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Medicina Alternativa Personalizada. Consultorio


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Junito se fue de su casa escuchando voces y con una mochila llena de incertidumbre

El 1 de febrero de 2019, uno de nuestros pacientes abandonó su hogar de manera voluntaria, probablemente durante la madrugada de ese día tan desafortunado para la familia de este joven de 21 años, vistiendo una playera exactamente igual a la que se muestra en la imagen adjunta (pulse sobre la misma para agrandarla).
Hasta donde sabemos, la casa que habitaba en compañía de su mamá, está enclavada en el suroeste de Houston, Texas, en el condado de Harris. Se cree que ese día vestía pantalones jeans azules y unos tenis de color verde con gris, y que en el interior de la mochila morada con la que partió, llevaba un par de tenis rojos. Hasta el día de hoy no se sabe nada sobre su paradero. Su verdadero nombre es Temistocles Andrés Diaz Alvarado, y de acuerdo con lo que su hermana Bella nos hizo saber, no llevaba dinero ni documentos que pudiesen ayudar a identificarlo, en caso de sufrir un accidente. Lo que llevaba puesto y esa mochila, fue todo lo que tomó para emprender un viaje que nadie sabe a dónde lo conducirá.

Lo que puede usted hacer para ayudar a Junito y su familia

Bella, quien estuvo cuidándolo durante un tiempo antes de que decidiera abandonar su casa, me comentó durante una conversación telefónica, que él había estado mejorando con el tratamiento que hacía unos meses le habíamos recomendado y que constaba, entre otros nutrientes, de zinc, niacina, ácido ascórbico, vitamina D3, cromo, omega 3, L-taurina, L-metionina, glicina e inositol. Evidentemente, las expectativas que teníamos para que su caso se convirtiera en uno de éxito ahora son menores, pues tratándose de un trastorno de la personalidad, a los tratamientos ortomoleculares les toma cuando menos cinco meses producir el efecto deseado.

Pero usted podría hacer que las cosas fueran diferentes para la familia Díaz, difundiendo este mensaje a todos sus contactos, tanto a través de su comentario en este mismo blog, como en las redes sociales a las que pertenece y los grupos a los que está conectado vía WhatsApp. Creo que esta familia le agradecerá infinitamente un gesto tan noble como ese.
Lo que a nosotros nos corresponde como miembros de una comunidad que lucha por restablecer la salud de personas como Junito, es difundir este suceso para que nuestros lectores compartan este mensaje a todos sus contactos, tal y como usted lo hará, en especial si se ha visto en una situación similar.

Hay espejos en donde no quisiéramos mirarnos nunca, porque nos hacen recordar un pasado cargado de incertidumbre, de pesadumbre. Un pasado lleno de vicisitudes que no desearíamos volver a sufrir; pero que viéndolo en retrospectiva, nos toca el corazón como para reunir la empatía que a esta familia le urge recibir de usted en esta situación tan delicada para ellos. Y es que no están pidiendo donaciones ni ningún otro apoyo de índole material, porque lo único que les interesa es encontrar a su ser querido, y cualquier comentario pertinente que deseara usted agregar al final de esta entrega, creemos que podría ayudar a esta familia a conseguir su objetivo.

Lo que no ha dependido de ti como padre de familia, no te debe angustiar

Epicteto nos enseñó que en la vida hay cosas que dependen de nosotros y otras que no: “de nosotros dependen el juicio, el impulso, el deseo, el rechazo y, en una palabra, cuanto es asunto nuestro. Y no dependen de nosotros el cuerpo, la hacienda, la reputación, los cargos y, en una palabra, cuanto no es asunto nuestro.” [1].
El problema que tenemos muchos padres es creer que es nuestra obligación tener el control de todo, incluyendo aquellas cosas que no dependen de uno. Muchos padres suponen también que están obligados a tener la respuesta apropiada en todo momento. La verdad es que más del cincuenta por ciento de las veces, uno no tiene el control de la situación ni las respuestas que desearía tener. Y si como yo, usted ha lidiado alguna vez con la esquizofrenia de un ser querido, creo que estará de acuerdo en que son muy pocas cosas las que uno controla.
Uno puede estar muy atento a los horarios y las dosis en las que nuestro hijo (hija) debe tomar sus suplementos, así como la frecuencia a la que deben ser administrados todos los nutrientes.
Asimismo, es muy posible que como padre solidario, empático y comprensivo que es usted, se abstenga de consumir enfrente de su hijo, lácteos y alimentos repletos de azúcar y gluten. Sobra decir que por ningún motivo usted fomentaría en su hijo la ingesta de alcohol y de productos chatarra, como tampoco permitiría que el o ella fumara marihuana, por muy legal que ésta sea en algunos países. La marihuana, al igual que muchos opiáceos, son los principales desencadenadores de esquizofrenia. Más del 70% de nuestros pacientes con esquizofrenia, que desde luego no es el caso de Junito, han consumido más de una vez algún alucinógeno, y las alucinaciones que llegan a experimentar después de algunos años de haberse abstenido, son ni más ni menos que las secuelas de su antigua adicción.

Asimismo, asumo que si es usted padre o madre de un hijo con algún trastorno de personalidad, procurará guardar las llaves de su casa en un lugar seguro y fuera del alcance de ese(a) muchacho(a) que en ese momento se  está comportando como un niño(a).
Pero si su hijo(a) no le habla como para transmitirle cuáles podrían ser sus intenciones en las próximas horas, semanas o meses, usted no puede saber en qué momento lo(la) va a abandonar. Y el hecho de que ella o él decida hacer algo así, es algo que no depende de usted. Ahora, si en un arranque de ira o de hastío, su hijo(a) le hace saber que está harto(a) de vivir y que estaría mejor sin usted, haría mal en subestimar ese comentario y no ir a la cocina a esconder todos los objetos punzocortantes que pudiera encontrar, así como en no cerrar su casa durante la noche y no poner las llaves de la misma “fuera del alcance de los niños”.

En el caso de Junito por ejemplo, él se aislaba la mayor parte del tiempo, sin hablar ni exteriorizar absolutamente nada. Sobra decir que una persona así es totalmente impredecible. Y si encima de todo este pesar, alguien se atreviera a culpar a la madre de este muchacho por haberle procurado cuidados, sustento, un techo y un tratamiento complementario compuesto de vitaminas, minerales y demás suplementos destinados a proteger a este joven de los medicamentos prescritos por un psiquiatra con licencia para matar, sería por insensatez y por el desconocimiento de todo lo que hay detrás de una psiquiatría de precisión y una terapia inteligente.

Si la psiquiatría no puede curar a un paciente, la culpa será del paciente

En “Plenitud”, el célebre poeta y prosista mexicano Amado Nervo escribió: “De María Antonieta decíase que en todo era graciosa, pero que no bailaba a compás… Dicen que no baila a compás; pero, en este caso, la culpa será del compás“. Y lo que todo mundo pensaba de María Antonieta no difiere mucho de lo que la gente cree a cerca de la psiquiatría tradicional, pues a pesar de que ésta no ha podido curar a un solo paciente con psicotrópicos (los fármacos que acostumbran recetar los psiquiatras), la gente sigue acudiendo a las consultas y consumiendo las drogas que de acuerdo con esos mismos médicos, solo pueden controlar sus síntomas. En un contexto como éste, una “autoridad” médica es a María Antonieta, como cada paciente es al compás.

Probablemente le haya tocado conocer a un “experto” en mecánica automotriz que al no poder arreglar su auto, le haya salido con aquello de que “ya no existen refacciones para este modelo“, o que éste “ya está descontinuado“. Cuando alguien que se autodenomina un experto en determinada materia no puede resolver un problema, tiende a culpar a las otras partes implicadas en el mismo. Pero como ya sería el colmo que un médico culpara a un paciente por no curarse con lo que le ha prescrito, justifica su ineptitud diciéndole que no hay cura para su enfermedad, y que lo único que puede hacer por él/ella, es controlar sus síntomas. En mi opinión, esta aseveración es igual de absurda que culpar al compás, en lugar de a María Antonieta. Y si la psiquiatría no promete curar a alguien, y ese alguien sigue recurriendo a la psiquiatría para controlar sus síntomas, entonces los culpables de este estado de las cosas son él y todos los pacientes que no quieren hacer las cosas de otra manera.

El psiquiatra seguirá cobrando por hacer prácticamente lo mismo una y otra vez, y estará feliz de seguir engañando a sus pacientes. Y aunque parezca increíble, es así como funciona el sistema tradicional de salud mental. Ya lo dijo Einstein: “Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo“.
Lo peor de todo es que algunos pacientes, al igual que algunos padres (no digo que todos), están tan acostumbrados a los fármacos que creen que la medicina ortomolecular funciona igual que la alopática, en el sentido de que esperan que a los pocos días de haber iniciado el tratamiento, los síntomas comiencen a ceder.

Las opciones para dejar de hacer siempre lo mismo

Por supuesto que hay nutrientes como el inositol, el GABA y la glicina que pueden ayudan a controlar la ansiedad, por ejemplo; pero habrá otros síntomas que requerirán de más tiempo para desaparecer. Todo está en armarse de paciencia y conceder a la psiquiatría alternativa, al menos el mismo tiempo que se le concedió a la psiquiatría basada en fármacos. Conviene saber que la psiquiatría alternativa de precisión es un tipo de medicina basada en evidencias, que consiste de un programa de inteligencia artificial y un archivo de casos de éxito (herramientas de software), en donde los casos similares a los de nuestros pacientes, son utilizados como referencia para confeccionar y personalizar las recetas de cada uno de ellos. A los padres de hijos que han sido afectados por algún trastorno psicogénico, nos vendría bien no parar de leer y de informarnos mejor acerca de las nuevas alternativas que en plena era del conocimiento han sido ignoradas por ese sistema tradicional de salud mental.

Este sistema es el verdadero culpable de muchas enfermedades iatrogénicas de origen psicótico, producto de los mal llamados efectos secundarios. Ese mismo sistema se empeña en desinformar a los padres de esos muchachos, que no teniendo algo mejor a qué aferrarse, no logran vislumbrar la falsedad escondida debajo de esas pulquérrimas batas blancas.
Y como lo más probable es que usted no sea una persona con tan corta visión como para ignorar el beneficio que una psiquiatría alternativa estaba produciendo en Junito (si lo fuera no me estaría leyendo), lo invito a que comparta este artículo en Facebook, Twitter, Linkedin y demás redes sociales, a fin de que sus contactos hagan llegar esta información a quienes estén en posibilidad de ayudar a un muchacho que no ha tenido la culpa de que ciertos nutrientes estén escaseando en su organismo.

“Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”… San Francisco de Asís
© Sergio López González. Fundación MicroMédix. 13 de marzo de 2019


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REFERENCIAS

[1] Enquiridión (manual). Epicteto. Anthropos Editorial. 2004


 

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