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Psiquiatría alternativa: controlando los síntomas del trastorno sin ocasionar efectos secundarios

La psiquiatría es una estrategia que ha empleado la industria farmacéutica por años, para controlar los síntomas de varios trastornos de la personalidad. Su intención es propiciar la farmacodependencia, a través del uso indiscriminado de drogas psicotrópicas.
Dando por sentado que los trastornos mentales son incurables, esa industria alecciona a los médicos para que difundan la idea de que los medicamentos se deben tomar a perpetuidad. El problema es que los médicos llegan a comulgar con esa idea, o bien son sobornados por los magnates farmacéuticos, para que la adopten como estandarte en el ejercicio de su profesión.

Nuestra experiencia

Para erradicar las causas de las enfermedades y demostrar que existen mejores prácticas que las que propone el sistema tradicional de salud mental, nuestros proyectos de investigación se han enfocado más en la curación, que en el control de los síntomas. Si embargo, hemos notado que si los familiares de nuestros pacientes no pueden controlar apropiadamente sus síntomas, la tasa de éxitos tiende a disminuir significativamente. No es fácil manejar a un paciente afectado de esquizofrenia, y mucho menos cuando sus familiares no se ponen de acuerdo.
Hay por ejemplo parejas, en las que uno de sus miembros prefiere ver a su hijo medicado y aislado, que soportar la angustia de verlo riendo a solas, gateando, o explotando en ira contra todo y contra todos.
También hay madres guerreras solteras que después de haber intentado varias estrategias, se han visto en la necesidad de “tirar la toalla” a medio camino, por no poder soportar el estrés que una lucha de esta naturaleza genera. Ha habido padres guerreros que han llegado al extremo de confinar a sus hijos en uno de esos calabozos disfrazados de hospitales psiquiátricos, simplemente porque no han podido manejar los síntomas de ese ser humano que hace más de una década vio nacer, y del que ahora solo se perciben unos cuantos rasgos de lo que solía ser.

Un escenario con estas características debe ser transformado para que el camino hacia la recuperación total, sea más llevadero. Y la mejor forma de conducir tanto al paciente como a sus familiares por un camino menos doloroso, es controlando los malestares del trastorno con el mínimo de efectos secundarios. Hay también varias condiciones que se deben dar para que un tratamiento sea exitoso.

Los detalles de cómo propiciar que se den esas condiciones los puede encontrar en Por qué unos pacientes se alivian y otros no: las diez claves de un tratamiento exitoso“, también de mi autoría.
Pero aparte de las oportunidades que uno mismo debe crear para aumentar la probabilidad de éxito de un tratamiento, existen varias alternativas a las que podemos recurrir para manejar los síntomas de una psicosis, un trastorno bipolar, un trastorno obsesivo-compulsivo y otros trastornos por el estilo. La rama de la fitomedicina que se encarga de tratar y aliviar los síntomas de índole psiquiátrico, es una de ellas.

Primera alternativa: la “fitopsiquiatría”

A finales del siglo pasado, la difusión de los avances de esa parte de la fitomedicina a la que yo llamaría “fitopsiquiatría”, por especializarse en trastornos de la personalidad, había estado limitada a los acervos bibliográficos convencionales, como eran las bibliotecas, las microfichas, las bases de datos y los bancos mundiales de información (DIALOG y ORBIT en aquel entonces).

Esos grandes repositorios se accedían a través de una línea telefónica conectada a un modem de acoplamiento acústico (derecha), que fungía como medio de comunicación entre la base de datos biomédicos y la terminal de impresión que uno empleaba para conocer los resultados de sus búsquedas. Esos eran los accesos remotos que los investigadores de aquel entonces usábamos para mantenernos al tanto de los avances científicos. De un modo u otro, esos sistemas tan precarios de interconexión, eventualmente evolucionarían y se integrarían a una red de múltiples interconexiones popularmente conocida como Internet.

Todos esos medios proporcionaban información explícita. Si no estaba escrito, era muy difícil concebir una nueva idea a partir de lo que en esos medios se podía leer, sobre todo porque la mente humana no es capaz de comparar muchos artículos a la vez, con el fin de identificar relaciones entre términos que a criterio del investigador, son palabras claves. Con las herramientas de hoy, el investigador está en posibilidad de extraer conclusiones a partir de los patrones y tendencias que las máquinas descubren en los datos.

Antes del surgimiento de las redes sociales de Salud 2.0 y del advenimiento de los sistemas expertos, la minería de datos y la minería de texto biomédico, uno no podía inferir conocimiento nuevo valiéndose de esos antiguos medios de información, y los métodos para llevar a cabo un descubrimiento, no eran lo suficientemente eficaces. Los trabajos de investigación tardaban semanas, meses, o incluso años en materializarse. Basta conocer lo que los padres de Lorenzo Odone hicieron por él, para darse una idea de lo que significaron todos esos años de esfuerzo y dedicación (izquierda).

La extracción (minería) de texto es una de las tecnologías de la información que más aplicaciones ha encontrado en el campo de la biomedicina, y nos ha permitido descubrir ese conocimiento que no ha sido escrito explícitamente en cientos de miles de artículos técnicos.
Hoy existen herramientas de software con las que se pueden descubrir terapias alternativas mucho más inteligentes que las que podría recomendarle cualquiera de los psiquiatras que ha consultado, o que podría llegar a consultar en los años que le quedan por vivir.

Arrowsmith por ejemplo, es el software de mineria de texto biomédico que me ayudó a encontrar una alternativa natural para la clozapina. En otra parte de esta misma página publiqué los resultados del estudio relacionado con ese hallazgo: “Microdosis de Akuamma: nueva medicina alternativa para tratar la esquizofrenia y otros trastornos mentales“, en donde documenté con lujo de detalle, cómo es que la alstonina, uno de los alcaloides de esa planta africana, puede emular las propiedades antipsicóticas de la clozapina. Los psiquiatras les dicen a sus pacientes que este antipsicótico es el que menos efectos secundarios ocasiona y sin embargo, es el último fármaco al que recurren… Por algo será.

Resulta que ese algo es la agranulocitosis, una enfermedad que deprime de manera alarmante el sistema inmume del paciente. Y por si eso fuera poco, cuando un psiquiatra prescribe clozapina, suele acompañar su receta con un antiepiléptico, porque sabe perfectamente que dicho antipsicótico también puede ocasionar convulsiones. Desde luego que esto último no se lo dice ni al paciente ni a sus familiares, pues en ese momento es el amo de la situación: un CuasiDios en potencia que no permite ser cuestionado sobre los efectos secundarios de todo lo que ha recomendado tomar en esa receta que parece haber sido escrita en piedra.

Y eso es tan solo un ejemplo del estado de la situación. Si quiere usted darse una idea más clara de lo que frecuentemente tienen que enfrentar muchos padres de hijos con trastornos de personalidad, lo invito a que conozca el modus operandi de ese modelo de negocio creado por la industria farmacéutica.
La buena noticia es que ahora la medicina alternativa va más allá de los remedios de la abuela, y ha dejado de evocar esa imagen que antiguamente se asociaba a las prácticas del médico brujo, del chamán, o de aquel exorcista al que había que pagarle para que liberara al enfermo de sus demonios internos.

La fitopsiquiatría, por llamarle de alguna manera, está surgiendo como un campo de estudio de carácter interdisciplinario, en el que los principios de la fitomedicina, la minería de texto biomédico y la neuropsicofarmacología (no la psiquiatría), se conjugan para suprimir los efectos secundarios de aquellas drogas que supuestamente benefician al paciente; pero que él se rehúsa a tomar por así convenir a sus intereses.

Y le he llamado fitopsiquiatría precisamente porque su objetivo primordial es controlar los síntomas, y nada más. En este contexto, hay que entender que el paciente no está obligado a tomar medicamentos que afecten su estado de ánimo de una manera diferente e inconsistente, porque si bien esos fármacos podrían estar controlando sus delirios y/o alucinaciones (en el mejor de los casos), es muy probable que lo estén deprimiendo, que estén propiciando su aislamiento social, alterando el movimiento de algunas de sus extremidades (efectos extrapiramidales), ocasionando ansiedad, agresividad, falta de concentración, etc.

Y si alguien insiste en la medicación o el confinamiento involuntarios, será más bien por ignorancia, o porque le conviene defender los intereses del sistema tradicional de salud mental. Los soldados de bata blanca obtienen muchos beneficios mientras están en contubernio con el ejército farmacéutico. Cuando no lo están, pierden su licencia y son vetados por el mismo sistema que los vio crecer (pulse en el vínculo inmediato anterior para ver cómo se las gastan los príncipes de la salud).

Para ilustrar cómo ha evolucionado la fitopsiquiatría, en la imagen adjunta muestro cómo encontré un sustituto herbal para el Lurasidone (Latuda), extrayendo datos biomédicos de Medline con la herramienta de minería de texto Arrowsmith. Ingresando la palabra clave “Lurasidone” como descriptor de la primera literatura a explorar, y como segundo descriptor la palabra clave “herb“, obtuve la lista de téminos B que vinculan implícitamente a ambas literaturas, según lo establece el modelo ABC de Swanson.
Seleccionando el vocablo antipsychotic de la lista de términos B, encontré el primer candidato para sustituir al Lurasidone, la Synedrella nodiflora.

Cuando inspeccioné los artículos vinculados por el término d2 receptor, me encontré con un término un tanto extraño que después averigüé se trataba de un alcaloide muy característico de algunas plantas medicinales chinas, como la Stephania intermedia y la Corydalis ambigua (yanhusuo). Se trataba de la stepholidine, una sustancia activa con un gran potencial para el control de los síntomas positivos de la esquizofrenia. Y fue así como esa palabra clave, al combinarla con schizophrenia en una búsqueda muy sencilla en Medline, me llevó a conocer lo que a ese respecto habían escrito Mo J. y otros colegas suyos [1], [2].

Entre otros hallazgos, estos notables investigadores chinos descubrieron que el perfil farmacológico de la “estefolidina” era único en su género, en el sentido de que no solo puede usarse para controlar los síntomas positivos y negativos de la esquizofrenia, sino también para tratar la adicción a las drogas y la enfermedad de Parkinson. Casi nada.
El caso es que valiéndome de un par de herramientas de minería de texto, en menos de tres días ya había yo identificado y analizado tres antispsicóticos naturales que administrados en dosis correctas, tenían el potencial para controlar los síntomas de la esquizofrenia, sin ocasionar efectos secundarios.
Con las facilidades que brinda la tecnología recién descrita, usted o su familiar ya no tienen por qué estar soportando los efectos secundarios de su medicamento.

A fin de cuentas, siempre existirá una planta medicinal con las mismas propiedades terapéuticas del fármaco que le prescribió su psiquiatra, pues como usted seguramente ya lo sabe, la mayoría de las sustancias que componen los medicamentos, son extraídas por los laboratorios farmacéuticos de los alcaloides que la misma naturaleza está proveyendo en una o más plantas medicinales.

Así que si usted ya decidió acabar con todos esos malestares, nos puede contactar para que le ayudemos a encontrar el sustituto natural del medicamento que está tomando.
¿Y a qué otras alternativas podríamos recurir para controlar los malestares de una esquizofrenia, un trastorno bipolar, un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), la ansiedad, el mal de Parkinson, el autismo, el síndrome de abstinencia, la depresión y el Alzheimer?
A continuación describo otras cuatro técnicas que combinadas con la fitopsiquiatría, funcionarían muy bien: la psiquiatría ortomolecular, la técnica de las microdosis, la terapia ocupacional y la asistida por animales.

La psiquiatría ortomolecular: antioxidantes naturales para proteger la barrera hemato-encefálica

Linus Pauling definió a la psiquiatría ortomolecular como “la consecución y la preservación de una buena salud mental, a través del aprovisionamiento de un entorno molecular ideal para la mente, especialmente de las concentraciones óptimas de sustancias que normalmente se encuentran en el cuerpo humano, como las vitaminas” [3].

En el número de abril de la revista Science del año de 1968, este gran referente de la medicina ortomolecular escribió: “una anormalidad fisiológica como la disminución de la permeabilidad de la barrera hematoencefálica para la sustancia vital, o un aumento en la tasa del metabolismo de esa sustancia en el cerebro, puede conducir a una deficiencia cerebral y a una enfermedad mental ” [4].
Así como la permeabilidad intestinal afecta el comportamiento de un paciente, un aumento en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica ocasionada por bajos niveles de folato y vitaminas B6 y B12, puede hacer que una persona experimente un deterioro cognitivo [5] .
Por su parte, H. Yorulmaz y otros investigadores han confirmado que la vitamina E protege la barrera hematoencefálica, lo que significa que el cerebro se encuentra menos expuesto a la influencia de nanopartículas extrañas que logran llegar hasta esa parte del cuerpo, a través del torrente sanguíneo [6].
En general, procuraremos proteger al cerebro de los agentes patógenos y los radicales libres, echando mano de los antioxidantes más potentes que encontremos, como serían el glutatión, el ácido alfalipoico, el resveratrol y algunos extractos de plantas medicinales, como los del arándano azul y la semilla de uva.

La técnica de las microdosis aplicada a los psicotrópicos de una sola sustancia activa

Si de lo que se trata es suprimir los efectos secundarios de los fármacos que está tomando (psicotrópicos), qué mejor que elaborar una microdosis a partir del medicamento alopático. La única condición que debe cumplir el medicamento objeto de la microdosis, es que no contenga otros compuestos, aparte de la sustancia activa que controla el síntoma en cuestión.

Usted mismo puede preparar la microdosis del fármaco que está tomando, siguiendo las indicaciones que su consejero de salud le dará a lo largo del “Taller de Elaboración de Microdosis de Medicamentos Alopáticos“. En una sola sesión a través de Skype, usted aprenderá a preparar bases hidroalcóholicas de medicamentos alopáticos, con sus correspondientes microdosis. El objetivo del taller es eliminar los efectos secundarios que le están produciendo los fármacos que está tomando. La sesión incluye una práctica de laboratorio en la que usted aprende todo el proceso, desde la selección del fármaco, hasta la fabricación de su propio frasco de microdosis. Si decide tomar el taller, solicite por favor al personal de nuestro Centro de Atención, la lista de materiales que necesitará para llevar a cabo su práctica.

Terapia ocupacional y/o motivacional

Una persona que se encuentra constantemente enfrascada en sus problemas psicológicos y/o fisiológicos, no puede responder óptimamente a ningún tratamiento. Por mucho que esté afectado de sus facultades mentales, siempre existe la posibilidad de que el enfermo encuentre una motivación, un distractor, o alguna actividad que le produzca cierta satisfacción, por pequeña que ésta sea.

La experiencia de implicarse en una actividad y extasiarse con ella, la ha plasmado magistralmente Mihaly Csikszentmihalyi (izquierda) en un obra que intituló “Fluir (Flow). Una psicología de la felicidad” [7].
Ahí, este profesor y decano del departamento de psicología de la universidad de Chicago, describe cómo algunas personas son capaces de abstraerse en una actividad, al grado de perder la noción del tiempo y de lo que sucede a su alrededor. Dejándose llevar por la pasión que uno encuentra al desarrollar un trabajo manual o una obra que exije cierto nivel de creatividad, se puede recobrar el ánimo y ver las cosas desde una perspectiva diferente.
En principio, cualquier actividad puede inducir esa sensación de embelesamiento en lo que se hace; pero parece ser que el establecimiento de expectativas en cuanto a lo que se obtiene por lo que se hace, es una condición que impide alcanzar ese estado tan anhelado.

No se trata de que el paciente se esfuerce hasta la médula por obtener un premio. La actividad a desempeñar debe seleccionarse de tal manera que propicie el desarrollo del sentido de pertenencia, no de competencia.
Antes de la aparición de los videojuegos, los niños jugaban por el placer de jugar, sin competir. Los niños de hoy (y algunos no tan niños) encuentran esa sensación de ensimismamiento en un videojuego, acumulando puntos para demostrarse así mismos y a sus contrincantes que no son unos perdedores. Ese es su reto, y es la competencia lo que le da sentido a su actividad.

Ahora bien, el desarrollo del sentido de competencia puede ser que le funcione de maravilla al empresario que está buscando aumentar la productividad de sus empleados; pero en el terreno de las terapias ocupacionales resulta contraproducente, porque promueve la respuesta al estrés.
El mejor ejemplo que puedo traer a colación para explicar esta paradoja, es aquella frase que mi padre soltó mientras celebrábamos el doceavo cumpleaños de uno de mis hijos. Al contemplar cómo algunos de los pequeños invitados perseguían con sus ojos, diferentes puntos de la pantalla de su videojuego, exclamó sin disimulo: “esos niños creen que se están divirtiendo; pero no es cierto”.

La razón por la que las personas se llegan a sentir realizadas, no consiste por lo regular en la compensación que reciben por la labor que desempeñan, sino por el placer que sienten mientras lo hacen. Esas personas no celebran el resultado de su trabajo, sino más bien disfrutan del proceso que hace posible dicho resultado. Y no dudo que usted sepa de alguien que le apasione tanto su trabajo, que le haya dicho que lo haría de todas maneras, aún cuando no se le pagara por ello.
Tengo varios casos de pacientes que me dejan muy claro, cómo es que aquellos que sí pueden dejar de reflexionar sobre su condición, mejoran más rápidamente que los que están constantemente pensando en sus síntomas, preocupándose por los efectos secundarios de sus medicamentos y dándole vueltas a ese problema que no han podido resolver.

Hay quienes tienen la idea de que solo se sienten bien depués de tomar un determinado medicamento (como por ejemplo, un ansiolítico), y no conciben que pueda existir un nutriente (suplemento) que pueda producirles el mismo efecto. El poder de la mente mal empleado (efecto nocebo), así como una actitud negativa ante la adversidad y el dolor, impiden una rápida recuperación de la salud, pues es el paciente mismo quien está propiciando ese círculo vicioso.
En contraste con ese estilo de pensamiento, hay pacientes que logran fluir con su actividad, entretenerse o mantenerse ocupados el tiempo suficiente como para olvidar que algo no está funcionando bien en su cerebro, lo cual mejora su respuesta a la relajación.
Tocar un instrumento musical, jugar al fútbol, dibujar, pintar un cuadro, practicar la natación, la gimnasia y la caminata; escribir, leer, jugar al ajedrez, ejercitar la mente con mandalas, jugar al dominó y desarrollar cualquier manualidad, son todas ellas actividades que pueden producir fluidez, lucidez y modificar positivamente la bioquímica del cerebro.

Terapia asistida por animales

Alejandro de Austria fue un caso que nos permitió comprobar, cómo la terapia basada en mascotas puede mejorar los síntomas de un joven aquejado de queratocono.
El queratocono es una afección que se manifiesta de una manera muy similar a la esquizofrenia, y que hasta el día de hoy hemos estado tratando con los suplementos que recomendé en “Queratocono: una alternativa holística para su alivio“. Ahí también relaté cómo los síntomas de nuestro amigo Alejandro, mejoraron notablemente cuando conoció a “Yamba”, un perro que lo estuvo acompañando durante su estancia en algún lugar de los Ángeles California.

En esa publicación, también hice mención de casos de niños autistas que han logrado sentirse mucho mejor tan solo por haber estado en contacto con una mascota. Y es que los animales no cuestionan, no presionan, no juzgan, solo están ahí para intercambiar mensajes que no son verbales; pero que hacen que una persona, especialmente un joven, se sienta identificado y posiblemente cobijado. Creo que la terapia con mascotas funciona porque fomenta también el sentido de pertenencia. Cuando usted pone un niño al lado de un perro, un gato o un hámster, al pequeño no le pasa por la cabeza que hay que competir con él.

La mascota no es un referente que sirva para establecer comparaciones. De alguna manera, el niño se siente aceptado por la mascota, y viceversa.
Searles y Levison llegaron a la conclusión de que un paciente esquizofrénico había mejorado gracias a un perro que vivía con él. De acuerdo con ellos, la relación entre humanos y perros en general, puede hacer que un paciente psicótico vuelva a la realidad. Por su parte, Barker y Dawson reportaron que los pacientes psiquiátricos crónicos que estuvieron con perros durante el tratamiento, estaban menos deprimidos que los miembros en el grupo de control (los que no estuvieron con perros)  [8].

Otros estudios han señalado la importancia que representa este tipo de terapia para los pacientes ancianos con esquizofrenia. A un grupo de pacientes con este perfil se les solicitó que cuidaran durante cuatro semanas, a varios perros y gatos. El resultado del ensayo fue un aumento de la movilidad, los contactos interpersonales y la comunicación; así como un mejor desempeño de las actividades diarias, incluida la higiene y el cuidado personales [9].
Con la intención de tratar la anhedonia, se sometió a prueba la hipótesis de que la integración de animales a la terapia de pacientes esquizofrénicos, mejoraría sus síntomas.  Se formaron dos grupos para realizar la prueba, uno en donde se incluyó un perro, y otro de control (sin perro). El grupo que trabajó con el perro mejoró significativamente su tono hedonista en comparación con el grupo de control. Además, se observó un mejor uso del tiempo libre y una mayor motivación. De acuerdo con Miller e Ingram, una terapia de esta naturaleza puede contribuir mucho a la rehabilitación psicosocial y a mejorar la calidad de vida de los pacientes con esquizofrenia crónica [10].

La soledad es más fácil de soportar en compañía de una mascota, y la terapia asistida por animales se está convirtiendo en un método común de tratamiento para la rehabilitación de muchos pacientes con problemas mentales. Hay mucha literatura sobre este tema y algunos estudios demuestran que la interacción paciente-animal-terapeuta mejora la comunicación, aumenta la autoconfianza, reduce los síntomas de la enfermedad y mejora la calidad de vida del paciente. El perro, el gato, el caballo y los pájaros son los animales que más se usan.

Esta alternativa puede ser empleada para tratar pacientes psiquiátricos aquejados de depresión, esquizofrenia, fobias y problemas de adicción. También se aplica en enfermedades cardiovasculares, demencia, enfermedad de Alzheimer, parálisis cerebral infantil, artritis reumatoide, SIDA, autismo y otros trastornos de la personalidad.
En definitiva, los síntomas de muchas enfermedades pueden mejorar al incluir animales en el proceso terapéutico [11], y si usted todavía no ha comprobado los beneficios de una alternativa como ésta, es probable que eso se deba a que ha subestimado lo que una mascota es capaz de lograr con su encanto.

La psiquiatría alternativa: la sinergia de los cursos de acción anteriores

La mejor alternativa es combinar las técnicas anteriormente descritas, a fin de que el paciente pueda aprovechar al máximo, los beneficios de la sinergia producida por dichos procedimientos. La suma de los efectos de cada una de las alternativas analizadas actuando por separado, no es igual al efecto resultante de su combinación.

 “El todo es mayor que la suma de sus partes”… Aristóteles
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 13 de marzo de 2018


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REFERENCIAS

[1] Mo J, Guo Y, Yang YS, Shen JS, Jin GZ, Zhen X. Recent developments in studies of l-stepholidine and its analogs: chemistry, pharmacology and clinical implications. Curr Med Chem. 2007;14(28):2996-3002.
[2] Ping-Chung Leung. Healthy Aging. Annals of Traditional Chinese Medicine, Vol. 4. World Scientific Pub Co Inc. 2010.
[3] Linus, Pauling, Ph.D. On the Orthomolecular Environment of the Mind: Orthomolecular Theory:
http://weeksmd.com/2008/03/linus-pauling-on-orthomolecular-psychiatry/
[4] Pauling L. Orthomolecular psychiatry. Varying the concentrations of substances normally present in the human body may control mental disease. Science. 1968 Apr 19;160(3825):265-71.
[5] Lehmann M1, Regland B, Blennow K, Gottfries CG. Vitamin B12-B6-folate treatment improves blood-brain barrier function in patients with hyperhomocysteinaemia and mild cognitive impairment. Dement Geriatr Cogn Disord. 2003;16(3):145-50
[6] H. Yorulmaz, F. Burcu Seker, B. Oztas. Effect of Vitamin E on Blood-Brain Barrier Permeability in Aged Rats with PTZ-Induced Convulsions. Neurophysiology. March 2011, Volume 42, Issue 5, pp 349–35
[7] Csikszentmihalyi M. Fluir (Flow). Una psicología de la felicidad. Editorial Kairós. 2008.
[8] Barker BS & Dawson SK: The Effects of Animal Assisted Therapy on Anxiety Ratings of Hospitalized Psychiatric Patients. Psychiatry Serv 1998; 49:797-801.
[9] Bara Y, Savorai O, Mavashev S & Beni A: Animal assisted therapy for elderly schizophrenic patients: a one-year controlled trial. Am J Geriatr Psychiatry 2001; 9:439-42.
[10] Miller J & Ingram L: Preoperative nursing and animal-assisted therapy. AORN J 2000; 72:477-83.
[11] Dimitrijević I. Animal-Assisted Therapy – A New Trend In The Treatment Of Children And Addults. Psychiatria Danubina, 2009; Vol. 21, No. 2, pp 236–241.

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Sismo del 19-S: un México que se tambalea pero que no se doblega ante la adversidad

Muchos mexicanos que sobrevivimos a los sismos de septiembre de 2017, y que no tuvimos la desagradable experiencia de perderlo todo, nos estuvimos preguntando durante no mucho tiempo, ¿qué puedo hacer yo por todas esas personas que están sufriendo la brutal embestida de un terremoto de esta magnitud (7.1 en la escala de Richter), y que en medio de toda esa adversidad están dispuestos a comenzar de cero con un proyecto de vida diferente? Ya se detuvo a pensar, querido lector, cómo ayudar desde su trinchera a un pueblo con una inteligencia emocional de ese tamaño?

La respuesta en principio parece obvia, sobre todo si se asoma uno a las redes sociales y a los grupos de WhatsApp, y advierte lo que están haciendo la mayoria de los compatriotas: donar en cualquier centro de acopio o en el lugar de los hechos, víveres, ropa, enseres domésticos, herramienta, maquinaria, medicinas, en fin, todos esos recursos que los mismos rescatistas, personal de la marina, del ejército y de distintas instituciones están solicitando a través de las redes sociales y los medios de comunicación.

Un sinnúmero de voluntarios se han sumado a ofrecer sus servicios tanto para ayudar a la localización de personas, como para rescatar al prójimo de los escombros. Y en el contexto de lo que ha observado el autor de estas líneas, en un desastre como éste, no hay lugar para los pretextos ni excusas para no estar en posibilidad de ayudar, pues hemos visto cómo hasta los menos afortunados, contrarrestan esos supuestos obstáculos con una voluntad férrea que habiendo sido captada y desplegada en varios vídeos, se vuelve viral de la noche a la mañana en los medios sociales de esta bendita web. Supimos incluso de una viejecita (derecha) que aún habiendo acudido descalza al centro de acopio, aportó lo que pudo para alentar al que ahora probablemente tiene menos que ella. Vimos también cómo un hombre en silla de ruedas (izquierda), se afanaba removiendo escombros para ayudar a los rescatistas en su loable y difícil tarea. En el zócalo de Xochitepec, el poblado que se encuentra a unos 5 kilómetros de nuestras instalaciones, en pleno estado de Morelos, fuimos testigos de cómo sus habitantes acudían con desbordado entusiasmo, a dejar una bolsa de despensa para ayudar a los damnificados de Jojutla, Zacatepec, Jiutepec, Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Tlayacapan, entre otros tantos municipios sensiblemente afectados por el terremoto del 19-S.

Me llena de orgullo saber que esa gente esté pisando el mismo suelo que me vio nacer, y que hace ya más de una semana nos estremeció a todos los que nos encontrábamos en los estados de Chiapas, Oaxaca, Morelos, Guerrero, Puebla y Ciudad de México principalmente. Admiro a toda esa gente que vibró al unísono con ese movimiento trepidatorio tan característico de un terremoto que intimida y deja huella: una huella difícil de borrar aún a 32 años de haber sufrido un embate similar.

Me alegra saber que todavía existen seres humanos con ese nivel de inteligencia emocional y con esa extraordinaria capacidad para reinventarse, que no precisa de dirigentes corruptos, trajeaditos y bien peinaditos, para organizarse y decidir qué hacer en momentos de crisis, y cuyo único interés es apoyar de manera incondicional al necesitado, a ese ciudadano que el día de mañana no escatimará esfuerzos para tenderle la mano a un semejante en condiciones similares y que hoy por hoy, merece ser parte de una sociedad que ya no permite el desvío de los recursos que ella misma ha generado, por parte de la clase politica que intenta beneficiarse con el despliegue de campañas electorales inútiles, y que gracias a esa capacidad de resiliencia, hoy le da una lección de humildad a un presidente inepto, que está empecinado en someter a una población devastada por la corrupción y la impunidad.

Los mexicanos no queremos construir muros que nos dividan más de lo que ya estábamos, antes del 19-S, y los muros que hemos visto caer justo ante nuestro atónitos ojos, más allá de convertirse en escombro, nos recordarán siempre que el sufrimiento ajeno hay que percibirlo como si fuera nuestro, para hacerle saber al prójimo que nos importa. Y es que la vida es un continuo devenir, y tarde o temprano, aquellos que están construyendo muros para dividir, no encontrarán quien les ayude a levantarlos cuando se caigan.

Y  ese mensaje que me he permitido escribir en cursiva en el párrafo anterior, es el que quisera transmitir desde esta modesta trinchera, a los magnates y directivos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), así como a los insensibles e inoportunos propietarios de la cadena de tiendas Bershka, por la actitud tan vergonzosa que mostraron ante los hechos de este fatídico 19-S.

En contraste con la empatía de esa viejecita que donaba lo poco que tenía y el coraje y la determinación de aquel héroe en silla de ruedas, los representantes legales del Tec de Monterrey no han querido responder por la muerte de cinco de sus alumnos. Los padres de muchos jóvenes que se encontraban cursando la preparatoria en el plantel Xochimilco (una de las zonas mas afectadas por el sismo), han solicitado a los directivos de esa institución, asuman la responsabilidad por su negligencia, debido a que dicho plantel presentó anomalías estructurales a consecuencia del sismo del 7 de septiembre. Pese a ello, las autoridades escolares continuaron sus labores como si nada hubiera sucedido, y el sismo del 19-S terminó de derrumbar varias estructuras del plantel, que ocasionaron la muerte de cinco alumnos y lesiones en un gran número de personas. Durante una reunión entre padres y personal administrativo del ITESM, una de sus representantes alcanzó a soltar: “el campus Ciudad de México es un ejemplo de resiliencia, que significa adaptación al medio y al entorno, ante las adversidades. Nuestro campus es resiliente porque un día se nos inunda, y al día siguiente estamos trabajando, y luego pasa otra cosa, y al día siguiente ya estamos trabajando”.

Y luego pasó otra cosa: que cinco alumnos pagaron el precio de esa “resiliencia”, que en este caso pasó a ser más bien inconsciencia, o mezquindad, diría yo (había yo escrito irresponsabilidad pero me quedé corto y preferí mezquindad, porque les viene como anillo al dedo). ¿Y dónde están los representantes legales del ITESM? … pues siguen trabajando.
Hubo un tiempo en que hasta sentí orgullo de haber estudiado una maestría en el ITESM, dado el prestigio que para mi tenía esa institución en el ámbito científico y tecnológico. Hoy me avergüenzo de haber recibido un certificado de estudios de una institución con intereses tan mundanos (véase aquí el reporte completo de la situación actual entre las familias afectadas por el sismo y esa élite de prepotentes).

Y los diseñadores de la imagen de los escaparates de la cadena de tiendas Bershka, no se quedaron atrás. Estos singulares personajes se sacaron el premio mayor, ambientando sus mercancías como queriendo expresar no se qué: ¿atrevimiento?, ¿desafio?, ¿temeridad? Me reservo mi opinión para no faltarle el respeto a quien se le ocurrió semejante estupidez, más de como se lo faltaron en Twitter, aquellos que protestaron ante esa falta total de sensibilidad y sentido común (derecha). Y al propietario de la patente de Bershka, puede ser que le convenga cambiar de marca, porque después de esto, dudo mucho que sus ventas vuelvan a ser las de antes del 19-S.

Pero bueno, haciendo a un lado esos dos negritos en el arroz, mientras nos disponíamos a responder con el mismo entusiasmo con el que lo estaban haciendo aquellos connacionales que sí son capaces de percibir el sufrimiento ajeno como propio, algunos grupos con los que compartíamos noticias y mensajes en nuestros móviles, nos comentaban que había que participar de una manera más creativa, ya que en algunos centros de acopio, la oferta de algunos víveres estaba superando por mucho a la demanda. Era necesario concentrar esfuerzos en identificar con mayor precisión las necesidades de los que estaban más cerca de nuestro domicilio, y en localizar las zonas en donde se encontraban los más afectados.

Se estaban dando casos por ejemplo, en donde los rescatistas requerían ya no tanto de café, comida y agua (que era lo que la mayoría de la gente había comenzado a llevar por impulso, a las zonas más afectadas), sino de intrumental médico, material y equipo de enfermería; así como escaleras, madera, herramienta y maquinaria para taladrar y cortar materiales de construcción. “Yo no dispongo de ninguna de esas cosas“, pensé.
En tanto una conocida reportera de Televisa se esmeraba en acaparar la atención de su teleauditorio, en torno al rescate de una niña de nombre Frida que después se supo nunca existió, yo ponía atención a lo que los rescatistas solicitaban a quienes en ese momento estábamos viéndolos a través de la red social de Youtube. Y aunque un servidor se encontraba en Xochitepec, Morelos, a casi 100 kilómetros de la Ciudad de México, quería identificar las necesidades que ese grupo de voluntarios tenía, al estar buscando personas con vida en lo que había sido por muchos años, la escuela Enrique Rébsamen.

Entre que Aristegui hacía todo lo posible en poner al descubierto el espectacular montaje de Televisa, y los pobladores de San Gregorio Atlapulco, agredían y corrían de sus calles al jefe delegacional de Xochimilco, de pronto alcancé a escuchar cómo una voluntaria que estaba apoyando en las labores de rescate, solicitaba el envío de antidepresivos al Colegio Rébsamen. Y fue entonces cuando me quedó claro el papel que podríamos desempeñar la Fundación Micromédix y un servidor, en medio de toda esa vorágine de confusión y esperanza. Porque el primer pensamiento que me asaltó fue: “espérame… ¿están pretendiendo medicar a esos niños con antidepresivos?”

Y es precisamente aquí donde está el fondo y la intención de esta publicación: no se trata de brindar ayuda con lo primero que se nos ocurra, ya sea por falta de alternativas, o porque no conocemos otra forma de hacer las cosas. Si hemos de ayudar a esos niños, pensemos bien cómo podemos rescatarlos ya no de los escombros, sino de ese impacto emocional tan brutal que han sufrido; pero sin obviar las consecuencias que nuestras decisiones pueden producir a largo plazo. Porque no les vamos a dar Prozac, Paxil, Zoloft, Lexapro y no sé que más, con tal de estabilizar su sistema nervioso central.

No estoy de acuerdo en proceder impulsivamente, subestimando los efectos secundarios que los fármacos pueden producir en esos niños. No vaya a ser que se verifique aquello de que “sale más caro el remedio que la enfermedad”.  Y si de lo que se trata es rescatar a esos pequeños de un trastorno de estrés postraumático, por llamarle de alguna manera a su condición emocional, ha de ser con extracto de arándano azul, microdosis de pasiflora, valeriana, hierba de San Juan, o lúpulo, y no con ansiolíticos, antidepresivos o antipsicóticos. En casos más severos recurriremos tal vez a la taurina, al GABA y al inositol, que son nutrientes que ayudarán más, que una droga legal sintetizada en el laboratorio.

Cuando escuché a un niño del colegio Rébsamen, relatar cómo los muros de su escuela se desplomaban para convertirse en polvo en cuestión de segundos, advertí que iba a ser necesario también contar con microdosis de fenogreco, eucalipto, gordolobo, tomillo y muy probablemente de estafiate, para contrarrestar las secuelas que ese polvo iba a ocasionar en las vías respiratorias de todos esos muchachitos, que no necesariamene serían los que habían salido “ilesos” de ese colegio, sino tal vez muchos otros que estando en otros estados de la república, tuvieron que encarar la misma adversidad.

Quiero enfatizar que a esas horas, miles de niños se encontraban todavía tomando clases en sus respectivas escuelas, y que el haber respirado el polvo emanado por los derrumbes, demandará la administración apropiada de esas plantas medicinales en microdosis, porque no dudo de que muchos de ellos desarrollen bronquitis y otras infecciones que por lo regular vienen acompañadas de fiebre.

Así, La Fundación MicroMédix estará aportando las sustancias activas de las plantas medicinales que ayudarán a esos niños a superar el trauma al que se vieron sometidos, tanto emocional como físicamente. Y aunque la fundación cuenta con las plantas medicinales y la mano de obra necesaria para elaborar las microdosis, no dispone de algunas materias primas, como son los goteros que sirven para envasarlas, ni con el servicio de tansporte que se necesita para hacer llegar a esos niños, dichos suplementos.
Es por eso que a través de este comunicado, estamos solicitando el apoyo de la población en general, para que tengan a bien donar los envases y el servicio de paquetería o de transporte que hará posible distribuir adecuadamente los productos que esos niños están esperando recibir. Usted, al igual que un servidor, seguramente encontrará una manera de ayudar a los que ahora tienen menos, acorde con sus recursos y aptitudes, y la Fundación MicroMédix está en la mejor disposición de hacer que su apoyo llegue a buen puerto, sin desviar recursos como suele hacerlo la clase política, cualesquiera que sea la forma en la que usted decida contribuir a que México se reinvente.

Asimismo, si usted fue una víctima de este lamentable suceso y necesita ayuda para superar el trauma por el que está pasando, ya sea porque no puede dormir, porque está sufriendo de ataques de ansiedad o de pánico, o por alguna otra secuela originada por los dos terremotos de septiembre, puede consultarnos si ningún costo, dejando su comentario en esta misma sección.
Si su problema no ha surgido a causa de los sismos del 19-S o del 7-S, le suplicamos concerte aquí una cita, ya que en esta sección, solo estaremos atendiendo de manera gratuita a las personas que efectivamente fueron afectadas por los sismos que azotaron nuestro país, el pasado mes de septiembre.

Mexicano: felicítate por ser ahora una mejor persona, y aunque tuvo que temblar para que eso se diera, queramos o no, todos seremos diferentes después del 19-S.
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 29 de septiembre de 2017


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Maquiavelo y el príncipe de la salud

El modelo de negocio

Todo negocio tiene un modelo, y así como Maquiavelo vio en César Borgia el modelo que todo aspirante a príncipe debía imitar para conseguir sus fines, más o menos así la industria farmacéutica encontró en “El Príncipe” de Maquiavelo, el modelo a seguir para la materialización de sus metas: una riqueza de alrededor de 400 billones de dólares [1] y un poder de dominio extremo sobre sus consumidores (el pueblo) y sus soldados de bata blanca (el ejército de mercenarios). Riqueza y poder es todo lo que un príncipe de la salud (un magnate de la industria farmacéutica) necesita para mantener a flote su negocio. Tanto para uno de ellos como para Maquivelo, “el fin justifica los medios”, sean cuales sean éstos.

Y de la misma manera en que algunos cronistas han apuntado que esa frase no la escribió así Maquiavelo, sino que más bien fue la conclusión a la que llegó Napoleón después de haber leído “El Príncipe”, algo similar sucede con aquello de que “los hombres se conducen principalmente por dos impulsos: o por amor o por miedo”. Esta idea, si bien no la escribió Maquiavelo tal y como la he citado, muchos comentaristas e historiadores coinciden en que refleja muy bien una de sus líneas de pensamiento. Y esa idea es una de las que más explotan los príncipes de la salud para hacer que sus ventas se disparen, porque apelan al impulso que de acuerdo con su experiencia vende más: el miedo.

El miedo como impulso para motivar la compra

Es así como se construyen campañas enteras de publicidad para atemorizar a toda una nación, con el único fin de que se vacune contra la gripe aviar, la porcina, la influenza estacional, etc. Las autoridades gubernamentales, en alianza con los medios de comunicación masivos y en contubernio con los laboratorios farmacéuticos, tienden a exagerar las consecuencias de no vacunarse. Los príncipes de la salud convencen, o en el peor de los casos sobornan a las instituciones sanitarias y a los medios de comunicación masivos, para que ellos a su vez “instruyan” a los médicos sobre cómo fomentar una campaña nacional de vacunación.

Según ellos, la intención es evitar que un virus se propague, cuando en realidad lo que pretenden es venderle al gobierno sus vacunas. La mayoría de las veces el virus no representa una amenaza, o al menos no de la magnitud que los príncipes desearían que tuviera. En el capítulo 9 ahondaré más sobre esta práctica médica tan difundida ya por otros investigadores independientes [2].
Por otra parte, en el consultorio médico, algunos doctores acostumbran infundir miedo en sus pacientes, haciendo uso de comentarios intimidatorios. Así, hay quienes podrían externar por ejemplo: “es muy importante que ordene este examen, de lo contrario, usted podría sufrir un ataque cerebral”, o “si no se pone estas gotas podría quedarse ciego”, o “si para mañana usted no se ha operado, podría perder su pierna”, y cosas por el estilo.

Los expertos en comunicación llaman a este tipo de mensajes apelaciones basadas en el factor miedo. Este tipo de apelaciones crean una respuesta emocional ante la amenaza de una enfermedad, una discapacidad o la muerte, cuya finalidad es provocar un cambio de comportamiento (capítulo 2). Hay médicos que apelan a este recurso para venderle una cirugía a un paciente, que ya de por sí es cliente. Para ellos es fácil usar el miedo como instrumento de venta, porque saben muy bien que el miedo es un poderoso motivador.
En el capítulo 3 analizo con mayor detalle, las oportunidades de venta que puede generar esta práctica, las consecuencias negativas que tiene para un paciente el escuchar comentarios de esa naturaleza, así como las medidas que pueden tomar los consultantes para evitar que la autosugestión inducida por el médico, les produzca un efecto nocebo.

La viabilidad del modelo maquiavélico en la era del conocimiento

Sin embargo, aunque esos príncipes de la salud le hayan comprado a Maquiavelo la idea de que más vale infundir miedo que darse a querer (sin ser odiado), puede ser que esa máxima ya no les alcance para seguir engañando a una población de e-pacientes que hoy está mejor informada, que ya no está influenciada por los antiguos medios de comunicación masivos. Como vimos, esos príncipes insisten en desplegar impresionantes campañas de publicidad para infundir miedo a sus súbditos (consumidores), ya sea por medio de la exageración del daño que puede causarles un virus, o bien extendiendo los límites de los factores de riesgo implicados en el desarrollo de muchas enfermedades (capítulo 9).

El punto es que no parece viable que un modelo maquiavélico pueda seguir funcionando en plena era del conocimiento, tal y como lo venía haciendo desde la época del renacimiento. No hace mucho tiempo, los periódicos, las revistas, la radio y la televisión no permitían que sus lectores, radioescuchas y telespectadores consensuaran los mensajes que recibían, porque éstos eran y siguen siendo medios de comunicación unidireccionales. La “información” transmitida reflejaba exclusivamente los intereses de aquellos que patrocinaban los mensajes de texto y los programas que entretenían a las masas de aquel entonces. “Al pueblo, pan y circo”, decía el poeta romano Juvenal.

Hoy en día, con la proliferación de teléfonos inteligentes dotados de servicios como el whatsapp y de computadoras personales interconectadas a la Internet, los usuarios de las redes sociales de Salud 2.0 ya pueden consensuar los mensajes recibidos y tomar decisiones más sabias, basándose en lo que la inteligencia colectiva de esas redes colaborativas les aconseja. Así, los príncipes de la salud y sus soldados de bata blanca ya no la tienen tan fácil, porque deben persuadir a una inteligencia colectiva que está mejor informada e interconectada, no solo con los creadores del contenido que se transmite, sino también con el resto de prosumidores. Esos príncipes ya no están causando una buena impresión dentro de los nuevos medios de comunicación, y les está costando mucho trabajo controlar a su propio ejército, porque resulta que muchos ex-mercenarios, ya se dieron cuenta del fraude, y están dando a conocer lo que los príncipes les están haciendo a sus súbditos. Y para muestra, un botón. ¿Más botones? Existe este otro y muchos más en las referencias bibliográficas de los demás capítulos del libro “Comerciando con la salud. El negocio del ejército farmacéutico y sus soldados de bata blanca“.

Salud y política: si quieres lucrar, tienes que olvidarte de la ética

Es aquí donde los príncipes de la salud se están equivocando, al intentar aplicar el modelo político de Maquiavelo a su modelo de negocio, porque en todo caso, lo que Maquiavelo aconsejaba a los príncipes, era deshacerse de los ejércitos mercenarios, y apoyarse en soldados comprometidos con su patria. El que los profesionales de la salud no estén dispuestos a comprometerse con la salud de sus pacientes, es una consecuencia directa de haber querido adoptar un modelo en el que la ética no tiene cabida.
Para Maquiavelo, la política y la ética son dos cosas que se excluyen mutuamente.
Todo parece indicar que a los príncipes de la salud les convino también separar la salud de la ética, y por lo tanto, regirse por lo que vendría siendo su manual de procedimientos, es decir, “El Príncipe”. Y si en la salud no se puede proceder con ética, entonces ¿Cómo es que los magnates farmacéuticos ofrecen salud a sus consumidores?

Pues igual que un príncipe de la época renacentista ofrecía paz y seguridad a sus súbditos, o sea, empleando toda clase de artilugios y engaños para aparentar que se está haciendo un bien, cuando la realidad es otra. Maquiavelo proclamaba que los seres humanos debíamos ser realistas, porque las cosas no son como a uno le gustaría que fueran. No obstante, los años han pasado y el realismo de la Italia del siglo XVI, es bien diferente al realismo de la era del conocimiento que a usted y a mí nos ha tocado vivir. Basándose en el realismo de su entorno y de su época, Maquiavelo aconsejaba adquirir principados por cualquier medio y a cualquier precio. En este orden de ideas, podría decirse que se concretaba a recomendar lo que había visto que a los príncipes les daba resultado, tal y como lo haría un buen consejero en nuestros días (sin tergiversar los hechos). En el capítulo XVIII del Príncipe, “De qué modo los príncipes deben guardar la fe dada”, este polémico historiador y filósofo político, lo expone de manera muy puntual:

“En las acciones de todos los hombres, pero especialmente en las de los príncipes, contra los cuales no hay juicio que implorar, se considera simplemente el fin que ellos llevan. Dedíquese, pues, el príncipe a superar siempre las dificultades y a conservar su Estado. Si sale con acierto, se tendrán por honrosos siempre sus medios, alabándoles en todas partes: el vulgo se deja siempre coger por las exterioridades, y seducir del acierto. Ahora bien, no hay casi más que vulgo en el mundo; y el corto número de los espíritus penetrantes que en él se encuentra no dice lo que vislumbra, hasta que el sinnúmero de los que no lo son no sabe ya a qué atenerse” [3].

Los espíritus penetrantes y la corte de los Medici

No sé si el porcentaje de lo que Maquiavelo llama vulgo haya sido mayor en la población de hace 500 años, que el que existe en la actualidad; pero lo que me queda clarísimo es que hoy hay más espíritus penetrantes que sí se animan a decir lo que vislumbran, porque están mejor informados y porque tienen a su alcance, medios apropiados para decir lo que vislumbran. Y lo que yo he alcanzado a vislumbrar, es que sí hay médicos que están aplicando el modelo maquiavélico en el ejercicio de su profesión. A este respecto, el Dr. José Octavio Ruíz Speare se atrevió a publicar al final de su artículo “Liderazgo en medicina”, la siguiente cita [4]:

«Debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso en su triunfo, ni más peligroso de manejar, que introducir un nuevo orden. El innovador se convierte en enemigo de todos los que se beneficiaban en el antiguo régimen, y sólo se gana la tibia aceptación de los que se beneficiarán con el nuevo ordenamiento. Así, por muchas cuestiones, la medicina es un mundo político, como la corte de los Medici.»   Niccolo Machiavelli (1469-1527).

Quiero pensar que el Dr. Ruiz (izquierda) debió haber cerrado sus comillas justo después del vocablo “ordenamiento”, y que lo que resta de la cita es de su autoría. Si usted leyó una edición estándar de “El Príncipe”, como la que tiene el autor de estas líneas, advertirá que la idea de que “la medicina es un mundo político, como la corte de los Medici”, podría estar reflejando el pensamiento del Director del Cuerpo Médico del Centro Médico ABC, porque hasta donde yo vislumbro, Maquiavelo nunca escribió semejante analogía.
Ahora, suponiendo que el Dr. Ruiz hubiera tenido acceso a una edición diferente de “El Príncipe”, en la que Maquiavelo efectivamente hubiera escrito esa sentencia, eso implicaría que no hay ninguna diferencia entre la ética de Maquiavelo (si es que él hubiera tenido alguna) y la de un príncipe de la salud.

Las intrigas y las anécdotas que tuvieron lugar durante la dinastía Medici, evocan invariablemente escenas de muerte y destrucción. La famila Medici le encomendó a Nicolás Maquiavelo algunos trabajos, y él trato inclusive de congraciarse con algunos de sus miembros, para que le permitieran regresar a la política, después de que ellos mismos lo encarcelaran y torturaran por haber colaborado anteriormente con la República de Florencia. De hecho, Maquiavelo dedicó El Príncipe a Lorenzo de Medicis, con la intención de poder obtener tanto su perdón como un cargo público.

Esta siniestra familia practicó la alquimia y el hermetismo, fomentando su desarrollo en la corte [5]. En aquella época, era muy común la muerte por envenenamiento, y los Borgia, los Medici y los Sforza, adquirieron fama de envenenadores, porque no podían tolerar que alguien les estorbara en la consecución de sus fines. Para exterminar a sus oponentes, solían usar la cantarella (una mezcla de arsénico y vísceras secas de cerdo), o disfrazar el sabor desagradable del arsénico con comida muy condimentada. Fue así como Fernando de Medici envenenó con arsénico a su hermano mayor, el Gran Duque de Toscana, Francisco I, y a su cuñada Bianca Capello, porque no podía consentir que su sobrino Antonio, asumiera el Gran Ducado al que éste tenía derecho, por ser el único heredero del hermano mayor de los Medici.

Y ese es tan solo el caso más sonado de traición en la historia de los Medicis. Lo he traído a colación, porque de alguna manera, esa anécdota ilustra cómo ya desde esos tiempos, la alquimia era una actividad que proporcionaba ventajas a la hora de definir cómo controlar a los demás y cómo alterar el curso de las acciones en beneficio propio. Aprovechando los efectos que algunas drogas producían, la alquimia siguió evolucionando, hasta convertirse en lo que hoy se conoce como química moderna y farmacología.

Aunque a primera vista no parezca que lo que acostumbraban hacer los Medicis con la cantarella y el agua tofana, es prácticamente lo mismo que lo que hacen hoy los príncipes de la salud con sus fármacos, debo aclarar que el envenenamiento de Franciso I y su esposa, fue planeado astutamente por Fernando, de manera que los resultados no se vieran de inmediato. En opinión de la historiadora de la medicina Donatella Lippi, la intoxicación fue gradual, y la muerte de ambos cónyuges no sucedió sino hasta después de once días. De acuerdo con Lippi, Fernando de Medici debió haber calculado la dosis de arsénico como para causar una muerte lenta en su dos parientes. La historia completa y las evidencias que confirman la muerte por intoxicación con arsénico la puede ver aquí.
Lippi (derecha) pudo comprobar con una muestra de cabello facial del Duque de Toscana y algunos restos de su esposa, que la hipótesis previa de que ambos habían fallecido a causa de la malaria no era del todo cierta, ya que aunque los reportes oficiales revelaron que efectivamente estaban enfermos de malaria, ello no contradecía el hecho de que los niveles de arsénico en sus cuerpos eran altos, aunque no lo suficiente como para causarles una muerte súbita. La investigadora italiana declara en el vídeo anteriormente referido, que quien haya sido el autor del crimen, se aseguró de que no ingirieran una dosis letal, para no despertar sospechas entre los posibles testigos.

Enfermando al vulgo

A lo que quiero llegar es que ese mismo principio maquiavélico de adquirir el poder mediante perfidias, se aplica igualmente a los príncipes de la salud. Esos magnates farmacéuticos lo mismo le venden a un médico la idea de recetar Ritalin o Paroxetina a niños de 9 y 12 años, que la de prescribir clonazepam a quienes intencionalmente le ocasionarán un déficit nutricional de melatonina. El fin de los príncipes al recetar benzodiazepinas (como el clonazepam) y antipsicóticos a diestra y siniestra, es crear una farmaco-dependencia en los “pacientitos” de sus soldados de bata blanca, para que no paren de comprar esos venenos de acción prolongada, en donde el medio empleado es una intoxicación lenta pero redituable. Su fin justifica este medio. ¿Usted que opina, mi querido lector?

Como veremos en el capítulo 10, las atrocidades cometidas por la psiquiatría van más allá de lo maquiavélico, porque los Medicis y los Borgia exterminaban a aquellos que se interponían en su camino o a quienes tenían intereses diferentes a los suyos; pero no a los que Maquiavelo tildó de vulgo. El vulgo pagaba sus tributos y los enriquecía, ¡Cómo lo iban a exterminar! Además, si los Medici envenenaban lentamente a sus oponentes, era para no despertar sospechas. Y si ese escenario renacentista era ciertamente maquiavélico, lo que están haciendo hoy los príncipes de la salud no tiene nombre, porque están enfermando a ese supuesto “vulgo”, con síndromes de abstinencia disfrazados de efectos secundarios.

En la actualidad, estos maquiavélicos príncipes también calculan deliberadamente las dosis y las sustancias que son “apropiadas” para la intoxicación gradual del vulgo. Ni por asomo lo matarían rápidamente, porque despertarían sospechas de parte de los espíritus penetrantes y sobre todo porque se quedarían sin clientes… ¿Curarlos? … Igual se quedarían sin clientes.
¿Se da cuenta cómo funciona el sistema liderado por los magnates de la industria farmacéutica? A ellos les funciona muy bien, ¿y a usted?

Síndrome de abstinencia: una forma de iatrogenia

Alguna vez pertenecí al vulgo, no en el sentido peyorativo del término, sino en el que Maquiavelo le daba a este concepto. Como vimos, el vulgo era aquel sector de la población que no vislumbraba las malas prácticas de sus gobernantes. Pero como dije anteriormente, ahora existimos más espíritus penetrantes, es decir, personas que manifestamos lo que alcanzamos a vislumbrar lo que están haciendo los príncipes de la salud, y eso es lo que estoy haciendo en este momento: poniendo al descubierto las prácticas maquiavélicas que esos príncipes están empleando para enfermarnos subrepticia y paulatinamente. Eso es un acto cobarde. Una traición maquiavélica que se conoce técnicamente como iatrogenia calculada. La iatrogenia se define como el daño causado a un organismo por un medicamento, una operación quirúrgica o cualesquier otro procedimiento médico, ya sea de manera involuntaria, intencional, o por negligencia o ineptitud de un profesional de la salud.

En el cápitulo 7 se abordará este tema con mayor profundidad. Por el momento, ilustraré con un ejemplo la manera en la que un príncipe de la salud, consigue un fin que de ninguna manera justifica los medios.

Los antidepresivos: un negocio redondo

Los antidepresivos son los fármacos que los príncipes de la salud consideran idóneos para aumentar sus ventas, porque como decíamos anteriormente, están diseñados para crear un efecto iatrogénico calculado que consiste en agotar de manera intencional, uno o más nutrientes en el paciente. No se trata de un efecto secundario, sino de una treta para producir un síndrome de abstinencia.
Anteriormente mencioné el caso del clonazepam, un somnífero sintético que agota la melatonina que tiene usted en su cerebro para reemplazarla con benzodiazepinas.

Ahora permítame presentarle al bupropion (izquierda), un antidepresivo que agota en los organismos, un importante aminoácido llamado tirosina. Cuando el paciente suspende el bupropion de un día para otro, puede experimentar uno o más de los siguientes síntomas: baja presión arterial, baja temperatura corporal, hipotiroidismo, apatía, edema, fatiga, altibajos en el estado de ánimo, debilidad, dolor en articulaciones, síntomas parecidos a los de una influenza, aumento de peso, voz ronca, cabello seco, síndrome premenstrual y como cabría esperar, depresión. Esa es la clave del negocio: usted no se va a poder deshacer de su depresión, a menos que vaya corriendo a la farmacia y compre la siguiente dotación de bupropion. Ahí tiene usted, ese es el fin, y esos son los medios.

Ese subconjunto de síntomas que usted podría experimentar por déficit de tirosina, sería el síndrome de abstinencia provocado por el bupropion. Evidentemente, mientras más tiempo se haya estado expuesto a la droga, más intensos serán los síntomas y más difícil resultará la abstención. Y cuántos y cuáles de esos síntomas aparecerán a los dos o tres días de haber dejado de tomar el bupropion, es algo que depende de la individualidad bioquímica.
El colmo es que los príncipes de Zyban, que es una marca registrada de bupropion, le dicen a sus soldados de bata blanca, que lo receten a todo paciente que quiera dejar de fumar, porque su producto estrella disminuye la ansiedad y los síntomas de abstinencia que produce el cigarro. ¿Puede usted creer eso? ¿No son geniales estos príncipes de la salud para hacer negocios?: crearon una droga para personas que saben que son propensas a la dependencia, y luego se las ofrecieron para decirles que con ésta se iban a librar del cigarro, sin comunicarles que ahora en lugar de ser clientes cautivos de las tabacaleras, van a pasar a ser propiedad de Zyban. Eso es lo que yo llamo ser un vendedor maquiavélico profesional, en toda la extensión de la palabra. ¿Alcanza usted a vislumbrar cómo se las gastan estos príncipes de las salud?

La cuestión es analizar si uno es parte de ese vulgo al que se refería Nicolás Maquiavelo. Y si usted ya es un espíritu penetrante, difícilmente se dejará engatusar. Y a propósito de engañar, no quisiera dejar de mencionar otra de esas prácticas a las que suelen recurrir los príncipes de la salud para incrementar sus ventas. Se trata de hacerle creer a la gente que está enferma, aunque no lo esté.
Retomando el ejemplo del bupropion, ellos intentarán venderle la idea de que usted está deprimido, cuando en realidad solo se siente triste o desanimado. Querido lector, es completamente normal que a veces una persona se sienta triste, decaída, o desmotivada; pero eso no significa que haya que acudir a un psiquiatra, para que después de cruzar tres o cuatro palabras durante unos 15 minutos de consulta efectiva, le extienda un ridículo papel muy bien membretado, con una leyenda que solo él y el farmacéutico pueden descifrar, y que contiene órdenes expresas para intoxicarse voluntariamente. No logro entender cómo este rito se sigue repitiendo una y otra vez en plena era del conocimiento.

Los príncipes están enfermos de TADP* y no lo saben

Ahora, si usted realmente estuviera padeciendo depresión, porque ya lleva días enteros sin que nada ni nadie lo incentive, entonces, en lugar de acatar ciegamente las órdenes de uno de esos soldados de bata blanca, le aconsejo tomar tirosina y olvidarse de los síndromes de abstinencia y de los príncipes maquiavélicos: esos personajes enfermos de “Trastorno de Ambición Desenfrenada de Poder” (TADP)*, que luchan por conquistar a un “vulgo de espíritus penetrantes”, con una inteligencia colectiva que ya no puede ser seducida únicamente con pan y circo, que sabe a qué atenerse, y que alcanza a vislumbrar más allá de una millonaria campaña publicitaria y de lo que hay detrás de una pulquérrima bata blanca.

Si usted es partidario de la forma en que procede el sistema de salud tradicional, respetaré su punto de vista, esperando que presente argumentos convincentes para defender su posición. Para estar en consonancia con lo anterior, el autor le agradecerá sobremanera, adoptar también una actitud respetuosa ante lo que aquí se ha expresado.

© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 15 de Marzo de 2017


Los demás capítulos de “Comerciando con la salud. El negocio del ejército farmacéutico y sus soldados de bata blanca”, los encuentras en la sección de Libros


*No existe por supuesto una enfermedad con ese nombre y esas siglas; pero me encanta parodiar a la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), inventando términos que encajarían perfectamente en su “Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM)”.

REFERENCIAS

[1] Angell Marcia. The Truth About the Drug Companies: How They Deceive Us and What to Do About It. Random House Trade Paperbacks. 2005
[2] Jara Miguel. La salud que viene: Nuevas enfermedades y el marketing del miedo. Ediciones Península S.A. 2009
[3] Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe, Capítulo XVIII. Espasa-Calpe S.A.
[4] Ruíz Speare José Octavio. Liderazgo en medicina. Anales Médicos. Vol. 59, Núm. 3, Jul.-Sep. 2014 p. 219 – 227.
[5] Romero García Eladio. Breve historia de los Medici. Ediciones Nowtilus, S.L. 2015.


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Escucha de voces: complementando su tratamiento con terapia cognitiva conductual

pacienteSe describe un tratamiento complementario con terapia cognitiva conductual, que puede contribuir a eliminar las alucinaciones auditivas, cuando una persona con esquizofrenia o trastorno bipolar, no ha respondido a las microdosis y la medicina ortomolecular (nutrientes en dosis terapéuticas), en el tiempo que se esperaba.
Cuando el paciente ha estado expuesto a un estrés continuo, o los familiares del mismo se confían o se desentienden de la evolución de sus síntomas, pueden sobrevenir recaídas o persistir las molestias derivadas de las alucinaciones y los delirios.

El entorno social y los conflictos familiares pueden desencadenar una crisis

terapiaYo puedo estar muy al tanto de las dosis y los modos de administración de cada uno de mis pacientes; pero no tengo manera de enterarme de los conflictos familiares que pudieran estar afectando a cada uno de ellos, a menos que él (ella) o alguno de sus familiares, me lo informe por medio de una llamada telefónica o un mensaje de correo electrónico. Una discusión acalorada entre los miembros de la familia o un padre intransigente que desconoce las consecuencias que una actitud de esa índole puede llegar a tener sobre la autoestima de su hijo o hija, provoca en él/ella impotencia y frustración, que se traducen en angustia, depresión y a veces hasta en ira [4].

Esos sentimientos son señales de alarma que hay que atender, antes de que impere el caos en la familia.
Para evitar llegar a esos extremos, conviene que el paciente comience a sostener pláticas de terapia cognitiva conductual y que detenga temporalmente la disminución gradual de las dosis de sus antipsicóticos, o integre por ejemplo, algún sedante natural a su tratamiento, con la finalidad de evitar una recaída o un empeoramiento de los síntomas.

El caso de Armando

pacientesArmando es una persona en extremo responsable; tanto, que quizás a eso se deba el que haya tenido más problemas que beneficios, al estarse esmerando en sus estudios, justamente en esta etapa de su vida en la que quiero pensar, que por estar tratando de demostrarle a su señor padre que no es un desobligado, ha vuelto a escuchar voces. Tanto él como Ezequiel, que es otro de los pacientes que estuve tratando hace algunos años y cuyo nombre también he cambiado para proteger su verdadera identidad, sienten que están obligados a terminar su carrera, en un tiempo relativamente insignificante en relación a lo que todavía les queda por vivir.

Pareciera que no alcanzan a ponderar con suficiente objetividad el valor de su estado de salud.
Hablando en términos más generales, he observado que las desavenencias familiares, las condiciones desfavorables del entorno, la diferencia de opiniones de los tutores del paciente en relación al tipo de medicina que se ha de emplear para tratarlo (medicina ortomolecular o sistema de salud mental tradicional) y la vulnerabilidad que una persona presenta para desarrollar esquizofrenia, no son una buena combinación.

milt-greekA Armando no le convenía comenzar a estudiar una maestría, por el nivel de estrés que eso implica. Lamentamos que haya prestado atención a los insultos de su padre y a los comentarios de un hermano que dista mucho de ser un ejemplo a seguir. Siempre que sea posible, hay que evitar que una persona con esquizofrenia escuche mensajes negativos de quienes le rodean. De acuerdo con Milt Greek (derecha), “la gente que sufre de esquizofrenia es una esponja emocional” [1], y estoy parafraseando a alguien que logró superar el problema y que ahora, además de haber escrito un libro entero sobre el tema, se desempeña como programador de computadoras y da pláticas dirigidas a profesionales de la salud.

esquizofreniaComo yo lo veo, el que alguien se comporte como una esponja emocional, obedece a la forma en la que procesa los estímulos que percibe a través de sus sentidos, y a la seriedad que le asigna a las interpretaciones que hace de los acontecimientos. Si usted y yo por ejemplo, viéramos una película que mostrara un dinosaurio devorando un ser humano, es posible que quedáramos impresionados de momento; pero seguramente ese acontecimiento no trascendería más allá de una pesadilla.

Una persona con ideas delirantes sin embargo, podría interpretar esa misma escena, como un preámbulo del fin de la humanidad. En este orden de ideas, si a usted le preocupa que las voces que alguna vez escuchó su familiar, vuelvan a “resonar en su cabeza”, por favor no lo manifieste enfrente de ella/él. Si no puede evitar la ansiedad que eso le produce, por lo que más quiera, no lo verbalice, o al menos no reiteradamente y en presencia de quien podría recaer por ese motivo, pues se sabe que dichos mensajes llegan a ser subliminales. Esto puede sonar como una profecía autocumplida. Créame que lo es.

La experiencia de Ezequiel con #LadyAsertiva

ladyasertivaEzequiel se encuentra en una posición más delicada. Sufrió maltrato psicológico de su madre por años. Sintiéndose regularmente indispuesta, humillaba a menudo a su hijo con expresiones del tipo “eres un inútil, no me ayudas en nada” y “tu papá hubiera preferido que no nacieras”. No hace ni una semana, ambos discutían, cuando en un arranque de desesperación, Ezequiel la empujó mientras le hacía saber que tenía hambre y que no había suficiente comida en la casa para saciarla. Sin haber recibido el menor daño físico, ella entró en pánico y decidió marcar al servicio 911 para solicitar que la policía se lo llevara.

Así las cosas, Ezequiel se encuentra en estos momentos en alguna parte de los EUA, en el estado de California, confinado en una especie de Casa Hogar que después supimos se trataba de una Hope House, medicado con olanzapina, solo, sin amigos, abandonado a su suerte y abrigando la esperanza de que los responsables de su confinamiento, excepto su madre claro está, cumplan con lo que hasta ahora le han prometido: prepararlo para conseguir un trabajo digno que le permita en un futuro, valerse por sí mismo.

hope-houseLo que tal vez ignoraba la madre de este joven cuando no pudo manejar el asunto de una manera más asertiva, es que muchos de los hijos que han sido confinados por sus padres en una institución de ese tipo, salen de ahí sintiéndose traicionados, con un gran resentimiento hacia ellos, por haber actuado así en contra de su voluntad, sin haber siquiera intentado un diálogo. Y es que muchos de esos padres no tienen ni la más remota idea de lo que significa el sentirse humillado de esa manera (para darse una idea de ello, véase mi entrega del 25 de agosto de 2016: El sistema tradicional de salud mental en entredicho).

Otra forma de ponerse en el lugar de Ezequiel, aunque ciertamente menos viable, sería pasar al menos un día en uno de esos centros psiquiátricos, simulando síntomas de esquizofrenia. Sobra decir que se necesita mucho más valor para hacer eso, que el que pudo reunir #LadyAsertiva cuando sintió el empujón que su propio hijo de 22 años le propinó, aquella infortunada tarde de septiembre (ella jamás salió lastimada de ese agravio). ¿Se imagina usted, querido(a) lector(a), lo que pasaría si cada vez que un desconocido lo(a) empujara en el BART (Metro de San Francisco), marcara usted al servicio 911 para reportar un incidente de esa naturaleza?

hijaA lo que quiero llegar con esta breve disgresión es que el recluir a un hijo para delegar a un perfecto desconocido el problema que en principio uno debe afrontar y resolver, es una postura por demás cobarde. Tenemos que estar conscientes de que recurrir a la policía para arreglar un asunto familiar, impulsados por el instinto primitivo de lucha o huida (ya se ve que aquí fue de huida), puede causar que nuestros hijos nunca nos perdonen un acto tan ruin. Hay que entender que ellos son los que están enfermos y nosotros somos lo único que les queda. Lo más amigable que hay a su alrededor.

 Paco y su crucial decisión

conductualPaco es un caso más que estamos atendiendo, en el que las voces tal vez no han sido un gran problema (todavía), pero en el que sí se aprecia una franca manifestación de otra clase de síntomas psicóticos positivos: los delirios.
Paco no estaba dispuesto a consumir suplementos que contuvieran nutrientes de origen animal, en concreto, se rehusaba a tomar el omega 3 (aceite de pescado) y la proteína de suero de leche. La creencia que sostenía su postura era: “no al maltrato de los animales”, según me informó Lourdes González, la consejera que lo estuvo atendiendo durante su tercera entrevista motivacional.

Pensando que no era necesaria todavía una intervención cognitivo-conductual, quisimos respetar esa creencia, ya que si bien estaba muy arraigada (100% de convicción), no representaba una amenaza para el tratamiento. Lourdes hizo lo posible para convencerlo de que tomara el omega 3, argumentando que el fabricante del producto que le habíamos recomendado, pertenecía a ese grupo de empresas que se autodenominan sustentables, que por estar a favor de la conservación del ambiente, también desaprueban el maltrato animal.

creenciasPaco aceptó de buena gana seguir tomando el aceite de pescado unos cuantos días más;  pero como no estaba muy convencido, pronto suspendió su consumo. A sabiendas del efecto que puede tener una creencia en el resultado de un tratamiento, respetamos su decisión y le propusimos que continuara con los demás suplementos, sustituyendo la proteína de suero de leche por proteína de soya. Confiando en que esa era la única creencia que podría afectar la evolución de sus síntomas, quedamos a la espera de que mejorara con la administración asidua de los suplementos de la receta para la esquizofrenia.

Su estado de ánimo mejoró después de aconsejarle una dosis diaria de 3 gramos de inositol, porque de acuerdo con lo que nos informó su mamá durante una consulta telefónica, Paco había comenzado a experimentar arranques de ira y a ponerse muy violento. Pensé que ello podía deberse a los efectos secundarios de un antipsicótico que el padre de Paco le había estado dando en forma de gotas, por recomendación de un psiquiatra de toda su confianza.

cognitivaEl inositol al principio ayudó; pero posteriormente las cosas se salieron de control, cuando este muchacho decidió suspender tanto el tratamiento natural que nosotros estábamos supervisando, como uno de los antipsicóticos que le había prescrito su psiquiatra. Su mamá hacía referencia al mismo como el “cuartito”, dándonos a entender que se trataba de un cuarto de tableta de un antipsicótico cuyo nombre no pudo recordar, cuando se lo preguntamos.

deliriosY este es un comportamiento que ha venido repitiéndose una y otra vez en varios casos, no solo en el de Paco. Sin previo aviso, algunos pacientes deciden suspender sin mayores averiguaciones, lo que han estado tomando por meses, a pesar de haber mejorado en todo ese tiempo. Y es en este punto en donde se debe recurrir a una serie de entrevistas motivacionales y de terapia cognitivo-conductual, para establecer una mejor relación con el paciente (rapport), a fin de conocer sus pensamientos automáticos, sus creencias, su manera de percibir el mundo y los motivos que puede tener para continuar con su tratamiento.

Cuando el estado de las cosas con un paciente llega a ese punto, ya no se trata tanto de la eficacia del tratamiento en sí, sino de lo que el afectado de esquizofrenia cree a cerca del mismo (véase también: “El poder curativo de las creencias y el coraje de vivir“, “El efecto placebo y los poderes curativos de la nutrición” y nuestro modelo de coaching de salud con entrevistas motivacionales).
Es imprescindible creer y confiar en lo que están haciendo usted y su ser querido. Si él/ella y/o usted no están completamente convencidos de las bondades de los tratamientos alternativos, concretamente de los beneficios que le pueden aportar la medicina ortomolecular, las microdosis y la terapia cognitiva de Aaron Temkin Beck, difícilmente habrá una recuperación.

Terapia cognitiva conductual para la escucha de voces y las creencias delirantes

vocesEs un tratamiento complementario que permite mejorar los síntomas de algunos trastornos mentales, mediante la modificación de creencias y la construcción de una nueva visión del mundo del paciente. “Desde esta perspectiva se parte del supuesto que las emociones disfuncionales que padecen los psicóticos, no tienen que ver directamente con los síntomas positivos del trastorno, sino con las creencias que mantienen sobre ellos” [2].
De acuerdo con Chadwick, Birchwood y Trower [3], la terapia cognitiva conductual consta de cuatro etapas básicas:

tratamiento1) Una entrevista preliminar, en donde el terapeuta se convierte en un aliado del paciente, estableciendo una relación de confianza; 2) una fase dedicada al descubrimiento de las creencias del paciente, de las evidencias que las respaldan, y de una escala para medir qué tan convencido está aquél de sus creencias; 3) un diálogo socrático en donde se cuestiona la validez de las creencias. Durante esta fase se espera que el paciente se de cuenta de que está malinterpretando los acontecimientos [4]; y 4) una serie de experimentos de comportamiento diseñados para poner a prueba las evidencias y rechazar así las creencias limitadoras planteadas en la fase 2. Es aquí donde el terapeuta ayuda al paciente a equilibrar su postura inicial, con pensamientos alternos (sustitución de creencias).
cognitivoEl concepto de pensamiento equilibrado es de vital importancia para entender el modelo ABC de la terapia cognitiva conductual. Me encanta la forma en que lo han expresado Morrison, Renton, French y Bentall, porque echa por tierra toda esa podredumbre contenida en los llamados libros de autoayuda. Para Morrison y sus colegas, “lo importante es darse cuenta de que no estamos defendiendo la conveniencia de recrearse en un pensamiento positivo absurdo, que puede ser tan poco realista como el pensamiento negativo. Más bien queremos decir que debemos cultivar un pensamiento equilibrado que saque partido de toda la información disponible” ([5], pg. 94-95).

Esa es una forma realista de actuar y de sentir, porque tan malo es ser un pesimista empedernido, como el tener la convicción de que uno puede lograr lo que sea, por absurdo que parezca, tan solo con desearlo fervientemente, que es el principio en donde descansa la ridícula “ley de la atracción”. Desde el punto de vista de la terapia cognitiva conductual, no hay mucha diferencia entre creer por ejemplo que uno puede leer la mente de los demás, y sentirse omnipotente, confiando en que se cumplirá la “ley de la atracción”, como si se tratara de la mismísima ley de la gravitación de Newton. Para una discusión más profunda de cómo alguien puede desarrollar todo su potencial sin fantasear, puede consultar “El éxito en tres palabras: ser y estar“, también de mi autoría.

El modelo ABC de Albert Ellis

modelo-abcEl modelo ABC de la terapia cognitiva conductual por tanto, no pretende construir castillos en el aire. Simplemente parte de los acontecimientos (A) y cuestiona las interpretaciones que el paciente hace de ellos (B: sus creencias/pensamientos), para determinar si los sentimientos que se están activando en él (C: consecuencias), amerita un cambio de creencias. Así, este modelo de terapia pretende sustituir las creencias limitantes del paciente por otras más positivas, a fin de que éste tenga una visión más equilibrada de la realidad.

El principio fundamental del modelo de Albert Ellis (TREC: Terapia Racional Emotiva Conductual) en realidad no es nuevo. Está inspirado en las enseñanzas de Epicteto, un filósofo estoico griego nacido en el año 50, a quien debemos otorgar todo el crédito de esa máxima que ahora hace eco en las mentes de los que han seguido a Beck y a Ellis desde principios de los 60’s: “no son los hechos los que nos perturban, sino las interpretaciones que hacemos de los mismos” [6].

Un caso real de terapia cognitiva conductual

entrevistaEn seguida explico cómo han sido las primeras fases de la terapia cognitiva conductual de Armando, el estudiante que se ha mudado a los EUA para continuar sus estudios de posgrado, y que por estar sometido a un continuo nivel de estrés, no ha podido librarse de las voces que tanto lo angustian. Armando acostumbraba acudir a su consulta en la Ciudad de México, y no fue sino hasta después de las dos primeras sesiones, que pude ganarme su confianza. Él estuvo disminuyendo las dosis de sus dos antipsicóticos sin ningún problema, y había estado tomando todos sus suplementos con una asiduidad poco usual.

Mes a mes, hacíamos ajustes a algunos suplementos e inclusive le recomendamos tomar rhodiola y 5-HTP para disminuir la ansiedad y el agotamiento que nos había manifestado tener en ciertas ocasiones. Su estado anímico mejoraba día a día y todo marchaba sin contratiempos, hasta que nos enteramos casi el mismo día que partía para los EUA, que había tenido una seria discusión con su señor padre. Ese acontecimiento, la presión que ejercía sobre él una maestra de la escuela superior a la que asistía, y el temor que le infundía la posibilidad de una recaída, rápidamente comenzaron a skypeinquietarlo.

A los poco días de haberse establecido en los EUA, las voces hicieron su nefasta aparición, poniéndolo en un estado de ansiedad aún más crítico. Fue entonces cuando decidí contactarlo por Skype, para comenzar con el procedimiento de la terapia cognitiva recién descrito.
Por alguna razón, a Armando no le preocupaban mucho los acontecimientos más recientes, así que hurgué en su pasado para identificar las creencias que entre los dos tendríamos que modificar para acallar las voces.

Después de entablar el consabido diálogo socrático, me quedó claro que lo que le atormentaba más de las voces no era tanto su contenido, sino su permanencia, al grado de sentirse incapaz de controlarlas.
En contraste con otro paciente que hace un par de años, pudo librarse de las voces con la dieta y los suplementos de nuestra receta para la esquizofrenia, y al que sí le perturbaban los insultos que las voces le proferían, a Armando lo que más le angustiaba, era que éstas nunca se callaban.

chatDe acuerdo con esto, la primera creencia que encontré y que está muy arraigada en él (yo diría en un 100% de convicción), es que “el no tiene control sobre las voces“. Otra creencia que alcancé a descubrir fue que “el contenido de las voces es irrelevante“, porque aunque tenía bien identificados a los personajes que las emitían, no se sentía ofendido.
La última creencia que hasta el momento he podido detectar, es que de acuerdo con su experiencia, “el sonido de las voces es real”.

Él no cree que sean imaginarias. No obstante, esta creencia no pareció tener muchas evidencias que la soportaran, pues durante la consulta, sostuvimos el siguiente diálogo (palabras más, palabras menos):

consultaSergio: ¿Y qué te hace pensar que las voces son reales?
Armando: Ah, pues porque tienen un sonido muy propio. No puedo estar imaginándolas
S: Pero a ver Armando… dime, ¿tú eres un científico no?, y seguramente sabes cómo se generan las palabras…
A: Claro. Con las cuerdas vocales
S: Ahora dime una cosa, ¿sabes de alguien que haya podido emitir alguna palabra sin cuerdas vocales?

A: No, eso sería imposible
S: Entonces, si no hay cuerdas vocales, no puede haber voces, ¿o sí?
A: por supuesto que no
S: Ahora dime… ¿tú tiene cuerdas vocales en tu cabeza?
A: No
S: Y entonces, ¿cómo puede haber voces si no hay cuerdas vocales que las produzcan?

consulta-familiarSe produjo una pausa en la conversación, porque de momento no encontró alguna evidencia que respaldara su creencia original: “las voces son reales”. Tratando de romper el silencio que estaba imperando a lo largo de los miles de kilómetros que había entre las dos computadoras, quise que reflexionara un poco más sobre la cuestión, e insistí:
S: ¿Cómo puede ser real una voz que no proviene de unas cuerdas vocales?

Mediante la pregunta anterior lo estaba invitando a que entre los dos, encontráramos una creencia alternativa (un pensamiento que equilibrara su presunta realidad).
S: ¿No podría ser que tus voces fueran en realidad, tus propios pensamientos, y no las voces de otras personas?
A: Pues sí, es posible
S: ¿Crees que tus pensamientos son reales?  -le dije a Armando para no dejarlo en el vacío, sin una creencia que sustituyera a la anterior.
A: Sin duda.
S: ¿Y tus voces, entonces… son reales?
A: No

escuchaComo me di cuenta de que no había podido refutar el hecho (acontecimiento) de que su cerebro no podía poseer cuerdas vocales, por contravenir los principios de la anatomía humana, aproveché para establecer una creencia alternativa que sustituyera a la que estipulaba que las voces eran reales. El pensamiento equilibrado que le propuse fue el siguiente: “ las voces son la manifestación de tus pensamientos, y éstos sí son reales“.
A pesar de ese pequeño avance, todavía quedaba por resolver durante la consulta, los dos problemas más importantes: la omnipotencia y la omnisciencia de las voces.

Y digo omnisciencia porque según Armando, las voces sabían todo a cerca de él, su pasado, sus secretos, sus aspiraciones, sus debilidades, sus gustos, etc. Pero con el avance que habíamos logrado, resultaba obvio ahora por qué las voces conocían todo a cerca de su vida: era él mismo, con sus pensamientos, quien hacía que todas esas ideas emergieran de su mente. En ese momento, hubiera querido expresarlo como lo hago ahora: “que eso que estaba experimentando, era su mente pronunciando sus pensamientos en voz alta”.
Aún suponiendo que con este nuevo pensamiento equilibrado pudiera convencer a Armando en la próxima consulta, de que nadie sabe tanto sobre él, excepto él mismo, está faltando todavía que practique un ejercicio de visualización que le recomendé en esa misma consulta, con miras a sustituir la que parece ser la creencia limitante más difícil de cambiar: la omnipotencia de las voces.

voz-interiorLa mayoría de las personas con esquizofrenia, atribuyen a las voces un poder extraordinario, casi imposible de vencer. Algunas de ellas manifiestan en las consultas que si se les contradice, pueden sufrir las consecuencias de una represalia de parte de esos entes que les dan órdenes o los agobian con amenazas de muerte  y conjuros en contra de sus seres queridos. Como en teoría Armando no puede ser amenazado por sus propios pensamientos, lo que procede en su caso es enfocar toda la atención en la creencia de que “él no tiene control sobre las voces”, debido al poder que ejercen sobre su persona. Se trata entonces de quitarle fuerza a esta creencia y sustituirla por otra más positiva.

El ejercicio que le pedí realizara durante la consulta y que necesita repetir cada vez que tome una dosis de niacina, es una visualización de una experiencia que me compartió de su pasado.
Puesto que él ya había experimentado antes dos recaídas, le dije que “a estas alturas del partido, el ya debía ser un experto en escucha de voces“, y que era muy probable que recordara uno de esos días en los que las voces lo dejaron en paz, después de haberlo estado molestando como lo estaban haciendo últimamente.

saludAunque no recordó todos los detalles, pudo identificar lo que sintió en aquella ocasión. “Sentí como si me hubieran quitado un gran peso de encima“, me dijo mientras se esforzaba en recordar más detalles. Pero lo más interesante de evocar una experiencia tan grata como esa, es descubrir la creencia que puede haber detrás de ella, si es que la hay. Se sabe que mientras más detalles se recuerden sobre una experiencia con estas características, más posibilidades hay de que el paciente cambie de actitud, de cara a los acontecimientos que lo están afectando en el presente.

Ahora el diálogo se desarrolló más o menos así:

S: ¿Y a que atribuyes tú el que hayas dejado de escuchar voces, mientras estabas en la sala de tu casa?
A: A que tenía como dos o tres días tomando Solian
S: ¿Y recuerdas cómo era la pastilla?
A: No, solo sé que eso fue lo que ahuyentó las voces.

antipsicoticosHonestamente no sé exactamente si el hecho de que no recordara los detalles de ese antipsicótico (el Solian) fue para bien o para mal, porque hasta el momento de estar escribiendo estas líneas, él todavía no ha vuelto a practicar su visualización, por más que se lo he pedido. Mi propuesta fue que evocara esa experiencia de nuevo, tratando de recordar todos los detalles que pudiera; pero ahora haciéndolo poco antes de tomar su dosis de niacina, la cual fungiría como anclaje de la visualización. Basándose en la creencia de que “fue el Solian lo que produjo la desaparición de las voces”, la niacina haría las veces del antipsicótico y la remembranza reemplazaría la creencia de que “él no tiene control sobre las voces”. Pero como he dicho ya en otras ocasiones, una cosa es lo que uno espera que suceda, y otra muy diferente es que efectivamente se produzca “el milagro”.

creenciaHace unos días me enteré que Armando no había tenido tiempo de hacer los ejercicios que yo le había dejado de tarea. Tuve que sentarme en la silla de mi escritorio, porque no daba crédito a lo que me estaba tratando de transmitir aquella voz que provenía del otro lado de la línea telefónica. Los ejercicios consistían, además de la visualización, en correr aunque fuera una media hora por las mañanas, leer y escuchar música con audífonos. La intención era comprobar si con eso podía tener más control sobre la intensidad y la duración de las voces, que en cualquier momento podrían callar, como lo hicieron la vez que Armando tomó aquella dosis de Solian.

“Acepto que es verdad que la fortuna es juez de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja controlar la otra mitad, o poco menos”… Nicolás Maquiavelo

© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 17 de septiembre de 2016


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REFERENCIAS

[1] Milt Greek. Schizophrenia: A Blueprint for Recovery. 2012
[2] Salvador Perona-Garcelán y Carlos Cuevas Yust. Aplicación de la terapia cognitivo conductual sobre las ideas delirantes y las alucinaciones en un sujeto con el diagnóstico de esquizofrenia. Psicothema. 2002. Vol. 14, nº 1, pp. 26-33.
[3] Chadwick, P.; Birchwood, M. y Trower, P. (1996). Cognitive Therapy for Delusions, Voices and Paranoia. Chichester: Wiley.
[4] López González Sergio. Agresividad, ira, bullying y mal humor: síntomas de una inteligencia emocional y nutrición deficientes. Fundación MicroMédix. Febrero 6, 2015.
[5] Anthony P. Morrison, Julia C. Renton, Paul French y Richard P. Bentall. ¿Crees que estás loco?, Piénsalo dos veces. Recursos para la terapia cognitiva de la psicosis. 2010, Herder Editorial, S.L., Barcelona
[6] Enquiridión (manual). Epicteto. Anthropos Editorial. 2004


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El poder curativo de las creencias y el coraje de vivir

CorajeMás allá de lo que puede lograr el efecto placebo, está la voluntad de vivir o el coraje que uno puede sacar para retar a la adversidad. La autocuración no es para los débiles de corazón. Se requiere de una voluntad férrea para no amilanarse ante la amenaza de un virus, una bacteria, las consecuencias de un accidente o cualquier otra circunstancia que haya deteriorado el sistema inmune de un individuo que tiene todo el potencial para curarse con un tratamiento natural y un consejero de salud que le ayude a liberarse de sus creencias limitantes.

Por adversas que puedan parecer las circunstancias, el afectado todavía dispone de su libre albedrío para no permitirle al infortunio activar su respuesta al estrés, que es un mecanismo que se pone en marcha cuando un ser viviente se ve amenazado por una situación de peligro para la cual su instinto le dicta que no le queda más remedio que luchar, o acobardarse y huir [1].

¿Quién manda aquí, mi mente…mi cuerpo? 

dolorYa en nuestra sección dedicada al Coaching de Salud, comenté cómo el armarse de valor puede influir en el éxito de un tratamiento,  y cómo es que una actitud positiva, entusiasta y llena de esperanza puede cambiar la biología de las células de nuestro cuerpo [2]. Con toda seguridad, quien esté pasando por un mal momento, afectado quizás de un cáncer o cualquier otra enfermedad degenerativa o “terminal”, argumentará que el que no está experimentando en carne propia lo que él está sufriendo, no tiene ni la más remota idea de qué procede en tales circunstancias, ya que una cosa es decir que se debe adoptar una actitud positiva ante la enfermedad y otra muy diferente es conseguir que así sea. No es fácil actuar con entusiasmo y mucho menos bromear cuando un dolor se ha apoderado de nuestra mente con tal fuerza, que parece imposible extraer coraje del agotamiento.

A diferencia de lo que va a encontrar en los llamados libros de autoayuda, cuyos autores se afanan en convencerlo de que basta con desear fervientemente que la prosperidad llegue a su vida para que ésta haga su triunfal aparición, obedeciendo a una supuesta “ley de la atracción” y como si de la mismísima ley de la gravitación universal de Newton se tratara, lo que yo quiero proponerle aquí es que en esos momentos de lucidez que llegue a tener en el transcurso de su enfermedad, se pregunte si eso que está minando su salud, el dolor por ejemplo, puede realmente apoderarse de su mente. A veces sobrestimamos la fuerza de nuestro oponente al mismo tiempo que subestimamos nuestra capacidad para combatirlo. Pero antes de citar algunos casos de autocuración que le confirmarán que los seres humanos somos algo más que mente y material orgánico, permítame contarle cómo fue que superé una crisis de salud cuando me encontraba afectado de una prostatitis crónica que estaba literalmente arruinando mi vida.

¿Puede una próstata inflamada vencer a una mente decidida?

text miningDespués de haber consultado cuatro o cinco prestigiados urólogos y de no haber conseguido un solo resultado satisfactorio, a los tres años de estar soportando los malestares de una prostatitis iatrogénica (causada por una negligencia médica), me propuse ver todo el asunto como una oportunidad para crecer como persona. Se imponía averiguar de qué podía yo ser capaz y hasta dónde podía llegar, haciéndome cargo de mi propia salud, más allá del interés que me pudiera prestar alguien que aún siendo un experto en urología, no podría descubrir mejor que yo, lo que intuía podía estar escondido en la literatura biomédica.

Habida cuenta de que eso representaría para mí un reto tanto profesional como personal, me propuse encontrar una cura para mi enfermedad, apoyándome en una rama de las tecnologías de la información conocida como informática biomédica, cuya utilidad radica precisamente en descubrir ese conocimiento que puede estar oculto en las grandes bases de datos médicas.

Big DataNo estoy insinuando que deba usted convertirse en un experto en Big Data, sino que analice cuáles son sus opciones, en función de los recursos con los que cuenta. Así como yo estaba convencido de que podía encontrar un remedio para mi prostatitis crónica, haciendo uso de mis conocimientos, de una modesta laptop y una conexión a Internet, usted podría ver todo eso que le está pasando como una oportunidad de crecimiento personal.
Big dataPodría comenzar a explorar las posibilidades de un tratamiento que una vez habiendo conocido todo su potencial, pueda cumplir con sus expectativas, responda a sus intereses y esté en concordancia con sus capacidades y los recursos con los que cuenta. Investigue, estudie e involúcrese con los detalles de su enfermedad. Compare, confirme, cuestione todo y a todos, y en especial ponga en duda lo que el médico tenga que decir si su opinión está basada en la cerrazón y el pesimismo, y navegue, navegue, y vuelva a explorar la Internet, hasta que encuentre algo que tenga sentido para usted.

Norman Cousins y su voluntad de vivir

CousinsHay muchos otros casos de autocuración que dan fe del poder que pueden tener nuestras convicciones cuando la medicina tradicional no va más allá de un simple “lo siento; pero su enfermedad no tiene cura”, tal y como ocurrió en el extraordinario caso de Norman Cousins (derecha), cuyos hallazgos sentaron las bases de lo que hoy en día se conoce como psiconeuroinmunología, cuando después de haber sido diagnosticado con una espondolitis anquilosante, pudo vencerla con dosis correctas de vitamina C y megadosis de películas cómicas. Y no estoy bromeando para que usted comience a liberar endorfinas.
Las propiedades terapéuticas de las creencias potenciadoras, el efecto placebo y el buen humor no eran del todo nuevas en la década de los sesentas; pero fue Norman Cousins quien comenzó a inquietar a la comunidad médica con sus “Principios de Autocuración: la biología de la esperanza”[3] y su “Anatomía de una Enfermedad o la Voluntad de Vivir” [4].

Con un excepcional coraje para enfrentar una enfermedad degenerativa en la que el colágeno juega un papel protagónico, Cousins, redactor jefe del Saturday Review, solicitó la colaboración de su médico de confianza y amigo de toda la vida, el Dr. William Hitzig, para que vigilara el progreso de su enfermedad y la administración de vitamina C por vía intravenosa. De acuerdo con las investigaciones que él mismo había llevado a cabo con la ayuda de su esposa Eleanor y a pesar de que Hitzig no comulgaba mucho con sus creencias, Cousins estaba convencido de que las propiedades antioxidantes de esa vitamina podían regenerar el colágeno que sus articulaciones necesitaban para recuperar su movimiento. En “Anatomía de una enfermedad”, escribió: “durante el momento de mayor gravedad de mi enfermedad, estaba absolutamente convencido de que las dosis intravenosas de ácido ascórbico me serían de utilidad… y lo fueron”. Las negritas y la cursiva son mías.

médicoDesde su ingreso al hospital, estuvo postrado en cama, sin poder dormir lo suficiente y soportando los efectos secundarios de los analgésicos; hasta que un día, un supervisor le llamó la atención a Hitzig por estar permitiendo que Cousins estuviera viendo películas cómicas en su cuarto, molestando con sus risotadas a los enfermos que intentaban descansar en las habitaciones aledañas. Una vez más, Cousins vio ese hecho no como una contrariedad, sino como una oportunidad más para perfeccionar su terapia de risas y vitamina C.

Pensó en trasladarse a un hotel, pues eso lo mantendría alejado de las enfermeras que frecuentemente interrumpían su sueño para extraer una muestra de sangre, tomarle la presión y registrar su temperatura. Él le decía a Hitzig que el sueño profundo (y con mucha razón) era un factor más que podía ayudarle en su recuperación; pero paradójicamente, los médicos hacían caso omiso de sus peticiones y seguían despertándolo a cada rato para monitorear sus signos vitales. Si alguna vez ha estado usted internado en un hospital, sabe a lo que me refiero.

Convencido de que estaría mejor en un hotel, se mudó a uno que costaba un tercio de lo que pagaba en el hospital y continuó con su plan original hasta que se dio cuenta de que al fin estaba mejorando. Durante su estancia en este nuevo entorno, en una ocasión se sintió tan bien que le jugó una broma a una enfermera que acudió a su habitación para realizar una de sus diligencias:

muestra– ¿Cómo estamos el día de hoy?… ¿necesitamos darnos un baño? Sr. Cousins, el Dr. Hitzig me ha pedido que le lleve una muestra de su orina. ¿Me haría usted el favor de colocarla en este recipiente?
– Por supuesto que sí, con mucho gusto, -le contestó Cousins al tiempo que asía el vasito que debía casi llenar con lo que aquella amable mujer le había indicado.
Cuando este singular paciente se volvió para sentarse y hacer lo que tenía que hacer, observó que al lado de su cama, sobre la mesita de noche, yacía un frasco con jugo de manzana…
La enfermera en turno solía hablar en la primera persona del plural, que era algo que a Cousins le fastidiaba, por lo que con una sonrisa de oreja a oreja, tomó el frasco y vació un poco de jugo en el recolector de muestras.

– ¡Listo! -espetó Cousins a la que le había dejado solo durante unos instantes mientras hacía su travesura.
Cuando la enfermera hizo acto de presencia y vio el contenido del frasco, inquirió en su acostumbrado tiempo de conjugación:
– ¿Estamos algo turbios hoy… no es cierto?
– ¿De veras? A ver… -le dijo Cousins a la que él llamaba “Nosotros” mientras estiraba el brazo para de nuevo tomar “la muestra” con los dedos.
– Así es, creo que lo mejor sería pasarlo de nuevo por el sistema -prosiguió Cousins poco antes de asomarse al interior del frasco y beber su contenido como si de un tequila se tratara.
Sobra decir que la cara que puso “Nosotros” bastó para arrancar a su paciente unas cuantas carcajadas.

pronósticoCuando le preguntaron cuál había sido su primera impresión al enterarse de que su enfermedad era incurable, Cousins explicó que tenía que ir asimilando el problema paso a paso. Primero, no acatar el veredicto; segundo, no dejarse atrapar por el miedo, la depresión y el pánico; tercero, darle la seriedad y la importancia debidas a su problema; y cuarto, no ceder ante la idea de que tenía una buena oportunidad de curarse y de que le motivaba el hecho de desmentir el pronóstico pesimista de un especialista que había sentenciado que las probabilidades de recuperación eran de 1/500.

HitzigCuando Cousins se sintió mejor, buscó a Hitzig para comentarle lo mucho que le había ayudado la vitamina C, y fue entonces cuando el galeno le confesó que él no recomendaría a nadie esa terapia, porque carecía de bases científicas. Contrariado por su declaración, Cousins lo inquirió para averiguar porqué entonces lo había ayudado durante todo ese tiempo si jamás había creído en la terapia de la vitamina C, a lo que Hitzig respondió que lo que importaba era que él, que era el paciente, sí había creído en ella. Probablemente Hitzig sabía que el apoyar cualquier tratamiento que no estuviera avalado por el sistema de salud convencional, ponía en peligro su licencia.

Un hecho que merece una mención especial, es un informe que leyó el propio Cousins en donde se citaba un estudio realizado por un doctor de nombre Thomas C. Chalmers, del Mount Sinai Medical Center de Nueva York, que comparaba dos grupos que se empleaban para confirmar qué tan cierta era la hipótesis de que la vitamina C evita los resfriados: el resultado del estudio reveló que el grupo que tomaba el placebo creyendo que era vitamina C tuvo menos resfriados que el grupo que tomaba ese mismo suplemento pensando que era un placebo.

Epigenética, biología de la creencia y entorno

epigenética¿Qué conclusiones podemos extraer del ensayo del Dr. Chalmers?.
Llegados a este punto, conviene también buscar respuestas a las siguientes interrogantes:
¿Por qué un tratamiento les funciona a algunas personas y a otras no?
¿Cómo es que una sustancia puede ser muy buena para una persona que presenta un cuadro muy agudo y para otra que padece de lo mismo pero con una sitomatología más benigna, no funciona para nada?
¿Por qué varias personas pueden responder muy diferente a un mismo medicamento?
¿Por qué hay personas que mueren a causa de una enfermedad no tan seria, mientras que otros que padecen una enfermedad muy severa, viven muchos años?
¿Habrá algo que controle el organismo o que determine su predisposición a cierta enfermedad o su respuesta a un determinado tratamiento?

Ese algo existe y tiene un nombre. Se llama epigenética.

Jerome Frank [5] llevó a cabo estudios que dan respuesta a esas interrogantes, en el sentido de que en un gran número de casos, se verificó que el tratamiento en sí no es lo que determina de manera contundente la curación de un paciente, sino lo que él cree respecto al mismo, empleando más o menos el mismo criterio que usó Chalmers en su estudio sobre las propiedades antigripales de la vitamina C.

Pcélulasor su parte, Bruce Lipton [2], Bernie Siegel [6] y Gregg Braden [8], han documentado casos que ratifican la repercusión que tienen sobre la salud, las creencias, el amor [6], la esperanza, la fe, las tradiciones, el humor, y en general, el entorno que rodea a un enfermo. Lipton demostró que las células madre, específicamente las pluripotentes, sufrían cambios que dependían del entorno al que estaban sometidas, a pesar de que que todas ellas poseían el mismo ADN. Después de colocar el mismo tipo de células madre en tres placas Petri, las expuso a medios de cultivo diferentes y descubrió que las células de una placa se convertían en miocitos (células musculares), cuando eran expuestas a un entorno A; mutaban a adipocitos (células de tejido graso), en un entorno B; y se volvían osteocitos (células de tejido óseo), bajo la influencia de un entorno C. Es así como hoy sabemos que los genes se expresan (activan) de manera diferente en personas diferentes, lo que significa que es posible controlar, a través del entorno, la manera y el momento en que se expresarán.

El papel del entorno en la expresión de nuestros genes

entornoY hablando ya no tanto de células madre, sino de organismos más complejos como los seres humanos, ¿Cuál es ese entorno que puede regular la expresión de nuestros genes? La nutrición, la polución, el nivel de estrés, la ansiedad, la tranquilidad, el entretenimiento, las guerras, el hambre, el ejercicio, los hábitos alimenticios, el realizar o no el trabajo que nos agrada y en general, todo aquello que repercute en la manera en que entendemos nuestra realidad, son parte del entorno que determina de qué nos enfermamos y porqué. Norman Cousins dedujo que sus glándulas suprarrenales estaban deteriorándose a causa de un envenenamiento con metales pesados que smedio ambienteufrió durante su viaje a Moscú, previo a la aparición de sus síntomas. Supongo que mi prostatitis se debió a una sonda que un médico incompetente introdujo torpemente en mi uretra. El padecimiento que lo aqueja a usted también tiene su causa; pero independientemente de cuál haya sido ésta, usted también tiene la capacidad de controlar la biología de sus células, mediante el uso adecuado de sus recursos mentales y espirituales. ¿O acaso Norman Cousins y yo tenemos algo que usted no tenga como para que no pueda derrotar a su enfermedad? Claro que no.

Hay personas que después de haber estado en combate, pudieron continuar su vida sin ningún problema, como también hubo otras que no pudieron superar los traumas psicológicos que toda guerra trae consigo. Análogamente, puede haber personas con predisposición a una determinada enfermedad; pero que aún así, con un entorno apropiado, libre de pensamientos negativos, exento de creencias limitantes y enriquecido con buenos hábitos, son capaces de inhibir la expresión del (o los) gen(es) asociado(s) a su padecimiento.

Greg Thomas y su fe en Dios

GregTal fue el caso de Greg Thomas, un hombre que a sus 56 años había estado soportando intensos dolores de cabeza, oídos y mandíbula, a causa de unos tumores cancerígenos que habían invadido parte de su cabeza y otro tanto de su cuello, con un pronóstico médico desalentador: su familia ya podía ir preparando su sepelio pues su mal estaba muy avanzado. Un día, mientras se encomendaba a Dios, sentado en las escaleras de una iglesia cercana a los lugares por donde solía pasear acompañado de sus perros, se percató de que el templo estaba prácticamente en ruinas, y dirigiéndose a Dios, rezó: “Señor, antes de abandonar este mundo, quisiera hacer algo por ti”.

Al día siguiente acudió al patronato de la iglesia a solicitar permiso para remodelar el templo y cumplir su promesa. Una vez que obtuvo la llave de la iglesia para poder llevar a cabo su misión, empezó a trabajar con tal convicción en su emprendimiento, que conforme pasaron los días, los tumores comenzaron a encogerse y los dolores a disminuir a tal grado que su oncóloga no lo podía creer. Después de cuatro años de haber comenzado la restauración de la iglesia, Greg ya no tenía los tumores y el cáncer había remitido, el templo recobró su esplendor original y a él le quedó la sensación de que Dios le había ayudado a restablecer su salud, por haber restablecido Su templo ([7], págs. 38-40). Que mejor ejemplo de todo lo que puede hacer la fe enclavada en un corazón valiente.

Los artesanos que burlaron a la muerte

creenciasEn su edición de diciembre de 1940, la revista Reader’s Digest publicó la historia de una comunidad rural cercana al poblado de Ellensburg, en el estado de Washington, en la que Alfred Prowitt, redactor del Daily News de Chicago, relataba cómo quince deshauciados se habían unido a un grupo que se autodenominaba “Los Burladores de la Muerte”, y cómo habían logrado sobrevivir más años de los que sus respectivos médicos les habían vaticinado, ayudándose unos a otros y realizando un trabajo que los motivaba a seguir luchando contra su enfermedad. El fundador y líder del grupo, Guyer D. Thomas, había tenido la iniciativa de empezar a fabricar unas crucecitas fosforescentes sobre retazos de fieltro azul, que en un principio habían sido concebidas para recordar a los niños de la comunidad, que no debían irse a la cama sin antes haber dicho sus oraciones.

A pesar de que ninguno de ellos pertenecía a una secta religiosa, los más desconsolados pronto recurrieron a esos pequeños crucifijos para aliviar sus dolencias y sentirse más reconfortados, convencidos de que la oración fortalecía su voluntad de vivir y les ayudaba a soportar el dolor. Puesto que la subsistencia no era fácil en esos lares, Thomas se dio cuenta del potencial que tenían las crucecitas para consolar a más personas, y se le ocurrió que podían venderlas a los vecinos del Sr. y la Sra. Green, cofundadores de los “Burladores de la Muerte” y  propietarios de la granja que hasta ese entonces había servido de morada a los miembros del grupo, que en opinión de Thomas, estaba desafiando los designios de la muerte.

trabajandoAsí las cosas, y con la ayuda de un banquero de Ellensburg, un predicador que tenía a su cargo una emisora de radio, un famoso caricaturista y otros personajes que habían simpatizado con la iniciativa de Thomas y los Green, el grupo llegó a vender hasta más de medio millón de crucecitas, en un ambiente en el que el trabajo se convirtió en una actividad productiva, entretenida y en el que todos sus miembros disfrutaban con lo que hacían, al grado de que, según Prowitt, era muy raro que transcurriera más de un cuarto de hora sin que estallara una carcajada general. Paradójicamente, el buen humor parecía ser una constante para aquellos cuerpos dolientes de corazón valiente.

Cuando el Dr. Irving S. Cutter, decano de la Facultad de Medicina de la Universidad del Noroeste, en Evanston, Illinois, se enteró del proyecto, comentó:
“Cada vez que el médico le pronostica a un enfermo que ha de morir pronto, sabe bien que […] Si el paciente reacciona desfavorablemente, la congoja que se apodera de él trastorna aún más sus funciones fisiológicas y le acorta la vida. Los Burladores de la Muerte han hallado y practican una filosofía que contribuye a alargarles la vida […] Al empeñarse en hacer útiles sus últimos días de vida, al consolarse unos a otros en su tribulación y tener un motivo para servir a fines piadosos, practican el medio más eficaz de prolongar su existencia. Muchos pacientes que yacen en hospitales y asilos aguardando su última hora, inmovilizados más por la certidumbre de una muerte próxima que por la enfermedad, podrían levantarse y vivir plácidamente años enteros todavía, si se despertara y estimulara en ellos la voluntad de vivir”. ([7], pág. 15)

Lvidaas versiones completas de las historias que aquí he citado, así como muchas otras que lo inspirarán a lo largo de esta “travesía” que está usted por comenzar, las podrá encontrar en la bibliografía que proporciono al final de estas líneas. Si a pesar de todo lo comentado y la lectura de dichas fuentes, usted no logra encontrar una filosofía como la que propició que ese grupo de deshauciados pudiera burlar a la muerte, no se desanime, nosotros le podemos ayudar a encontrar una terapia acorde con sus creencias, que como vimos, es lo que más contribuye a que su sistema inmune responda bien.

“Ruego que tengan coraje; el alma valiente puede reparar incluso el desastre” … Catalina la Grande.
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 29 de diciembre de 2015


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REFERENCIAS

[1]  La Mente Como Medicina: Un nuevo paradigma de salud, medicina y curación. Rankin Lissa. Urano.
[2] La Biología de la Creencia. La liberación del poder de la conciencia, la materia y los milagros. Bruce H. Lipton. Palmyra
[3] Principios de Autocuración: la biología de la esperanza. Norman Cousins. Urano
[4] Anatomía de una Enfermedad o la Voluntad de Vivir. Norman Cousins. Kairós
[5] Salud y Persuasión. Jerome D. Frank. Troquel
[6] Amor, Medicina Milagrosa. Bernie S. Siegel. S.L.U ESPASA
[7] Selecciones del Reader’s Digest. Diciembre de 2015.
[8] La Curación Espontánea de las Creencias. Gregg Braden. Editorial Sirio, S.A.
[9] Cáncer: más allá de la enfermedad. Emma Barthe. Ediciones Obelisco


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Guerreros biomédicos: padres y familiares que con voluntad férrea y biomedicina, están curando a su ser querido

GuerreroEl guerrero biomédico viene a ser un e-paciente al que el destino lo ha entrampado en una de las adversidades más temibles que le haya tocado vivir a un ser humano: la que enfrenta cuando él o uno de sus seres queridos se encuentra hundido en la impenetrable oscuridad de la esquizofreniael autismo, el Parkinson, o de cualquier otra enfermedad con un grado similar de severidad y complejidad. Hay una inmensa diferencia entre curar a un hijo de un raspón en la rodilla y curarlo de esquizofrenia, autismo o epilepsia. Y aunque lograr esto último requiere de una voluntad férrea y otras virtudes, hemos citado y experimentado ya muchos casos de éxito que dan fe de que una hazaña de tales dimensiones, no solo es posible, sino que trae consigo una satisfacción del tamaño de la enfermedad contra la que se está luchando.

emblemaSi usted cura a su hijo de un raspón en la rodilla, va a sentirse útil y contento(a) al ver que su hijo ya no llora; pero si lo cura de una enfermedad como las que mencioné anteriormente, se va a sentir realizado(a), va a saber de qué está hecho(a), se va convertir en un(a) gran guerrero(a) biomédico(a), y lo más importante de todo: se va a encontrar con Dios. O al menos eso fue lo que a mí me sucedió, cuando al fin pude curar a uno de mis tres hijos. Y si yo se los presentara, usted no podría decirme cuál de ellos fue el que cayó en el abismo de la esquizofrenia, porque está más sano que el que escribe estas líneas; el mismo que sueña con lograr que otros padres se unan a esta comunidad de guerreros biomédicos, para que motivados al ver lo que pueden lograr con la biomedicina, vayan más allá de la curación de sus seres queridos, ayudando a otras familias a construir su propio destino.

Si los que hemos pasado por una experiencia similar aprovechamos este medio social para compartir miedos, aciertos, errores, aprendizajes e inquietudes, ya no estaremos solos ni nos sentiremos vulnerables, sino empoderados y seguros, pues con dietas y biomedicina, no hay manera de poner en peligro a nuestros seres queridos.

nutrición como defensa No pretendo convertir esta entrada en un libro de autoayuda, y de ninguna manera le faltaría el respeto a usted de esa manera. Lejos de estar creando falsas esperanzas, como acostumbran hacer los autores de ese tipo de libros, estoy apostando a que así como yo logré curar a mi hijo con una terapia inteligente (biomedicina y una dieta libre de gluten, caseína y azúcar), usted también puede hacerlo. ¿O cree usted que yo soy un padre extraordinario o hay algo en mi que usted no tenga como para no poder realizar una hazaña parecida?.

Nada de eso. Soy un padre como cualquier otro y no tengo nada de especial. Lo especial y lo extraordinario está en la naturaleza del remedio que encontré: la medicina ortomolecular (nutrientes en dosis terapéuticas), las microdosis, la nutrición y la desintoxicación. Hoy en día, gracias a la Internet y a toda la tecnología que tenemos a nuestro alcance, ya no precisamos que personas extraordinarias (especialistas con aires de cuasi Dios) sigan haciendo las mismas cosas ordinarias que se les dijo hicieran en la universidad, sino más bien necesitamos que personas ordinarias sepan cómo hacer cosas extraordinarias.

Dr. EinsteinLa medicina inteligente, que es como el Dr. Bernard Rimland llamó a la biomedicina cuando venció al autismo de su hijo Mark, es ahora la opción que está marcando la diferencia a la hora de hacer cosas extraordinarias. ¿O cuántos años más va usted a concederle a la medicina alopática para ver si puede curar a su ser querido?. Albert Einstein dijo alguna vez que “si uno está buscando resultados distintos, no debería de hacer siempre lo mismo”. Si un tratamiento no le ha dado resultado en seis meses, vamos, en un año; creo que no se necesita ser un Einstein para concluir que hay que buscar una medicina alternativa. Así lo hicimos mi esposa Lourdes y yo cuando nos vimos obligados a encontrar una solución para su migraña, mi prostatitis crónica, mi hipertensión y mi reflujo gastroesofágico.

No conformes con ello, y después de encontrar juntos una solución para rescatar del abismo a nuestro hijo, le dimos vida a la Fundación MicroMédix para ayudar a otras familias que estaban pasando por una situación similar, brindando apoyo a pacientes con problemas de corazónasma, alcoholismo, artrosis, alergias, cefaleas, fibrosis pulmonar, insomnio, síndrome de Down, acúfenos, ansiedad, depresión, trastorno de déficit de atención por hiperactividad (TDAH), o con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

protectorY precisamente por las vicisitudes que hemos pasado, y a pesar de las críticas de los escépticos, de las actitudes necias y los comentarios a veces hasta groseros que algunos detractores frustrados nos dejan, tan solo para develar su incapacidad para detener el cambio que este movimiento de los guerreros biomédicos está produciendo; seguiremos luchando por demostrar que nuestra salud no puede estar supeditada a los intereses de la industria farmacéutica, porque estamos convencidos de que las vitaminas, los minerales y demás nutrientes, pueden hacer mucho más por el género humano, que una pastilla sintética fabricada en el laboratorio. Si usted nos ha estado siguiendo desde hace algún tiempo, es probable que ya se haya percatado de que el movimiento que aquí estamos impulsando, no es otra cosa que la evolución de una tendencia que ya se estaba gestando a nivel mundial desde comienzos del siglo, y cuyas características analizamos en nuestra entrega del 21 de Octubre de 2014: “Salud 2.0: la inteligencia colectiva de los e-pacientes y la cura por consenso“.

En esa ocasión, presenté evidencia suficiente de que no hay enfermedad que se resista ante la inteligencia colectiva de un gran número de e-pacientes que han optado por una medicina alternativa consensuada, natural, y por lo tanto segura, que permite que opiniones cruzadas validen lo que se propone en los medios sociales de la Web 2.0. No sé a usted, pero a mi me resulta difícil creer que cientos de miles de guerreros biomédicos (e-pacientes) pudieran estar equivocados, o mintiéndose unos a otros.

Luz de DiosUno no escoge el papel de guerrero biomédico, ni nadie querría convertirse en uno si supiera de antemano lo que le espera; pero el destino es quien manda cuando se pierde el control de aquellas cosas que no dependen de uno, y viéndolo en retrospectiva, el haber tenido que asumir el papel de guerrero biomédico, me enseñó a darle la importancia debida al sufrimiento ajeno, y de que si no podemos atender a los hijos ajenos como si fueran propios, sí podemos ser lo suficientemente empáticos como para ayudar a sus padres o familiares cercanos, a que ellos mismos sepan cómo curarlos con terapias naturales e inteligentes; aconsejándolos y luchando codo a codo con ellos, hasta que puedan ver la luz al final del túnel. Esa luz que después de todo, solo Dios puede enviar a cada uno de nosotros para iluminar el camino que Él ha querido que sigamos.

Un guerrero no renuncia a lo que ama, sino que encuentra el amor en lo que hace“… Dan Millman.
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 6 de abril de 2015


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El futuro de los guerreros biomédicos: una novela para convertir el sueño en realidad

Guerreros biomédicosEn la novela futurista que a continuación presentaré, las palabras que he puesto en boca de mis personajes, llevan implícito el conocimiento que extraje tanto de la literatura biomédica, como de los casos reales que he presentado y citado en todos los artículos (entradas) anteriores. El saber de qué están hechas todas esas “madres guerreras”, es esencial para entender y abordar mejor el problema. Tanto los acontecimientos como los diálogos, llevan consigo información fidedigna sobre las sustancias que los investigadores biomédicos recomiendan; sobre el papel que desempeñan en los trastornos mentales, la industria de los alimentos procesados, los centros hospitalarios, la industria farmacéutica, las vacunas y las neurotoxinas (mercurio y otros metales pesados); así como sobre las actitudes que muchos detractores de bata blanca adoptan frente a la medicina alternativa, las vitaminas, los minerales y las dietas libres de caseína (lácteos), gluten (trigo, cebada, avena, espelta y centeno) y azúcar.

La proyección futurista de lo que será nuestro sistema de salud pretende trascender más allá de lo que somos capaces de hacer por nuestros propios hijos, a fin de cambiarle el rumbo al destino. Para ello, podríamos comenzar a pensar y actuar desde hoy como si estuviéramos en los zapatos de los personajes de la novela.
Lo invito entonces a que, al final de esta entrada y a través de sus comentarios, nos diga cómo le gustaría que se desenvolviera la trama de los “Guerreros Biomédicos”, o qué padecimientos querría que se trataran en los siguientes capítulos. Como nuestro seguidor, e-paciente, guerrero biomédico, o simplemente como lector, usted podrá sugerir nuevos personajes, darle un giro a la narrativa y/o modificar su desenlace, para hacer de ésta una novela colaborativa, incluyente.

novela sobre biomedicinaCon este nuevo enfoque, deseamos que usted también trascienda más allá de sus propias dolencias o de su entorno familiar, a través de los personajes y de los acontecimientos que a usted mismo se le ocurran. Queremos que contribuya a que la novela (el sueño) se haga realidad, construyendo su propio destino y formando parte del cambio como coautor de los Guerreros Biomédicos.
Como es costumbre, “cualquier semejanza que encuentre entre los personajes que aquí presento y los que usted conoce en la vida real, será una mera coincidencia”…


 

GUERREROS BIOMÉDICOS

© 2015 por Sergio López González
Fundación MicroMédix
Derechos reservados

Capítulo I. Una Pequeña Guerrera en el CAP

hospitalEn el “Centro de Atención de Pacientes” (CAP) del Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de Todos Los Santos, mejor conocido como “El Hospitalote”, varios agentes habilitados con tabletas electrónicas del tamaño de una tarjeta de crédito, se afanaban tratando de captar clientes para el grupo de médicos especialistas en trastornos de la personalidad, entre los que figuraban “el “Síndrome de Mirada Glacial (SMG)”, “el Trastorno de Agresividad Mal Canalizada” (TAMC), el ” Trastorno Generalizado del Desarrollo” (TGD) y el “Síndrome de Graduado Frustrado” (SGF), siendo éste último, el más reciente de los términos acuñados por la Asociación Americana de Psiquiatría, en la versión DSM-XV, de su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. Y es que no era para menos. Era imposible para los recién egresados de cualquier carrera que no fuera la de Biomedicina, encontrar un empleo digno que satisficiera sus necesidades básicas.

Solo eran doce de un total de veinticinco agentes los que ingresaban a las redes sociales de Salud 5.0 en ese horario, porque  los negocios del Dr. Perón, especialista en TGD y  Director General del “Hospitalote”, no iban muy bien desde que la Asociación de Padres de Niños Autistas (APNA), había emprendido su último movimiento en contra de la medicación con fármacos y del consumo de alimentos procesados.

Las vacantes para médicos alópatas de guerreros biomédicos: padres en acciónmuchos centros hospitalarios habían descendido también considerablemente, porque los miembros de la APNA, a quienes todo mundo llamaba guerreros biomédicos, estaban curando a muchos niños autistas, empleando únicamente sustancias ortomoleculares (nutrientes en dosis terapéuticas) que no requerían de receta médica. Desde hacía un sexenio atrás, varios padres estudiosos de los efectos colaterales que los fármacos y los alimentos procesados ocasionaban a la población infantil, habían difundido la noticia de que algunos de sus hijos habían sido intoxicados por el mercurio.

Las vacunas que por decreto presidencial, se les había aplicado al año y tres meses de haber venido al mundo, contenían mercurio. Otros padres también habían encontrado niveles altos de otros metales pesados en los cerebros de sus hijos, y estaban investigando si XFastFood, una nueva cadena de restaurantes de comidas extra-rápidas, propiedad de uno de los hijos del presidente, podría ser la culpable de que sus hijos estuvieran enfermando.

Mientras otros agentes intentaban convencer a sus respectivos prospectos de que el CAP les podía brindar ayuda para tratar el TGD que estaban padeciendo sus hijos, Marichu, en un tono que reflejaba hartazgo y cansancio, se dirigió al primer compañero que no parecía estar conversando en ese momento, le arrebató la tableta de su mano y le espetó:

– oye Felipe, porqué diantres no me dijiste que a estos médicos ya nadie los quiere?
– ¡Oye, que te pasa!… ¿No me dijiste que querías trabajar? – y después de una pausa que necesitó para percatarse de que no tenía que gritar, continuó- Yo tampoco creo que la gente esté pidiendo a gritos un médico para aplacar a sus Centro de Atención a Pacienteshijos; pero si de veras quieres captar clientes para que tengas que tragar en la semana, sería mejor que te pusieras a trabajar.
– a ver a ver a ver -insistió Marichu-, ¿de veras crees que un Riptalin o un Riperdal es la mejor opción para un niño que es incapaz de comunicarle a los demás que eso lo pone peor? Lo más que vas a lograr es que comience a dar vueltas sin parar alrededor de una columna, o que comience a gritar sin ton ni son, aferrándose al primer juguete que tenga a su alcance.
– No es lo que yo crea o deje de creer Marichu, es lo que tú le hagas creer a tu cliente.
– ¡Orale Jelipe!, si que estas aleccionado eh?… Y si se tratara de tu hijo o de un hermano, ¿que te gustaría hacerle creer?
– Bueno, no, eso ya es otra cosa… ¿ pero es que tu tienes un hijo o un hermano autista?, o a qué viene todo esto? Ya hasta pareces una guerrera biomédica. Que se me hace que los de la APNA te enviaron como infiltrada. Que no.

Felipe era del norte del país y había ido a la capital para ganarse el sustento trabajando en lo suyo, las ventas. Sus padres habían trabajado siempre como comerciantes y a él no le quedaba duda de que si debía vender, tenía que hacerlo a toda costa. Desde su punto de vista, lo importante no era tanto cómo se hicieran las cosas, con tal de que se obtuvieran los resultados esperados.

Marichu por su parte, era hija de Tania, viuda de Loera, psicóloga especialista en terapia cognitiva y profesora de una escuela de nivel superior de la capital, y había sido educada con principios contrarios a los de Felipe.
A Marichu no le importaba tanto la meta, sino la manera en que se las tenía que arreglar para alcanzarla. Estaba convencida de que si el proceso se hacía bien, el resultado no podía ser malo. Como había conocido a Felipe siendo apenas una estudiante de prepa, sabía que eso que había insinuado sobre lo de ser una infiltrada, era solo para salirse por la tangente. Así que prosiguió con su “cuestionamiento socrático” para ver si lograba convencerlo de que lo que estaban haciendo para ese “Hospitalote”, no era del todo ético:

novela sobre medicina natural– Dime una cosa Jelipe, es verdad lo que me dijo “Lenticia” sobre aquello de que, estando trabajando en ProMental como visitador médico, le regalaste un VTP al Doctor Perón para convencerlo de que comenzara a recetar la porquería esa del Raptolín?
– Es Riptalin Marichu, -y tratando de que los que estaban a su alrededor lo escucharan lo suficiente como para que sus cabezas rodeadas de audifonos de diadema voltearan hacia su interlocutora, deletreó el nombre del medicamento como si estuviera hablando con un infante con poco vocabulario- : erre-i-pe-te-a-ele-i-ene, y se pronuncia Riptalín
– Bueno… total, da igual. – y sin quitar el dedo del renglón, enfatizó-: ¿lo hiciste, si o no?
– Pues si, ¿Y?

– ¿Alguna vez te has preguntado si los medicamentos que estamos vendiendo no se hicieron más bien para que esos niños no representen una gran carga para sus papás?.
Felipe comenzaba a sentirse incómodo por el tipo de preguntas que estaba haciendo aquella que decía ser su amiga, y a quien había recomendado para unirse al equipo de trabajo del CAP del “Hospitalote”.
– ¿Qué me estas tratando de decir Marichu?. -Y ya un tanto molesto-, la enfrentó: ¿que quieres, que el CAP te pague para que vendas vitamina B6 y magnesio, cuando ya sabemos que eso no es negocio para ProMental?. Y al cerrar su oración con el nombre del laboratorio farmacéutico en donde había trabajado años atrás, su voz comenzó a adquirir un tono que acusaba contrariedad, y todo parecía estar sucediendo como cuando dos cónyuges se preparan para entrar en disputa. Marichu, contrariada también por lo que recién le había entrado por un oído y le había salido por el otro sin haber sido procesado, contraatacó:

Fármacos: negocio redondo– Como yo lo veo, los laboratorios no difieren mucho de cualquier otro negocio que busca que su producto venda más bien un intangible que un beneficio. Lo que estoy tratando de que entiendas es de que estamos siendo cómplices de una industria que está lucrando con productos que en realidad no están curando a nadie. En cierta forma, están drogando a esos niños, dejándolos casi hipnotizados, para que no hablen, no griten, no se muevan…en fin, para que sus papás puedan seguir haciendo su vida normal, sin que los medicados niños interfieran con sus quehaceres.
-Ay Marichu, si serás… ¿Crees tú, que si eso fuera cierto, los papás no se darían cuenta de que los están engañando?
-Algunos sí; pero todavía hay quienes siguen adorando a los médicos, como lo hacían hace 20 años. -Y mientras miraba a la pantalla flexible que en ese momento colgaba de su tripié, como buscando algo, Marichu prosiguió- Una vez, mi abuelita me dijo que la gente los veía como CuasiDioses. Les rendían tanta pleitesía, que en una ocasión fue testigo de cómo el efecto placebo actuó en una vecina suya, cuando poco antes de salir de la consulta, le dijo a su CuasiDios que ya su niña respiraba mejor, que ya su pechito ya no le silbaba, gracias a los medicamentos que él le había dado. ¡Puedes creer eso!
-Pues sí, los médicos saben bien cómo producir ese efecto en sus pacientes; ¿pero que tiene que ver tu abuelita y la niña de su vecina con nuestros clientes?.- Inquirió Felipe al borde de la desesperación.
-Pues mucho, porque eso mismo es lo que estamos haciendo aquí, al intentar convencer a los padres de que el Hospitalote sí cuenta con el último grito de la medicina moderna.
Personaje de la novela de MicroMédix

De pronto, Felipe se dió cuenta de que Fernando Rubio, su supervisor, se aproximaba hacia ellos porque parecía que se había dado cuenta de que él y Marichu no estaban contactando clientes, y mientras hacía como que trabajaba, le contestó a Marichu:
-Pues eso es lo que te estaba diciendo hace rato Marichu, de que no importa mucho lo que tú y yo creamos, sino lo que les hagamos creer a ellos. Llámale efecto placebo, mercadotecnia, plan con maña, o como quieras. Y aguas que ahí viene el inge. Seguro ya nos vió que estamos echándola.
– va que va…alcanzó a decir Marichu, apenas llegó su supervisor:
-Pues que está pasando aquí que desde hace rato oigo mucho ruido y pocas nueces, mi buen Felipe?
– perdón inge, es que Marichu me estaba comentando que no sabía que recomendarle a un cliente que tiene un hijo con esquizofrenia y le estaba diciendo que de entrada debía haberle vendido una consulta con el Dr. Cuarón.
– Y para eso tanto palique?-, preguntó Rubio
– Bueno, es que… sabe, ella es nueva aquí y todavía no conoce bien nuestras tácticas.,- dijo Felipe
– Y que tiene que ver el magnesio y la vitamina B6 con la esquizofrenia, ¿Que no sabe usted Misifú, que…; pero la interrumpió Marichu para corregirle, al tiempo que se incorporaba de su asiento:
– Permítame que me presente ingeniero, me llamo María de Jesús Loera. Perdóne usted, no era mi intención interrumpirle, este… que es lo que me iba a sugerir?
-Ah si, -contestó un poco sorprendido Rubio-, le iba a decir que lo que normalmente recetamos para la esquizofrenia es Olanpazina. Con eso salen adelante todos esos “superpeques”.
– Que esa medicina no se llamaba antes Olanzapina? – respondió escépticamente Marichu a su supervisor
-Ah sí, tiene usted razón, es la misma; pero…que no se enteró?. -y antes de que Marichu pudiera contestar nada, fármacos: efectos secundarioscontinuó- Pues sucedió, que una vez que los muchachos comenzaban a sentir los efectos secundarios de la fórmula, ya no se la querían tomar, y como los papás batallaban mucho con eso, la endulzamos para disfrazar su desagradable sabor y la hicimos polvo para que al disolverla en algún líquido, sus hijos no se dieran cuenta de que la seguían tomando. ¿Genial no?
Hubo una pausa embarazosa entre los tres, tanto por lo que Marichu y Felipe habían estado conversando minutos antes de esta disertación tan cruda, como por las implicaciones de su retórica. Marichu de hecho se había quedado estupefacta, sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. Años atrás, su madre y ella habían sacado del abismo de la esquizofrenia a su hermano Rogelio, quien después de haber estado hospitalizado en una ciudad de California, había suspendido abruptamente la ingesta de olanzapina, sin estar al tanto de que con ello, estaba contribuyendo a provocar una tempestad en su joven cerebro.

Su madre era una guerrera biomédica, graduada en la escuela de la vida, y ella, Marichu, pensaba -y era lo que solía decir cuando alguien le preguntaba sobre la carrera que estaba estudiando-: “yo estoy en parbulitos”.
– Marichu, -le habló Felipe a la que se había quedado cabizbaja
Primera llamada
– Marichu, insistió Felipe para que su supervisor no fuera a sentir que su comentario había herido susceptibilidades.
Segunda llamada
-Marichu- Y fué entonces cuando por fin Marichu volvió al aquí y al ahora.
– Perdón, es que me quedé impresionada con su comentario.
– ¿Ah sí, y se puede saber porqué? – dijo Rubio.
– Porque no podía entender porqué unos padres engañarían a sus hijos de esa manera.
– Es una “mentirita” blanca y es por su bien. No lo cree usted así Srita. Loera?
– Para serle franca no. Usted y yo sabemos bien que la olanzapina, o como se llame ahora esa droga, solo controla los síntomas; pero jamás los va a sacar de su alcantarilla. ¿Me explico?
– ¿ Y conoce usted algo que sí los saqué de ahí? -preguntó Rubio
– Sí. Los suplementos ortomoleculares. En la escuela donde da clases mi mamá hay practicantes que con niacina, vitamina C, proteína de suero de leche, ácido alfalipoico, ácidos grasos omega 3, Zinc y complejo B, han curado ya placebovarios enfermos de esquizofrenia.
– ¡Pero si el Dr. Perón siempre nos ha dicho que esas son puras pamplinas!. Que los que venden esas cosas son puros curanderos, que no saben nada de medicina y que si ha habido casos de éxito, habrán sido por puro efecto placebo.
Marichu vió una excelente oportunidad para practicar lo que su mamá le había enseñado sobre el cuestionamiento socrático, y la aprovechó:
– Ingeniero Rubio, usted es una persona preparada y después de haber estado trabajando en el negocio de la psiquiatría seguramente me podrá decir si una persona con esquizofrenia puede distinguir entre lo que es real y lo que sus demonios internos le dicen. ¿Usted cree que pueda saber la diferencia?
– Por supuesto que no, -contestó Rubio muy sosegado
– ¿Y cree usted que ese misma persona sepa la diferencia entre una olanzapina y una niacina?
– Si está escuchando voces, pasando por un ataque de angustia o algo por el estilo, por descontado que no sabe
– ¿Y usted sabe que cosa es eso del placebo?

personaje de la novela guerreros biomédicosAl ingeniero Rubio le divertían esos temas, así que ni tardo ni perezoso se apresuró a decir:
– Ah claro, el efecto placebo se da cuando una persona tiene la firme convicción de que una pastilla por ejemplo, la va a curar, aunque dicha pastilla no sea más que de azúcar.
Felipe ya se había puesto a trabajar porque para él, todo eso era estar sacrificando su cuota de venta y eso no se lo podía permitir. Marichu continuó con su planteamiento socrático:
– Quiero suponer que estará usted de acuerdo en que a esa persona no se le dice que esa pastilla es de azúcar, sino que se le ha hecho creer que es la octava maravilla del mundo.
– Desde luego que sí, si no fuera así, el efecto placebo no surtiría efecto, es decir, nadie se curaría si supiera de antemano que lo que está tomando es azúcar. De hecho, eso es lo que hace nuestro departamento de mercadotecnia y publicidad: difundir por todos los medios posibles y por todas las redes sociales habidas y por haber, que  la nueva droga que hemos sacado al mercado, es como una coca-cola en el desierto y que además, ya no ocasiona los efectos secundarios que sus antecesoras producían.
Marichu se dispuso a actuar muy al estilo del teniente Columbo, e inspirándose en el protagonista de esa antiquísima serie de televisión muy característica del siglo XX, arremetió con la mejor de todas sus preguntas:
– Pero si el paciente esquizoide no puede distinguir entre niacina y olanzapina, ¿cómo explicaría usted en este caso el efecto placebo?. ¿Podría este paciente aliviarse aún sin conocer la diferencia entre fantasía y realidad?. ¿Podría él reconocer que ya mejoró porque estuvo tomando niacina y no otra cosa?
– El supervisor no supo que decir de momento, porque Marichú lo tenía acorralado en un callejón sin salida. <¿será que los patos le están tirando a las escopetas o que los patos andan volando muy alto…?>, se preguntó Rubio, mientras volteaba a uno y otro lado del CAP, como para disimular lo embarazoso de la situación. Segundos después, aparentando estar de buen humor, se aproximó un poco más al oído de Marichú y tomándola del brazo, contestó:
– Mire, que le parece si regresamos a nuestros respectivos puestos de trabajo y nos ponemos las pilas, antes de que los pocos clientes que nos quedan se nos vayan con los guerreros vitaminosos.

Guerreros biomédicos: novelaMarichu se echó a reír por la forma en que lo dijo. Rubio, que no podía hacer nada más que atender al prospecto que había contactado vía PacientMeet, la red pública de Salud 5.0 más popular de todas las que habían surgido durante ese año de 2034, blandió su brazo para indicarle que quería verlo tan pronto se desocupara. Pensando que tal vez no hubiera entendido su mensaje, volteó nuevamente hacia donde estaba Marichu, tan solo para encontrarse con un escritorio vacío. Calculando que ella podría haber ido al sanitario, sacó una pluma electrónica y un trozo de lienzo digital de su impecable saco azul y escribió en el lienzo: “necesito que hablemos sobre la pequeña guerrera”. Se aproximó a Felipe, puso el mensaje entre los brazos de éste y se retiró sin más.

Al poco rato, reapareció Marichú un poco más arreglada de como había estado durante su encuentro con el ingeniero Rubio, se sentó en su escritorio y encontró un mensaje escrito en el mismo pedazo de lienzo digital que había usado el supervisor, en el que pudo leer: “¿Ya ves?, Rubio me está diciendo que quiere hablar conmigo, y me imagino que ha de ser porque le dijiste algo que no le gustó. Conéctate a Amalgama-T para que me digas que diantres le dijiste… Felipe”.

Amalgama-T era una red social privada que el Departamento de Sistemas Avanzados del “Hospitalote” había generado con un software del tipo Open Source (sistema abierto para desarrollo), con el que se podía hacer precisamente eso: configurar una red social en unas cuantas horas, para que grupos cerrados de empleados de una compañía o institución, pudieran conectarse entre sí, sin que sus asuntos pudieran ser conocidos por los demás grupos dentro de esa misma organización. Para ese año, el correo electrónico, el fax, las impresoras de copias duras y los documentos escritos en papel, se habían vuelto obsoletos. Todas las comunicaciones se llevaban a cabo electrónicamente, vía redes colaborativas y mensajes escritos con plumas electrónicas sobre lienzos digitales. De hecho, existían multas para quienes usando impresoras antiguas, se atrevieran a imprimir en algún papel que hubieran tenido la suerte de personaje de guerreros biomédicosconseguir subrepticiamente. Como Felipe temía que Rubio los sorprendiera platicando nuevamente, y puesto que él era de las personas que no podía continuar trabajando con altas dosis de incertidumbre, quería enterarse sobre lo que podía haberle dicho a Rubio, aquella pequeña guerrera recién salida del cascarón.
Marichu acercó sus delicadas manos de pianista sobre el teclado que yacía extendido en su escritorio, y sin más preámbulos se conectó a Amalgama-T para buscar a Felipe, que se encontraba a escasos tres metros de distancia. Había entendido que ya no podían seguir platicando como lo habían estado haciendo minutos antes y de manera muy discreta y sigilosa, se metió a Amalgama-T, hizo clic en “conectar con…”, buscó en el directorio de contactos y cuando encontró Barbosa González Felipe, se detuvo y pulsó con su ratón para ingresar su primer mensaje:

– ¿Que pasó, ya estás?
– Simón. Que pasó contigo escuincla. Porqué me andas metiendo en broncas? – le contestó Felipe, que ya se había conectado desde hacía diez minutos
– ¿Cuáles broncas?, no seas paranoico. No pasó nada
– Ya no supe en que paró el asunto del magnesio y la B6 porque estaba tratando de cerrar la venta de una intervención para el Dr. Perón.- tecleó Felipe
descargar– Una intervención?.  ¿Para quién?…No entiendo
– Para tu información, los doctores operan a la gente y cobran como lumbre por cada intervención quirúrgica que se revientan. ¿Y adivina quién se lleva comisión por cada operación…?- volvió a teclear Felipe
– Pues el agente. O sea, tú
– Si quisieras, tu también podrías ganarte una lana vendiendo cirugías, si fueras más realista y menos conflictiva
– ¿Y porqué habría de venderle a unos pobres padres una operación si su hijo no la necesita?
– Otra vez la burra el trigo caray. Contigo no se puede – continuó Felipe, porque consideró que ya era hora de que alguien le dijera a esa muchachita que no era ni el momento ni el lugar adecuados para promover el uso de suplementos biomédicos.

En otro tiempo, Felipe ya se había dedicado a vender vitaminas, minerales, nootrópicos naturales y otras sustancias ortomoleculares, y aunque ya sabía que eran más efectivos que los fármacos y las cirugías, no podía continuar vendiéndolas porque no redituaban lo suficiente. A él, al igual que a sus padres, le gustaba darse ciertos lujos y sabía que no podía permitírselos si se dedicaba de lleno a promover productos biomédicos. Si bien había muchos guerreros biomédicos por ahí, la tasa de morbilidad por autismo y otros trastornos mentales que ocasionaban la industria farmacéutica y alimentaria, incluyendo la de las cadenas de restaurantes de comida extra-rápida, era tan alta que había bastante mercado que explotar para apañárselas. Tan solo la tasa de morbilidad por autismo en ese año había alcanzado la alarmante cifra de un niño autista por cada 20 nacimientos, de manera que cada niño que nacía, tenía una probabilidad de desarrollar ese trastorno entre los 12 y los 18 meses de nacido, de aproximadamente 5.5%. Las parejas ya no solían casarse protocolariamente como lo hacían todavía en las primeras décadas del siglo, y si llegaban a tener hijos, por la razón que fuera, se sabía que de cada 20 nacimientos que se registraran, uno de ellos iba a desarrollar autismo tarde o temprano, típicamente a los 15 meses, que coincidía con la edad a la que el sistema
de salud vigente obligaba a los  padres a vacunar a sus hijos.

CRACKEl presidente “electo” y ex-ídolo de la selección nacional de fútbol, había tomado las riendas de la nación y se había reelegido en cuatro ocasiones, pues el pueblo había dejado de votar al verse sometido por el poder que 20 años atrás, ese mismo “jugadorazo” había ejercido sobre la “hinchada”. Su predominio y riqueza material estaba en relación inversa con su riqueza cultural y espiritual, a juzgar por el número de libros que había leído a lo largo de su vida. Quizás a eso se debiera el que nunca tuviera ni la más remota idea de qué debía hacerse en materia de salud, ni en ninguna otra área. Puesto que los intereses creados por su partido debían ser afines a los que perseguían tanto la industria farmacéutica como las escuelas de medicina del país, todas las propuestas relacionadas con la salud que provenían de esas dos organizaciones eran invariablemente aprobadas por las dos cámaras legisladoras de su gobierno, de manera que los padres que tenían la mala fortuna de procrear un hijo con un sistema inmune deprimido, y que por lo tanto era propenso a desarrollar trastornos como el autismo, tenían que unirse y formar grupos para luchar contra todas las arbitrariedades y aberraciones del gobierno al que estaban sometidos.

A esos grupos de padres que se organizaban para curar de autismo y de otros trastornos nerviosos a sus propios hijos, todo el mundo los empezó a llamar “guerreros biomédicos”, una evolución natural de lo que a principios del siglo XXI se llegó a conocer como e-pacientes. Algunos intelectuales e historiadores contemporáneos al  CRACK , que era como todo el pueblo llamaba a este antiguo as del fútbol, escribían en los wikiperiódicos de la web 5.0, que comprendían hasta cierto punto el hecho de que sus padres y abuelos hubieran sido gobernados por antiguas estrellas de cine y televisión; pero que ahora les parecía absurdo que un ex-futbolista estuviera gobernando su país. En varios de sus artículos, hacían alusión a los comentarios que alguna vez hicieron en el año 2012, algunos conductores de la cadena de televisión más influyente del país, a propósito de que el acto de leer era completamente irrelevante a la hora de gobernar. Al RojoBlanco, uno de los escritores más sarcásticos y prolíficos de la década de los dos mil veinte, llegó a escribir que era como si la conductora en turno hubiera estado inyectando conjuros en su micrófono (bola) de cristal.

la novela continúaFelipe se dio cuenta de que Marichu estaba divagando, o al menos así lo consideró él, y trató de regresar al meollo del asunto que lo mantenía en suspenso; así que, aunque ya Marichu había enviado otros tantos caracteres cargados de quien sabe qué, seguido de un momento de reflexión, tecleó:
– A ver, vamos al grano, ¿ Qué le dijiste a Rubio para que ahora quiera hablar conmigo con tanto misterio?
– Que era un tarado al que le quedaba grande el puesto que tenía- tecleó Marichu como si fuera una máquina
– ¡ QUE QUE !. NO LA
– SI LA… JajajajajajajajajaJAJAJAJA -escribió Marichu riéndose
– Que burra eres, dime de una vez
– Está bien, ya, no te esponjes. Yo no hice nada. El nada más no supo que contestar cuando le demostré con un par de preguntas que le hice, que el Dr. Perón se equivoca al decir que, si los enfermos de esquizofrenia se alivian con niacina, vitamina C y otros suplementos, es gracias al efecto placebo y no a las sustancias ortomoleculares.
– Y cómo lo tomó.
– Pues comenzó a voltear para todos lados como para saber si los demás se habían dado cuenta que le estaba dando jaque mate.
– ¿Y sí se dieron cuenta los demás de que te estabas pasando de tueste?
– Ay pues no sé.
La novela continúa– Mugre Marichu, ya la regaste escuincla, este cuate seguro va ir a quejarse de ti con Perón . -y después de una pausa que a Marichu le pareció eterna- prosiguió: ¿Sabes qué?, que creo que ya te hiciste de un enemigo para toda la vida y se llama Rubio. Se me hace que de una vez voy a hablar con él antes de que la cosa se ponga más fea. – Marichu se apresuró a preguntar con su brillante teclado amarillo
– ¿Crees que me despida Perón si se entera?
– No sé. Bueno ya me voy. Tengo que hablar con Rubio antes de que vaya con el chisme.
– Ok, Bye -tecleó Marichu preocupada, y después de unos cuantos segundos de haber concedido a su mirada un viaje hacia la nada, se propuso captar al menos tres clientes en lo que quedaba de la tarde, para que en caso de que tuviera que rendir cuentas al Dr. Perón, pudiera tener algo con qué amortiguar su descontento.

La tarde comenzó a deslizarse sin mayores percances ni novedades, y Marichu no cejaba en su afán. Ya había podido concertar dos citas con el Dr. Cuarón, el especialista en esquizofrenia; pero quería seguir intentando para no dar lugar a una sola queja. De pronto, notó que en su pantalla plegable había aparecido una nueva entrada que decía: “Me urge un(a) guerrero(a) biomédico(a) que me ayude con mi hija. Hace dos días que no habla y golpea su carita contra el suelo, gritando con desesperación. Ya no se que hacer, estoy desquiciada”. Marichu deslizó sus grandes ojos de obsidiana ligeramente hacia la izquierda de su pantalla, buscando los datos de contacto de esa angustiada madre y pulsó el vínculo que subrayaba el sobrenombre MariRod. Los detalles del anuncio se desplegaron en una nueva ventana en donde pudo leer:

Autismo

Marichu volteó a su alrededor para cerciorarse de que nadie la estuviera vigilando, tomó su tableta y marcó el ID de la tableta que en ese momento estaba desplegándose ante ella. Los demás agentes que anteriormente habían estado compartiendo con ella el espacio del CAP, se habían retirado. Solo había un afanador que se esmeraba en dejar el lugar como si éste fuera una sala de operaciones. Sus ojos negros y más que abiertos, iban y venían de un lado a otro, desde su tableta hacia la pantalla a la que estaba conectada, hasta que terminó de marcar los 17 números. Esperando a que la que contestara fuera MariRod, suspiró profundamente, mientras sentía que su corazón le palpitaba inusitadamente.

autismo: guerreros biomédicos-Bueno?- se oyó la voz de María Luisa Rodríguez en el auricular de Marichu, al unísono con unos gritos que la pequeña guerrera supuso, eran los de una víctima más de la pandemia del 34, que era el nombre que los guerreros biomédicos le habían dado al autismo.
– Si, buenas tardes señora, mire, habla Maria de Jesús Loera, vi su anuncio en la Internet y me gustaría ayudarla.
– Discúlpeme un momento por favor,- dijo la que había usado el sobrenombre de MariRod en PacientMeet para colocar su anuncio. Marichu esperó a que la joven mamá que estaba al otro lado de la línea, le pidiera a alguien que le ayudara con la pequeña niña que sostenía en sus brazos.
– ¿A ver, ahora sí, dígame señorita, que se le ofrecía?- alcanzó a decir ya más calmada
– Si señora, perdón, ¿es usted la mamá que está buscando una guerrera biomédica para que vea a su niña?
– Ah sí sí… aquí es, yo soy. Ay señorita, verá usted, estoy muy angustiada, porque mi hija Caro está teniendo unos ataques horribles a cada rato, y no sé que le está pasando porque ya no me mira como antes. Se la pasa caminando de un lado a otro del patio, repitiendo continuamente palabras que ni entiendo, que más bien son sonidos guturales que nunca antes le había escuchado. Ya casi no habla…y pues…- MariRod no pudo continuar con su explicación. Su voz comenzó a quebrarse y de pronto las palabras dejaron de fluir cuando se dio cuenta que el tiempo se había detenido. novelaSintió cómo su cuerpo se congelaba mientras sus frágiles y muy delgados dedos rodeaban la tableta que le estaba permitiendo desahogar la angustia que venía arrastrando desde hacía casi una semana. Cuando definitivamente ya no pudo más, emitió un gemido que Marichu pudo identificar claramente como un llanto ahogado, retenido, que MariRod pensó delataba una madre pusilánime. La perturbación la hizo estallar al recordar cómo no hacía mucho, su pequeña Caro le sostenía la mirada y jugaba con su pelo largo casi hasta la cintura. Pensó que una madre guerrera no debía flaquear así ante ninguna adversidad, y mucho menos estando de por medio la salud de su hija. Extrañaba su carita alegre de mirada diáfana y traviesa.
Marichu, también un poco consternada y tratando de serenarla, murmuró:
– Ay señora, antes que nada quiero que sepa que no está sola. Yo estoy con usted – y dándole tiempo a que se repusiera, esperó pacientemente para que MariRod supiera que ya había alguien escuchando su problema.
MariRod aclaró su garganta y una vez habiendo enjugado sus lágrimas, prosiguió:
– ¿Perdón, qué dijo usted, que no estoy sola?
– Hasta el momento, eso es lo único de lo que estoy segura. Mire, en seguida le voy a indicar cómo puede descargar una receta en la que encontrará toda la información de los suplementos biomédicos con los que su hija se sentirá mejor. Como usted no me conoce, me imagino que ha de estar pensando que necesita más referencias para estar segura de que a su su niña no le va a pasar nada. Así que si gusta, le puedo decir cómo ingresar a la página de la APNA, para que pueda descargar la receta que le acabo de mencionar. Ahí usted verá otros casos como el suyo y podrá comprobar la seriedad con la que esos padres están investigando cómo curar a sus propios hijos. Ellos van a estar encantados de ayudarla porque quieren que una vez que usted termine de curar a su niña, forme parte de la asociación. ¿Le parece bien que hagamos eso?.
– ¿Y eso cuánto cuesta señorita… como me dijo que se llamaba?
– Me llamo Maria de Jesús pero todos me dicen Marichu. Le voy a dar los datos de contacto de mi mamá para que sea ella la que la atienda personalmente. Ella da consultas en la APNA, todos los días y el Id de su tableta es el… -¿tiene con que apuntar?- dijo Marichu, e hizo una pausa para dar tiempo a que MariRod buscara un lienzo digital en donde apuntar…
-Ah, si. Permítame -dijo MariRod, y después de menos de un minuto, continuó:
– Ya… a ver, cuál es?
– Bien, es el 01777-263-1938
Descargar receta– Ahora por favor, – siguió Marichu en un tono que transmitía seguridad- en su tableta, teclee por favor micromedix.me… y cuando entre a esta página, haga clic en “Descargar Recetas“… -esperó un poco y luego preguntó:
– ¿Ya la encontró?
– Sí sí, ya estoy en Descargar Recetas. ¿Y ahora qué hago? -inquirió MariRod
– Si explora más abajo va a encontrar una lista de padecimientos en orden alfabético. Cuando pulse en el botón de descarga, al final del renglón correspondiente a la leyenda que dice: Autismo, dos puntos, guerreros biomédicos bla-bla-bla, la página a la que usted va a ingresar le va a dar instrucciones precisas para realizar la descarga. No olvide concertar su cita, porque además de los suplementos que usted va a darle a Caro, ella necesitará dejar de consumir ciertos alimentos, como por ejemplo, los lácteos, el azúcar y todo lo que contenga gluten. Además, mi mamá va a hacerle varias preguntas con las cuales va a determinar si existe alguna otra intolerancia o posibilidad de que Caro esté intoxicada con mercurio o algún otro metal pesado. Si fuera necesario hacer algún estudio para detectar cualquiera de esas dos condiciones, ella le indicaría el tipo de análisis y el lugar a dónde tendría que llevar a Caro para que se lo hicieran.

Novela: personajesUna hora después de que Marichú había abandonado las instalaciones del CAP, Fernando Rubio, Felipe y el Dr. Perón, ya se habían reunido en las oficinas de la Dirección General del “Hospitalote”,  para discutir lo que debían hacer con ella. Rubio ya se le había adelantado a Felipe y le había dicho a Perón que sospechaba que la recién llegada podía estar infiltrándose para robarle clientes al “Hospitalote”, o usando los recursos del CAP para otros fines. Felipe se paseaba de un lado a otro de la oficina del Dr. Perón, juntando sus manos al tiempo que pisaba la flamante alfombra que cubría la mayor parte del piso de mármol. Por fin se sentó y se dirigió más en ese momento al Dr. Perón para extrernar su opinión sobre Marichu:

– No ER Doctor, a Marichu la conozco desde hace mucho y estoy completamente seguro que ella no haría algo así.
– ¿Y entonces porqué le está recomendando a esa madre desconsolada que mejor vaya con los guerreros de la APNA? -dijo Rubio en un tono irónico mientras jugaba con una liga que tenía entre los dedos de la mano.
– ¿Cuál madre desconsolada?, preguntó Felipe, inquieto.
– Mi querido Felipe, ¿que no sabes que en el CAP grabamos todas las conversaciones de nuestros agentes?
Felipe: personaje– ¿Esta usted diciendo que Marichu le dijo a uno de nuestros clientes que fuera mejor con los de la APNA?
– Bueno, no exactamente-contestó Rubio-; pero si se quedó tarde es casi seguro que estaba esperando una oportunidad para quedarse con al menos un cliente.
– ¿Y qué en toda la tarde no captó más clientes?
– Solo dos.
Llegados a ese punto, el mismo Felipe ya comenzaba también a dudar de Marichu. Sin embargo, todavía se animó a decir:
– Bueno, para ser novata no está mal. Dos es un buen número para una tarde en la que los demás agentes logramos captar cinco, en promedio.

Mientras Felipe y Rubio conversaban, Perón había estado sentado en su lujosa silla de ejecutivo, girándola lentamente con los pies y llegando en cada intento casi a los 90 grados, para después hacer la misma operación; pero en sentido contrario. ER doctor, como le decía Felipe, era un hombre corpulento, de baja estatura, calvo, de facciones toscas y apiñonadas, que a primera vista aparentaba ecuanimidad. Cuando se trataba de establecer contactos, les hacía creer que tenía buen carácter, pues solía hacer bromas para romper el hielo o limar asperezas cuando las cosas no salían como él esperaba. Para él, los Doctor Perónpacientes primero eran clientes, antes que seres humanos, y cuando alguno de ellos intentaba sugerir algo que pudiera no estar muy de acuerdo con su tratamiento, o externar alguna inconformidad respecto a los medicamentos que prescribía, sus comentarios podían ser desde displicentes, hasta ofensivos e hirientes. En la época en la que Felipe trabajaba como visitador médico para los laboratorios ProMental, le contó a Marichu que una vez, mientras esperaba a Perón para hablarle de un medicamento que prometía ser la mejor solución para el autismo, alcanzó a escuchar que los padres de un niño autista querían restringir la dieta de su hijo,  porque los lácteos, el gluten y el azúcar, lo ponían peor. Aunque al principio alcanzaron a decir todo eso, no los dejó terminar, pues cuando comenzaron a hablarle de enzimas, levaduras y  cándidas intestinales, el ER Doctor los paró en seco, diciéndoles que ellos no tenían idea de lo que significaban esos términos, ya que si por ejemplo, un niño llegaba a tener una de esas cándidas, tendría que ser internado en una unidad de cuidados intensivos, sin tener la más mínima oportunidad de volver a casa. Al evaluar sus opciones, los padres prefirieron pagar sus honorarios y retirarse pacíficamente sin decir ni una palabra más. Varios de sus subalternos no lo bajaban de prepotente, soez y corrupto. El CRACK no le tenía en buena estima, porque ya en varias ocasiones había tenido que hacer ciertas concesiones en beneficio de Perón, que al presidente no le redituaban nada. Así estaban las cosas durante la pandemia del 34.

Perón por fin se levantó de su silla giratoria y exclamó:
– Felipillo, quiero que le digas a esa superpeque que quiero hablar con ella.
– Ok Doc, cuándo quiere usted que venga… Yo le digo
Rubio intervino, como queriendo mediar la situación, aunque lo que en realidad estaba buscando era una dulce venganza.
– Doctor, para que se complica usted , yo puedo manejar la situación, no creo necesario que usted pierda su tiempo en nimiedades. La chavita es muy lista y con un poco de entrenamiento puede ser muy productiva. Déjemelo a mi

Rubio maquinandoRubio se quedó maquinando su plan de ataque. De cómo le haría ver su suerte a esa guerrera que le había hecho pasar un mal rato y lo había puesto en ridículo enfrente de todo su personal. Todavía no asimilaba cómo era que esa damita lo hubiera podido atrapar de esa manera. Se sentía impotente ante una cosa tan insignificante y eso era precisamente lo que le molestaba. Necesitaba desmostrarle a los demás y así mismo, que alguien con tan poca experiencia no podía ser mejor que él, aún cuando se tratara de vitaminas y minerales. Tenía que haber algo que él pudiera hacer para “bajarle los humos”, antes de que Perón la despidiera, porque de otra manera, él podría convertirse en el hazme reír del CAP.

A pesar de la sugerencia de Rubio, poco antes de cerrar la puerta de su despacho por fuera, Perón gritó:
– ¡ RUBIO. Dígale a esa guerrera que quiero que esté aquí mañana a las 9 en punto. Y PUNTO!

© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 6 de abril de 2015

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Recuerde que usted puede influir en el desenlace de esta historia, colaborando para determinar, por ejemplo, lo que Rubio está tramando hacerle a Marichu, lo que le dirá Perón al día siguiente, etc. A la mejor usted no quiere que ella pierda su empleo, o bien prefiera que Marichu se una al movimiento de los guerreros biomédicos… en fin, déjenos por favor su comentario para que nos diga cómo le gustaría que se dieran las cosas y qué padecimiento o trastorno quisiera se tratase en el próximo capítulo, para que nosotros desarrollemos la historia de acuerdo con sus deseos. Premiaremos con una consulta (sin ningún costo), a aquél coautor que, a juicio de los demás participantes, sea el que haya aportado los mejores comentarios tanto para el desarrollo de la trama (segundo lugar), como para un emocionante desenlace (primer lugar).