliviar, y de que tienes muchas posibilidades de lograrlo si crees en tu tratamiento y tu resiliencia. Si dudas de la viabilidad de tu recuperación, con toda seguridad la profecía se autocumplirá, y el que mucha gente haya pensado así explica en parte por qué sucumbió al COVID-19, a pesar de haber recibido una mejor atención hospitalaria que aquella que pensó positivamente. Como ya vimos, el miedo es un factor que influye negativamente en el resultado de un tratamiento (efecto  nocebo), y la muerte por vudú [4] es el ejemplo que mejor ilustra lo que quiero decir por efecto nocebo.

María Antonieta, su insomnio y sus estados maníacos

No hace mucho, una paciente chilena que estaba padeciendo de un trastorno bipolar, me escribió un correo en donde me solicitaba una consulta por Skype, porque ya tenía varios días sin dormir y sentía que un episodio maníaco la podía sorprender en cualquier momento. Durante la consulta le pregunté si había seguido el tratamiento (incluyendo la dieta) al pie de la letra, a lo que respondió afirmativamente.

Una vez realizados los ajustes correspondientes a su receta, al cabo de unos días me hizo saber que seguía sin poder conciliar el sueño. Revisamos todo: circunstancias que pudieran estarla estresando, alimentos, toxinas, estimulantes y todo parecía estar en orden. El caso es que como a la tres semanas de estar experimentando cambios en su estado de ánimo, y mientras nos encontrábamos de nuevo en medio de una videoconferencia por Skype, se ausentó por unos minutos para tratar un asunto que merecía su atención, dando así oportunidad a que su madre me comunicara que días antes, su hija había estado fumando marihuana. Yo no daba crédito al contenido que había traspasado mis oídos, y cuando María Antonieta regresó de su diligencia y se enteró de lo que su madre me había confesado, además de reconocer su falta de lealtad al tratamiento, sentenció que “no podía dejar los lácteos“.

Me sentí como un padre a quien su hija le ha dicho que se va al colegio, y en vez de ello se reúne con sus amigos a “chacotear” (a hacer novillos). El punto es que experimenté una gran decepción y entendí que efectivamente, si María Antonieta no podía abstenerse de fumar marihuana y de consumir lácteos, la culpa no podía ser de los nutracéuticos. Para que un tratamiento produzca los resultados que de él se esperan, el paciente debe estar sintonizado con el mismo. María Antonieta no estaba bailando al compás, y la culpa no podía ser del compás. Como cabría esperar, María Antonieta no es el verdadero nombre de mi paciente; pero quise llamarla así para estar en consonancia con “El Fiel” de nuestro amado escritor nayarita.

Chente: un paciente que eligió bailar a compás

 

Chente es un paciente mexicano de 74 años que tiene todo para ganar, pues lleva un estilo de vida que cualquier otra persona en su condición envidiaría. A pesar de haber caído en una profunda depresión, este extraordinario ser humano no toma, no fuma y no acostumbra tomar café ni estimulantes en general, lo cual constituye una gran ventaja considerando que debe lidiar con un tumor cancerígeno en la vejiga. Su principal preocupación la constituye una hematuria (sangre en orina), lo cual por supuesto no implica que deba restársele la debida importancia a su hipertensión. Mi labor consistió en confeccionar una receta personalizada con medicina ortomolecular de precisión (izquierda), basándome en su sintomatología y los exámenes de laboratorio que su familia tuvo a bien enviarme vía correo electrónico. De acuerdo con los resultados de dichos análisis, cinco semanas antes de estar escribiendo estas líneas, Chente presentaba niveles elevados de microalbuminuria, glucosa, triglicéridos y hemoglobina corpuscular media (HCM), así como un nivel bajo de INR.

Y a pesar de que en nuestra base de datos no contábamos con casos de éxito de cáncer de vejiga, procedimos de la misma manera que cuando confeccionamos la “Terapia inteligente para el cáncer gástrico“, en donde una paciente peruana cuyo nombre no se me permite revelar, fue quien protagonizó ese caso de estudio. En ese informe explico cómo es que una máquina pudo determinar tanto los nutracéuticos como las dosis que esa paciente debía tomar para superar su cáncer gástrico. En el caso de Chente, apliqué los mismos principios del aprendizaje de máquina no supervisado, para que la máquina pudiera generar la receta inteligente que mencioné en el párrafo anterior.

Durante el Taller de Autocuración con Nutracéuticos Liposomales que siguió a la consulta, además de aprender a preparar liposomas de curcumina y vitamina C, Chente y su gentil esposa comprendieron muy bien por qué su caso tiene muchas posibilidades de convertirse en uno de éxito, con motivo de sus buenos hábitos alimenticios, las propiedades anticancerígenas y antiinflamatorias de la curcumina, así como por el simple hecho de no haber recurrido antes a las quimioterapias y las radiaciones que la oncología convencional recomienda en estos casos. Y es que ese tipo de tratamientos deteriora mucho el sistema inmunitario, dejando a los pacientes en un lamentable estado de salud. Después de analizar los beneficios terapéuticos de la curcumina, les mostré la correlación que hay entre las altas tasas de mortalidad por cáncer de vejiga y el consumo excesivo de alcohol en algunos países; así como la que existe entre tasas muy bajas de mortalidad por cáncer de vejiga y una alimentación rica en cúrcuma. En los países que producen la mayor cantidad de este condimento, solamente una persona muere por cada cien mil habitantes (pulse sobre la imagen que sigue para ver el detalle),

Como dato curioso, México también figura en la lista de países con esa misma tasa de mortalidad por cáncer de vejiga (derecha). Nota cómo dicho país incluso presenta una tasa ligeramente menor que la India, el mayor productor de cúrcuma en el mundo. Por otra parte, siendo Lituania el mayor consumidor de alcohol a nivel mundial (abajo a la izquierda), posee una tasa de mortalidad por cáncer de vejiga, cuatro veces mayor que la de México. Estas estadísticas reflejan de alguna manera que estamos en posibilidad de disminuir los factores de riesgo que se han asociado al cáncer de vejiga, y que no sería atinado que Chente ni ninguna otra persona subestimara la importancia y la influencia que pueden llegar tener, los buenos hábitos nutricionales y el estilo de vida en el resultado de un tratamiento.

Epcicteto nos enseñó que hay cosas que no dependen de uno, y una de ellas es el enfermarse. Otra cosa sobre la que no tenemos control es nuestra genética. Pero si bien es cierto que no ha dependido de Chente el que un tumor haya crecido en su vejiga, eso no significa que no pueda apelar a su epigenética (a lo que sí depende de él) para sintonizar con su tratamiento, y por lo que hasta ahora ha demostrado, cuenta con la mejor de todas las cualidades que se requieren para bailar a compás: una actitud positiva.

«Las cosas, dice un pensador, nos parecen imposibles hasta el día en que se realizan». No creas, pues, jamás que la excelencia de un bien es condición negativa para su advenimiento. Abre con tu confianza todas las capacidades de tu espíritu, ante la posibilidad de recibirlo. No sea que, cerradas tus puertas interiores por las llaves de tu escepticismo, cuando llegue la felicidad suma que te tocaba en suerte, no pueda entrar… y se aleje para siempre“… Amado Nervo

© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 9 de octubre de 2020


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REFERENCIAS

[1] Nervo Amado. Plenitud. Obelisco, 2000.
[2] Dilts, R. Liderazgo creativo. Barcelona: Urano, 1998
[3] Cousins N. Anatomía de una Enfermedad o la Voluntad de Vivir. Kairós,1981.
[4] Cannon Walter B. Voodoo Death. American Anthropologist. New Series. Vol. 44, No. 2. April-June 1942.

Autor: micromedix

Sergio López González. Ing. en Informática Biomédica

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